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10/06/2012 22:57 CEST | Actualizado 10/08/2012 11:12 CEST

Grandes esperanzas

2012-06-10-eurocopa.jpg Para los cazadores de engendros, para los voluptuosos del horror balompédico, el inicio del torneo no pudo ser más prometedor.

Les gustará saber que la primera acción de esta Eurocopa fue una falta del capitán de Polonia sobre el lateral zurdo griego. El infractor puso los tacos a la altura de la cocorota del rival. Fue así como Blaszczykowski dio las buenas tardes a Papastathopoulos; ¡atención!, 30 letras se juntaron ahí. Comprenderán ustedes que para los cazadores de engendros, para los voluptuosos del horror balompédico, el inicio del torneo no pudo ser más prometedor.

Foto: ARIS MESSINIS / AFP.

La promesa se tornó certeza cuando las cámaras ofrecieron primeros planos de Gekas, descendiente Efialtes, el traidor de los espartanos en 300, y Wasilewski, un cúbico angelito polaco. Aquello iba a ser fútbol auténtico, no apto para menores. Unicef huía despavorida y en efecto, no hubo que esperar mucho para que la fealdad futbolística se encarnara: ocurrió cuando el griego Samaras, delantero del Celtic, decidió lanzar un pase al agujero con su pierna buena, la diestra. Habían transcurrido 7 minutos y 38 segundos y el mundo se detuvo para contemplar el envío que el futbolista griego perpetró. Su melón se fue directamente fuera y alunizó en una zona donde no había ningún jugador de zamarra azul a menos de 30 metros. Fue un perfecto despropósito, un guiño a los catadores de vinos agrios. Allí había una joya. No iba a decepcionar.

Samaras interpretó como nadie el sistema ofensivo griego -trompicado, espeso, hercúleo, sudoroso- y se las ingenió para ausentarse en todas las acciones en que su equipo llevó peligro al área de Polonia. En todas menos una: en el minuto 62 se quedó solo ante el portero rival. Una belleza. Dejó botar el balón (primer error), esperó demasiado a chutar (segundo error) y a continuación (tercer error) trató de impactarlo con la zurda, extremidad que según los expertos es peor que su funesta diestra. Lógicamente, hubo de conformarse con rozar la pelota y convertir en risa el pánico de la grada.

Ajeno a su inoperancia, Fernando Santos le mantuvo los 90 minutos. Bien pudiera ser que el inconmovible entrenador de Grecia hubiera sido víctima de Merkel y reemplazado por una reproducción en cartón piedra: no pestañeó con el show de Velasco Carballo ni tampoco con el posterior fallo en el penalti. Porque razones tuvo para cambiar a su pupilo: Samaras malogró otro contragolpe con un nuevo pase a la nada y fracasó de nuevo en un disparo que se fue siete metros buenos por encima del larguero. Su actuación fue de redondo cero, y para mayor regocijo, lo logró con una perfecta pulcritud, sin atribularse, manteniendo intacta su hermosa cabellera, ajeno al disfrute que estaba provocando a los amigos de lo oscuro. Fue un estreno soñado de la competición, que tuvo un único borrón: Jerjes y su estilista no llegaron a salir al campo.