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07/07/2018 13:31 CEST | Actualizado 07/07/2018 13:32 CEST

Un libro de Ana del Paso rescata la historia de las mujeres reporteras de España

'Reporteras españolas, testigos de guerra': 34 historias de mujeres "luchadoras" y "apasionadas" del periodismo.

Cubren guerras y sí, son mujeres. No es la suya la primera imagen que evoca el término "reportero", algo así como un aguerrido Madelman -también bastante tópico y poco acertado-, pero ahí están, y han estado siempre, peleando por contarle al mundo lo que le pasa al mundo, en los escenarios más duros: conflictos armados, golpes de estado, revoluciones, genocidios, desastres naturales...

Sin la Calaf, la Sarmiento o la Torres el periodismo español no se entiende y, aunque todos las conocemos, no siempre las reconocemos. Ahora, por primera vez, un libro recopila las historias de 34 mujeres, periodistas y españolas, que han sido testigos de la historia en primera línea, a un nivel de excelencia que nada envidia al de las demás profesionales anglosajonas o europeas. Quien ha hecho esta labor de justa memoria es la también periodista y profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid Ana del Paso, autora de Reporteras españolas, testigos de guerra (Debate), recién salido a la venta.

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EL HUFFPOST

"Yo vivía en Washington y allí estaba investigando lo que hacían las anglosajonas, las francesas... Vine a Europa para completar mi estudio y me puse a bucear en la Biblioteca Nacional, a buscar tesis... ¡No se había publicado nada de estas mujeres maravillosas! ¡Estaba indignada! Así que lo hice yo. Hay muchas, muy buenas y, alguna, que rompió moldes. Había que contarlo", explica en una entrevista con El HuffPost.

Hablamos de profesionales "ignoradas, discriminadas e infravaloradas" por el mero hecho de ser mujer y que los ciudadanos, dice, "deben conocer porque han dado lo mejor de sí en los momentos más duros para la humanidad". "Nos ha pasado como en cualquier otra faceta de la vida, que somos las invisibles, pero ese tiempo ya está acabando y, en esta materia, había que poner en valor tantos nombres", agrega.

Las pioneras

Del Paso no sólo ha entrevistado a 34 profesionales aún en activo, que han ejercido su labor desde los años 70 en adelante, sino que hace un repaso histórico de las pioneras, las mujeres que fueron viajeras en solitario o acompañando a sus esposos, que se disfrazaron de hombre y se escondieron bajo un pseudónimo para salir de España y contar la realidad de otros países. Abarca desde Egeria, de la Gallaecia, que se fue con Helena de Constantinopla a Tierra Santa en el siglo IV y convertía las cartas a sus hermanas en pura crónica, a Sofía Casanova (1862-1958), la primera corresponsal permanente en el exterior, que cubrió para ABC la Primera Guerra Mundial, fue la única española en presenciar la Revolución Rusa de 1917 y la primera informadora extranjera en entrevistar a Leon Trotsky.

Entre ellas, una lista sorprendentemente larga de mujeres (no extraña su valía, sino su ausencia de los manuales básicos de periodismo): está Francisca de Aculodi, que en el siglo XVI empezó a reproducir en sus Noticias principales y verdaderas, impresas en San Sebastián, las noticias que llegaban de Bruselas y algunas otras locales; Concepción Arenal, que estudió Derecho vestida de hombre y cubrió las guerras carlistas como única mujer; la mítica Carmen de Burgos (Colombine), presente en la guerra hispano-marroquí y a la que preguntaban en las redacciones cuando iba a entregar sus textos: "¿De parte de quién trae usted el artículo?"; o Teresa de Escoriaza era corresponsal en Nueva York para La Libertad en 1921, a la vez que lo era en Londres Salvador de Madariaga (¿a que ese nombre sí es familiar?) y se había fajado en el Rif. Pero llegó la dictadura de Francisco Franco "y perdimos todo lo ganado. Las mujeres regresamos a nuestro caparazón", explica la autora.

"¿De parte de quién trae usted el artículo?"Los hombres de la redacción a Carmen de Burgos

Tuvieron que llegar los años 70 para que las mujeres pudieran, de nuevo, informar de algo diferente al consultorio sentimental y las notas de moda. En la obra, Del Paso recuerda que el punto de inflexión fue la Guerra de Vietnam, el primer conflicto televisado, el primero con periodistas independientes, con presencia de 500 reporteros, siete de ellos españoles. Carmen Sarmiento, de TVE, pidió ir, pero le replicaron: "¿Cómo vamos a mandar a una mujer?". "No la entendían. Vivían en un mundo paralelo", se duele Del Paso. Entonces les cerraron las puertas, pero en los 80 se entreabrieron, a base se cabezonería y talento. "La lucha fue feroz", resume. Si ella se iba a El Salvador o hacía el histórico programa Los marginados, su compañera Rosa María Calaf cubría Líbano e Irán o Maruja Torres hacía lo propio en India o Chile. Confiesa que le costaba gritos y lágrimas, que daba "mucha lata". Un "incesante grano en el culo".

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Años en los que corresponsalías trascendentales pasaron a manos de mujeres con estudios internacionales, cinco o seis idiomas y un importante rodaje de mesa: Pilar Bonet empezó en Viena, Georgina Higueras fue a Pekín, Marisol Marín a La Habana, todas con EFE. A la tele, única, llegaron rostros que se convertirían en clásicos, como los de Pilar Requena y Ángela Rodicio. Una década en la que se fueron sumando Berna González Harbour, Carmen Postigo, Teresa Aranguren...

En mesa también había ya pioneras al mando, como María Dolores Masana, jefa de Internacional en La Vanguardia que compatibilizaba la redacción con las salidas sobre el terreno. Toda una profesional que tenía que escuchar aún: "¿Pero tú qué haces aquí con cinco hijos?". Ella replicaba a quien se atreviera: "¿Y tú?". Aún una década más tarde había que escuchar remilgos de los jefes por la maternidad de sus reporteras. Requena cuenta en el libro que tenía un bebé de un año cuando estalló la Guerra del Golfo y un superior no la quería mandar por ello. "Eso es cuestión mía", zanjó. "Siempre las preguntas que a ellos no se le hacen", lamenta Del Paso.

En esos 90 y hasta hoy han ido desembarcando las que hoy son profesionales asentadas, que copan la prensa nacional, de las freelances Ana Alba (El Periódico, Sputnik) o Natalia Sancha (El País) -a las que destaca especialmente la autora como lo mejor de la generación más joven-, a las premiadas con el Cirilo Rodríguez, Mónica G. Prieto (El Mundo) y Mónica Bernabé (Ara), pasando por Yolanda Álvarez (TVE), Rosa Meneses (El Mundo), Cristina Sánchez (RNE), Mercedes Gallego (Vocento), Mayte Carrasco (Telecinco), Beatriz Mesa (Cope) o Maysun (EPA, AFP).

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ANA DEL PASO / FACEBOOK
La autora del libro, la periodista Ana del Paso.

Ventajas y desventajas

"Entonces y ahora, las ventajas y desventajas de ser mujer en zonas de conflicto son similares. La mayor de las desventajas es el paternalismo que tenemos que sufrir en las redacciones y sobre el terreno. Es patético. Las ventajas, que podemos acceder a sitios que los hombres no pueden. Por ejemplo, Maysun cuenta que puede acceder a cárceles de mujeres de Hamás en las que los hombres no pueden entrar. Nosotras podemos entrevistar a talibanes pero los hombres no pueden entrevistar a mujeres afganas sin la presencia de un familiar varón y eso resta intimidad", explica la autora.

La mayor de las desventajas es el paternalismo que tenemos que sufrir en las redacciones y sobre el terreno. Es patéticoAna del Paso, autora

¿Han cambiado las cosas con los años? No del todo. "Desgraciadamente, hay jefes que tienen esa mentalidad arcaica, aunque no lo reconocen, pero sus decisiones y comentarios lo corroboran", dice Yolanda Álvarez. Mónica Bernabé añade que a veces los jefes ponen la excusa de que la mujer se expone a abusos sexuales en una cobertura de este tipo, "como si no mandáramos a un reportero porque hay tiros y caen bombas", en vez de buscar medidas de protección.

Como resume Calaf, la violación o el embarazo, más comunes contra la mujer que contra el hombre, son "tácticas de guerra", pero las informadoras van "porque quieren" y pueden "volverse a casa en cualquier momento". "Si sufrimos esas vejaciones físicas y psíquicas tenemos que recordar que son gajes del oficio", sostiene rotunda.

En las 34 entrevistas hechas por la autora las protagonistas coinciden es que los riesgos a que se exponen estas profesionales son los mismos que afrontan los hombres y que la información internacional "no depende del género, sino de la actitud", como expone Almudena Ariza (TVE). No obstante, son mayoría las que sostienen que la mujer introduce un matiz de sensibilidad y de empatía en sus informaciones e, incluso, de preferencia por el pre y postconflicto, donde se cuaja todo. Menos modelos de cohetes, más historias humanas.

En palabras de Ana Alba, existe una "inquietud" y un "desasosiego" que lleva a hacer la maleta e informar de Bosnia, Irak o Palestina, como es su caso. El deseo de "informar sobre las gentes de otros lugares, el sufrimiento que causan las guerras, el hambre, la colonización, la injusticia de muchos pueblos y comunidades". Justicia, una palabra que se repite insistente en la obra. "Denunciar las injusticias para mí es una necesidad", sentencia Rosa Meneses, curtida en Oriente Medio y el Magreb, tiroteada en Libia y superviviente gracias a un chaleco, emprendedora en la tarea de obligar a los jefes a formar a su personal para salir airosos de situaciones de peligro y alma del manual de seguridad de Reporteros Sin Fronteras. O, según Beatriz Mesa, "no consiste en querer cubrir conflictos armados, sino en deber".

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DEBATE
Portada del libro de Ana del Paso.

Lo que hay que hacer

Ana del Paso, además de hacer esta insólita compilación, que es además una memoria de los males actuales del periodismo (la precariedad, la presión de las redes sociales, la dictadura de las audiencias), es docente, en sus manos está informar a sus alumnos de que hay referentes tan valiosos como Manuel Leguineche, Arturo Pérez-Reverte o Jon Sistiaga que tienen nombre de mujer.

El primer consejo que le daría a sus estudiantes si quiere emprender esta carrera es que tienen que parecerse más a Marie Colvin que a Gerda Taro: la primera, tras cubrir conflictos como los de Sierra Leona, Chechenia o Kosovo, fue asesinada por tropas del gobierno sirio en 2012 y era respetada como una de las mejores de su generación. Que era la pareja de Juan Carlos Gumuzio, una estrella de medios como El País, era sólo una circunstancia más. Taro, en cambio, era la mujer de Robert Capa, "el mejor fotógrafo de guerra del mundo"; ella le encumbró, planeó su carrera y ocultó su firma bajo la de él, para hacer marca. Siendo tan o más buena, siempre estuvo a la sombra. "Eso no", zanja la autora.

El segundo consejo es empezar "con pequeñas dosis de violencia". Por ejemplo, cubriendo sucesos. "No se puede empezar con una intensidad fuerte de violencia, porque si no el shock es tremendo. A medida que vas resistiendo este tipo de violencia, te vas adaptando. Si ves que eres capaz, adelante. Si no, no. No todo el mundo tolera la violencia, la agresividad y la muerte de igual manera y no por ello van a ser ni peores personas ni peores periodistas. Hay que ponerse a prueba".

"Y que lean mucho, a ellas, a las mejores, que las analicen y se sorprendan y se maravillen. Tenemos mucho bueno, al mejor nivel mundial, pero no les hemos hecho mucho caso. Yo les cedo mi trabajo. Era una deuda personal".

QUERRÁS VER ESTO

Reporteras españolas, testigos de guerra (presentación en Madrid).

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