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09/04/2016 09:51 CEST | Actualizado 09/04/2016 09:52 CEST

Los refugiados tienen derecho a asilo, no a prejuicios y a alambre de espino

refugees barbed wireLa semana pasada en el campamento de refugiados de Zaatari, en Jordania, conocí a una niña siria que me dijo que quería ser intérprete. Conocí a un niño que estaba deseando volver al colegio. Me conmovió ver cómo se aferraban a sus sueños. Hoy en día, el número de sueños de ese tipo asciende a millones.

Pacific Press via Getty Images
GEVGELIJA REFUGEE CAMP, GEVGELIJA, SOUTHEASTERN REGION, MACEDONIA - 2016/03/06: Migrants in the camp of Idomeni look beyond the barbed wire to Gevgelija on the border between Greece and Macedonia. Conditions of extreme difficulty at the Idomeni's camp where the population exceeded 10,000 is experienced. At the moment there are about 400 refugees crossing the border in the direction to Camp Gevgelija in Macedonia to continue their journey to North of Western Europe. (Photo by Ivan Romano/Pacific Press/LightRocket via Getty Images)

La semana pasada en el campamento de refugiados de Zaatari, en Jordania, conocí a una niña siria que me dijo que quería ser intérprete. Conocí a un niño que estaba deseando volver al colegio. Me conmovió ver cómo se aferraban a sus sueños. Hoy en día, el número de sueños de ese tipo asciende a millones. La mitad de los refugiados del mundo son niños: 30 millones de niños y niñas cuyas vidas se han puesto en espera, que han visto cosas que un niño nunca debería ver.

Como muchos sabrán, yo mismo fui una vez una persona desplazada. Al haber nacido en una Corea azotada por la guerra, vi cómo mi pueblo quedaba destruido. Mi familia y más gente se vio obligada a huir a las montañas de alrededor. Sobrevivimos gracias a los alimentos y a los medicamentos de UNICEF. Estudiamos con los libros de texto que nos proporcionó la UNESCO. Y, por supuesto, los soldados de muchos países -en especial los de Estados Unidos- nos aseguraron la libertad luchando bajo la bandera de Naciones Unidas.

Naciones Unidas fue nuestro salvavidas y nuestro resquicio de esperanza. Hoy en día estoy seguro de que la ONU hace todo lo que está en sus manos para ayudar a los refugiados de todo el mundo a mantener vivos sus sueños. He pedido a los líderes de Europa, y a los de todo el mundo, que muestren más solidaridad, no solo mediante la asistencia, sino también mediante el reasentamiento y otras vías legales.

Los refugiados aportan nuevas habilidades y dinamismo a las fuerzas de trabajo envejecidas. Los intentos de demonizarlos no solo son ofensivos, sino además errados.

Si se gestiona de la manera adecuada, la aceptación de refugiados supone una victoria para todo el mundo. Los refugiados demuestran fiabilidad y devoción por la educación. Aportan nuevas habilidades y dinamismo a las fuerzas de trabajo envejecidas. Los intentos de demonizar a los refugiados no solo son ofensivos, sino que también son errados. He pedido a los líderes mundiales que contrarresten las campañas de miedo con confirmaciones reiteradas y que combatan la información inexacta con la verdad.

Los refugiados tienen derecho a asilo, no a prejuicios y alambre de espino. La actual crisis de los refugiados -y la migración a gran escala de personas en busca de una oportunidad- son señales de que existen problemas mayores. Desde Siria hasta Afganistán pasando por Sudán del Sur, tenemos que solucionar el problema de las guerras que obligan a la gente a huir.

La diplomacia de los mediadores de Naciones Unidas y de nuestros socios aporta un rayo de esperanza con respecto al progreso en Siria. Se ha conseguido el cese de hostilidades -a pesar de que ha habido algunos incidentes- durante más de un mes. Está previsto que comience el alto el fuego en Yemen el 10 de abril. No hay solución militar posible para ninguno de estos conflictos.

Refugiadas sirias en el campamento de refugiados de Zaatari, en Jordania. 2 de febrero. (Jordan Pix/ Getty Images)

A lo largo y ancho del mundo, Naciones Unidas está trabajando por que los países den la espalda al conflicto. El despliegue para el mantenimiento de la paz está en su punto más alto: hay 16 operaciones en marcha y más de 100.000 soldados y policías. Estos soldados y policías sirven en algunos de los lugares más inhóspitos del mundo -lugares a los que ningún país puede ir o irá por su cuenta-, donde, sin las fuerzas de Naciones Unidas, habría peligrosos vacíos de seguridad.

Luchamos por mejorar la velocidad con la que implementamos nuestras operaciones para el mantenimiento de la paz y por fortalecer la protección que ofrecemos a los civiles que se ven envueltos en situaciones de violencia. Nos esforzamos por acabar con la oleada de abusos sexuales perpetrados por trabajadores de la ONU y otros soldados; los enviados para ayudar a las personas nunca deberían convertirse en sus torturadores.

Naciones Unidas también se centra en los orígenes más profundos del conflicto. Asegurar los derechos humanos para todos -independientemente de la etnia, la religión, la orientación sexual o cualquier otra distinción- sigue siendo uno de sus objetivos principales. Presionamos a los Estados miembro para que aborden los factores subyacentes que llevan a la radicalización. Tenemos que evitar caer en la trampa de reaccionar exageradamente o de alienar a la gente a la que estamos intentando llegar. La primera Cumbre Humanitaria Mundial de la historia, a la que asistiré los días 23 y 24 de mayo en Estambul, será una gran oportunidad para abordar las principales causas de las crisis actuales, y para mejorar nuestra respuesta global.

Este artículo es un fragmento de las observaciones que había preparado Ban Ki-moon para el Consejo de Asuntos Mundiales de Los Ángeles del 5 de abril.

Este post fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.