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31/01/2018 07:30 CET | Actualizado 31/01/2018 07:30 CET

Tsunami feminista 2018

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Los movimientos telúricos como "Me Too" y sus réplicas y contra-réplicas, como el manifiesto encabezado por Catherine Deneuve y la firma de un centenar de intelectuales francesas, han conmocionado a la opinión pública, que no está acostumbrada a que las mujeres opinen colectivamente por su cuenta y riesgo. Que las mujeres opinen, maticen y creen controversias es un avance también. La pureza fundamentalista no es su patrimonio.

No se aprecian todavía los efectos subterráneos de un vendaval que pronostica un año 2018 lleno de sorpresas para la revolución mundial de las mujeres. La insurrección global que ya se viene gestando hace tiempo tuvo su eclosión en enero de 2017, en EEUU, con la iniciativa de la Marcha de las Mujeres a Washington, en protesta contra Trump. Entonces los gorros rosas, "pussy hats", simbolizaron una voluntad colectiva de marea rosa, que nunca pareció ceñida a Los Estados Unidos, sino que proclamó la ola contra la violencia de género, el acoso sexual, la brecha salarial y otras desigualdades planetarias flagrantes y manifiestamente injustas.

No existe desarrollo sostenible, ni posible Agenda ONU 2030, sin apostar por la igualdad de género que nos debe identificar como ciudadanos del siglo XXI a mujeres y hombres

Este año, la ambición de hacer huelga cambia completamente el objetivo y alcance de la protesta, para la que llevan tiempo coordinándose las plataformas de mujeres. En España, un encuentro en Zaragoza de 400 mujeres de colectivos feministas ha celebrado una reunión por la huelga general del 8M2018 que tiende a ser simbólico del "Basta Ya" que gritan las mujeres del mundo ante la crónica falta de igualdad que sufren en el mundo.

La ONU señala la igualdad de género como uno de los 17 objetivos mundiales. Concretamente el Objetivo nº 5. No existe desarrollo sostenible, ni posible Agenda ONU 2030, sin apostar por la igualdad de género que nos debe identificar como ciudadanos del siglo XXI a mujeres y hombres, con los mismos derechos y deberes reales, libertad y oportunidades de niñas y mayores, de cualquier etnia, condición o religión. Tampoco es posible sin el concurso de las mujeres el "decrecimiento" como "perspectiva" (Taibo 2016).

Es hora de acelerar en cuestiones que afectan a todos los países, sin distinguir empleos, niveles o cualificaciones

La situación es de una gravedad excepcional porque sin igualdad no habrá futuro. Vamos muy despacio. Es hora de acelerar en cuestiones que afectan a todos los países, sin distinguir empleos, niveles o cualificaciones. Según la ONU se necesitarán más de 70 años para acabar con la brecha salarial por motivo de género. "No hay un solo país, ni un solo sector en el que las mujeres ganen los mismos salarios que los hombres", señala la asesora de ONU Mujeres, Anuradha Seth.

A nivel global, las mujeres ganan de media un 23 % menos que los hombres, una situación que para Naciones Unidas constituye "el mayor robo de la historia". Y según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2015, un 76,1 de los hombres en edad de trabajar formaba parte de la población activa, mientras que el porcentaje era del 49,6 % en el caso de las mujeres.

Europa occidental acoge a cuatro de los cinco países más avanzados en cuanto a igualdad de género Islandia (1), Noruega (2), Finlandia (3) y Suecia (5) . España está en el puesto 24. Además, en España sólo el 42% de las mujeres cobra pensión, frente al 87% de los hombres, y es de media un 37% inferior, según Júlia Montserrat, economista del comité científico del informe FOESSA. Del total de las pensiones que cobran las mujeres, dos terceras partes son inferiores al salario mínimo interprofesional, de 707,60 euros.

Mientras las grandes tragedias de la violencia doméstica y el acoso sexista hacen naufragar las políticas urbanas y estatales españolas de igualdad, el resto de discriminaciones se ocultan más en las estadísticas y se disimulan por sectores, a medida que cambian los parámetros de cuantificación, o se combinan con porcentajes de subidas en profesiones o situaciones específicas.

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La diferencia de este año con los anteriores es la dimensión adquirida por el carácter global de las denuncias. Si 2017 consiguió aglutinar a las mujeres contra Trump, esta año 2018 comienza con movilizaciones de centenares de miles de mujeres contra el acoso, la violencia, las brechas de salario y acceso y la grave persecución de activistas de derechos humanos, orientación sexual, infancia vulnerable o machismo en la educación, en el aula y los medios de comunicación.

Este es un vuelco que cambia la escala, devolviendo a las mujeres el protagonismo de la lucha por los derechos urbanos. En las ciudades, la discriminación urbana es más fuerte sobre las mujeres donde se conculcan esos derechos, acentuados en la brecha digital, el acceso a las nuevas tecnologías. Cierto que se acentúa en los países feudales, los países pobres, en las aglomeraciones urbanas masivas de los explotados, en las tramas de la esclavitud y tráfico de mujeres de todo tipo. Los espacios de la marginación tienen perfiles de mujer y la violencia del Estado se ejerce mucho más sobre las mujeres, como secuela de represiones, supersticiones y religiones opresivas incluidas.

Pero la ciudad es, a la vez, el ámbito de emancipación por excelencia. Las ciudades de EEUU han sido pioneras en enero de este año. Desde las sufragistas a las "pussy hats", colectivos diferentes y multi-focales en arte, política, educación, cultura y deporte trabajando en todas direcciones están consiguiendo que no haya muro que resista una presión mundial como la que se avecina en este Día de las Mujeres. Aquí, en España, trabajamos por objetivos que están contra el paradigma del patriarcalismo insensato que representan tantos dirigentes descabellados, incluidas algunas mujeres.

Las mujeres españolas preparan una ola feminista el 8 de marzo de 2018, porque la lucha de la mitad de la ciudadanía por la igualdad es un objetivo irrenunciable, que no puede aplazarse más.

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