POLÍTICA
17/06/2018 17:13 CEST | Actualizado 17/06/2018 17:30 CEST

Los valencianos mayores recuerdan la emigración y el exilio de sus padres al ver a los migrantes del Aquarius

Recuerdan buques como el 'Stanbrook', en el que casi 3.000 españoles huyeron a Orán tras la guerra.

Heino Kalis / Reuters

Los ciudadanos valencianos han recibido a la flotilla del Aquarius con una mezcla de reacciones: mientras que unos, los más mayores, recordaban la emigración y el exilio de sus padres y sus abuelos, otros se enorgullecían de la solidaridad dada a los refugiados africanos: "Ya era hora de que Valencia fuese foco de atención por algo distinto de la corrupción". Mientras tanto, la mayoría seguía indiferente haciendo su vida cotidiana.

Aunque el puerto de Valencia estaba repleto de periodistas, voluntarios y personal sanitario; el resto de la ciudad hacía vida normal. Una macro clase de spinning al lado de la playa, restaurantes y bares abiertos y el paseo marítimo de la Malvarrosa a rebosar de turistas y personas paseando.

Entre todos los viandantes había varias personas mayores. Algunos tienen su pensamiento estos días en sus padres y abuelos, que tuvieron que exiliarse cuando acabó la guerra. "Y los que no se podían exiliar, se iban a la cárcel", cuenta uno de ellos.

Mientras el segundo buque, el Aquarius, atracaba en el puerto sobre las 11 de la mañana, dos señoras, María y Gema, que pasan los 70 años, hacían ejercicio en un parque de mayores junto a la playa. Las dos se alegran de la llegada de la flota: "Hay que ser solidarios". Recuerdan buques como el 'Stanbrook', en el que casi 3.000 españoles huyeron a Orán tras la guerra.

"Los españoles tuvieron que exiliarse y coger barcos así desde Alicante, por ejemplo. Cuando nosotros lo necesitamos, nos ayudaron. Debemos hacer lo mismo", dice María mientras hace fuerza con los brazos en uno de los aparatos. Han quedado en el parque esta mañana para dar un paseo, pero están contentas y ven "normal" la acogida del Aquarius.

CARLOTA E. RAMÍREZ
María, en el parque para mayores que frecuenta.

Un poco más adelante, en el paseo marítimo frente a la playa de la Malvarrosa, una pareja de jubilados camina tranquilamente. Son de Valencia y hoy han recorrido 15 km únicamente para dar una vuelta y "ver cómo estaba el ambiente" el día que llegaba el Aquarius. Para ellos, "esto es lo más maravilloso que le podía pasar a Valencia". Recuerdan "lo mal" que lo han pasado aquí y enumeran casos de corrupción valencianos, alegrándose de que su ciudad pase "del robo a la acogida".

"Mis padres y mis abuelos tuvieron que emigrar, y a los que no emigraban les metían en la cárcel", cuenta el hombre. "El gesto que hemos tenido con el Aquarius tiene que contagiarse al resto de Europa. Estos chicos tienen derechos como todo el mundo", asegura refiriéndose a los migrantes. "Nosotros hemos vendido armas a sus países y hemos explotado sus recursos, pero ahora se junta que sus propios países y gobiernos también les arruinan la vida", opina.

Su mujer piensa muy parecido: "Hay que educar y enseñar estas cosas a los niños, tenemos que enseñarles que a esta gente sólo les queda emigrar como pasó con nosotros hace 80 años". Opinan que las personas mayores a veces "olvidan" este tipo de cosas y se vuelven menos solidarios y "más racistas". "Tienen miedo de que no se les ayude, pero nosotros creemos que ahora es cuando se está haciendo lo que toca", explica ella.

"Quiero que Valencia se conozca por esto", dice la mujer, que confía en que el resto de Europa aprenda del nuevo gobierno español.

CARLOTA E. RAMÍREZ
Unos jubilados valencianos maravillados con la llegada del Aquarius.

Cerca del edificio de Veles e Vents, dos parejas de ancianos caminan en bañador hacia la playa. Llevan en la mano una cesta de picnic y las sillas, por lo que parece que van a pasar el día entero junto al mar. Al ser preguntados, todos coinciden en que les parece bien que se acoja a los migrantes del Aquarius: "No se puede abandonar a nadie a su suerte, y más después de lo que pasó en España y aquí al lado, en Alicante, hace 80 años". Una de las mujeres tiene claro que hay que abrirles las fronteras, pero a la vez "hay que hacer algo para que dejen de huir de sus países, donde los machacan".

Otro de los acompañantes también opina: "Claro que hay que acogerlos, no puedes dejar a alguien en el mar. Pero después tenemos que tener claro dónde irá cada uno y cuántos se quedarán aquí". Los cuatro piensan que es "una penuria" que pase esto en el siglo XXI.

Hace años, eran miles los españoles que viajaban en un buque para huir de los horrores de su país. Hoy, son los que están recibiendo al Aquarius.

Qué importante es la memoria.

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