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15/12/2016 16:41 CET | Actualizado 15/12/2016 16:41 CET

Ninguna muerte impune

muertesHoy en día, si con tu vehículo atropellas a un ciclista y éste fallece, puedes marcharte sin ningún problema. Eso es lo que le pasó a mi marido, Óscar, en 2013. Murió tras ser atropellado por un camión de camino al trabajo. El conductor se marchó del lugar sin socorrerlo. Horas más tarde, la Guardia Civil le localizó tras el aviso de un taller mecánico de la zona: alguien había llamado porque quería cambiar el parachoques de su camión.

Óscar, el marido de Anna, murió arrollado por un camión cuyo conductor no paró para socorrerlo

Esta mañana me he reunido con el ministro de Justicia. Quiero hacerle entender que ninguna muerte que se produzca en carretera puede quedar impune. La de mi marido, Óscar, confío en que no quedará. Pero para ello he tenido que recurrir el archivo del caso. Afortunadamente, la Audiencia Provincial de Madrid sí consideró que mi denuncia debería ir por lo penal.

Hoy en día, si con tu vehículo atropellas a un ciclista y éste fallece, puedes marcharte sin ningún problema. Eso es lo que le pasó a mi marido, Óscar, en 2013. Murió tras ser atropellado por un camión de camino al trabajo. El conductor se marchó del lugar sin socorrerlo. Horas más tarde, la Guardia Civil le localizó tras el aviso de un taller mecánico de la zona: alguien había llamado porque quería cambiar el parachoques de su camión.

Este incidente fue considerado una imprudencia leve. Una distracción tonta, una tontería, una falta. Aplicando la última reforma penal, la juez archivó la causa penal. Al accidente en sí se le suma una segunda injusticia. Como mi marido falleció en el acto, no se aplica el delito de la omisión del deber de socorro. Ambas injusticias aparecen en el Código Penal. Son dos malditos artículos, el 142 y el 195, los que dejan a cualquier familia destrozada por la muerte de alguien cercano, indefensos también ante la justicia. Los conductores quedan impunes. No hay más.

Afortundamente, sé que no estoy sola. En mi lucha me acompañan miles de personas que están pidiendo una ley justa. Cientos de deportistas, de ciclistas profesionales y anónimos, de asociaciones y federaciones, de periodistas, y de ciudadanos anónimos, han apoyado la petición que inicié en Change.org hasta llegar a las 188.000 firmas. Hoy se las he entregado al ministro. En enero, volveré a plantarme en el Congreso aprovechando que se debate una PNL presentada por el PSC sobre este asunto. Señor Catalá, esta reforma no puede esperar. Cada día, miles de personas utilizan la bicicleta para trasladarse a sus centros de trabajo, por ocio, o por cualquiera que sea la razón, y no es posible que sigan viviendo con la inseguridad de saber que si un coche les mata, al conductor no le pasará nada.