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25/08/2015 07:21 CEST | Actualizado 24/08/2016 11:12 CEST

¿Preparados para la guerra con Rusia?

putinLa deriva constante de la Rusia de Putin hacia la confrontación como envoltura de sus sueños para volver a resucitar el espíritu de la Unión Soviética en su poderío e influencia, naturalmente sin comunismo, ha motivado a muchos expertos a encender el microscopio sobre las posibilidades reales de una escalada con Occidente que pueda llegar a una confrontación abierta.

MAX VETROV

Los veranos han sido siempre calientes en el territorio europeo, tradicionalmente fértil para la violencia. El 28 de junio de 1914 se produjo el asesinato del archiduque Franz Ferdinand en Sarajevo, cuyas consecuencias desataron la I Guerra Mundial. Adolf Hitler eligió el 30 de agosto para comenzar la invasión de Polonia en 1939 y el 22 de junio de 1941 para atacar Rusia por sorpresa. En agosto de 2008, Putin desplegó tanques rusos e invadió Georgia, desatando la más grave crisis entre Occidente y Rusia desde el final de la Guerra Fría. Merece la pena recordar también que se acaba de cumplir un año del derribo del avión de pasajeros de Malaysia Airlines -probablemente a causa de un ataque llevado a cabo por rebeldes pro-rusos- cuando sobrevolaba el este de Ucrania el verano pasado.

En perspectiva, este verano de 2015 podría parecer bastante más tranquilo. Sin embargo, un centro de análisis acaba de alertar de que Rusia y la OTAN se están entrenando ante la posibilidad de que se produzca un enfrentamiento abierto. Además de estar enfrascados en una grave crisis diplomática tras la invasión rusa de Crimea en marzo del año pasado y la guerra que se libra desde entonces en el este de Ucrania, ambas partes han aumentado exponencialmente sus maniobras militares entorno a la frontera rusa en el este de Europa.

La deriva constante de la Rusia de Putin hacia la confrontación como envoltura de sus sueños para volver a resucitar el espíritu de la Unión Soviética en su poderío e influencia, naturalmente sin comunismo, ha motivado a muchos expertos a encender el microscopio sobre las posibilidades reales de una escalada con Occidente que pueda llegar a una confrontación abierta.

Tanto la Alianza como Rusia sostienen que los ejercicios militares que están llevando a cabo son de carácter defensivo, pero por su volumen y la alta volatilidad de las relaciones entre Rusia y Occidente, podrían desencadenar una guerra abierta entre ambas partes. Esta es una de las conclusiones del informe "Preparing for the worst: Are Rusian and NATO military exercises making war in Europe more likely" que European Leadership Network, una fundación conformada por líderes políticos, militares y diplomáticos europeos, acaba de presentar.

Tanto la Alianza como Rusia sostienen que los ejercicios militares que están llevando a cabo son de carácter defensivo, pero por su volumen y alta volatilidad de las relaciones entre Rusia y Occidente, podrían desencadenar una guerra abierta entre ambas partes.

Según el informe, la OTAN desarrolló durante 2014 el doble de ejercicios militares de los que tenía previstos, con un total de 162, a los que hay que sumar los cuarenta que realizó bajo el liderazgo de alguno de los países de la alianza. El pasado junio se llevó a cabo un ejercicio de protección militar movilizando 15.000 efectivos pertenecientes a diecinueve países miembros de la alianza y 3 de sus socios. Poco después, el secretario de Defensa norteamericano anunció desde Tallin (Estonia) que EEUU enviaría 250 tanques y otro equipamiento militar a siete países de la OTAN en la zona. Por otro lado, los ejercicios militares rusos del pasado marzo sumaron un total de 80.000 efectivos, 12.000 vehículos de combate y 220 aeronaves en la frontera.

Basta con echar un vistazo a la geografía del este de Europa para percibir cómo Europa, al igual que durante la Guerra Fría y las guerras de Yugoslavia, tiene una guerra potencialmente expansiva a sus puertas. Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania hacen frontera con Rusia, mientras que Eslovaquia, Hungría y Rumania lindan con Ucrania. Polonia hace frontera con ambos. Desde el punto de vista geoestratégico, la consecuencia más importante de las ampliaciones de la UE no son tanto los nuevos miembros como los nuevos vecinos.

La frágil paz en el este de Ucrania, materializada tras el acuerdo de Minsk II el pasado febrero entre los líderes de Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, podría saltar por los aires en cualquier momento. La guerra no ha terminado y las tensiones entre Rusia y sus vecinos europeos sigue en aumento. Poco después del derribo del avión de Malaysia el verano pasado, un agente de seguridad estonio, Eston Kohver, fue secuestrado por espías rusos presumiblemente en territorio estonio, muy cerca de la frontera con Rusia. Desde entonces, el agente ha permanecido detenido en Rusia y hace pocos días un tribunal lo ha condenado a quince años de cárcel. La Unión Europea ha exigido a través de un comunicado de su Alta Representante para la Política Exterior, Federica Mogherini, que sea liberado inmediatamente.

Las capacidades de la OTAN para responder a un ataque ruso están fuera de duda. Es verdad que Rusia gasta un 4,5% de su PIB en defensa (más que ningún miembro de la OTAN), pero su ejército es inferior y está menos modernizado que el de sus adversarios occidentales. Pero, la gran pregunta que se hacen muchos europeos que viven en la frontera con Rusia es: ¿Están dispuestos a defendernos nuestros aliados ante un ataque ruso? No parece estar nada claro.

Las capacidades de la OTAN para responder a un ataque ruso están fuera de duda. Es verdad que Rusia gasta un 4,5% de su PIB en defensa, pero su ejército es inferior y está menos modernizado que el de sus adversarios occidentales.

Una encuesta realizada por el Pew Research Center el pasado junio en diez países de la OTAN desveló unos resultados inquietantes. Ante la pregunta de "si Rusia entrase en conflicto con un país vecino que es aliado de la OTAN, ¿apoyaría que su país lo defendiera?", la mayoría de alemanes, franceses e italianos afirmaron no ser partidarios de acudir en su defensa. Los españoles respondieron de forma dividida (48% partidarios de actuar y 47% en contra). No conviene olvidar que la falta de credibilidad europea en dar una respuesta ante un eventual ataque multiplica las posibilidades de que éste se produzca.

Pero la gran fortaleza rusa no reside en sus armas convencionales, sino en sus armas nucleares. Varios bombarderos rusos con capacidades nucleares se han aproximado al espacio aéreo de los países bálticos (y de Suecia) en los últimos meses. El presidente ruso, Vladimir Putin, anunció recientemente que su país añadirá pronto cuarenta nuevos misiles balísticos intercontinentales a su arsenal nuclear. El discurso de Obama en Praga en abril de 2009, en el que hizo una apasionada defensa de la necesidad de erradicar las armas nucleares, una de sus promesas iniciales, parece ahora más lejano que nunca.

Durante la Guerra Fría, las armas nucleares nunca fueron usadas precisamente porque las dos partes enfrentadas sabían que la otra respondería sin dudarlo ante un ataque. El miedo a las consecuencias de un ataque nuclear - la "destrucción mutua asegurada" - fue la garantía para evitar un enfrentamiento abierto. Pero, ¿hemos tomado conciencia los europeos de la necesidad de defender a nuestros nuevos socios del Este de Europa y estamos dispuestos a morir por ello? Esperemos que no haya que comprobarlo.