Barcelona acoge la Gran Salida del Tour de Francia: la ciudad de Gaudí se viste de amarillo
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Barcelona acoge la Gran Salida del Tour de Francia: la ciudad de Gaudí se viste de amarillo

Tadej Pogacar arranca como el hombre a seguir al ser el ciclista que persigue entrar en el selecto club de los ganadores de cinco Tours de Francia. Será la tercera vez que la mejor carrera del mundo arranque en España.

Tadej Pogacar, durante la presentación de la carrera en Barcelona, con la Sagrada Familia de fondo.Dario Belingheri Getty Images

Hay acontecimientos deportivos que trascienden la propia competición, que dejan de pertenecer exclusivamente a quienes la practican para convertirse durante unos días en una celebración colectiva: El Tour de Francia, sin duda, es uno de ellos.

Este sábado, Barcelona se convertirá en la capital mundial del ciclismo con la Gran Salida de la 113ª edición de la ronda francesa. Durante tres jornadas, las calles de la ciudad condal y buena parte de Cataluña serán el escenario de una de las mayores producciones deportivas del planeta, una competición seguida en más de 190 países y capaz de atraer a millones de espectadores tanto en las cunetas como frente al televisor.

No será simplemente el comienzo de una carrera de tres semanas. Será una fiesta, una de esas que transforman una ciudad y la proyectan al mundo.

Porque el Tour es deporte, pero también es turismo, cultura, paisaje, gastronomía y patrimonio. Y pocas ciudades pueden presumir de reunir todos esos ingredientes como Barcelona.

La ciudad de Gaudí vuelve a colocarse en el escaparate internacional más de tres décadas después de aquellos inolvidables y mágicos Juegos Olímpicos de 1992 que cambiaron para siempre su imagen exterior y, de paso, el deporte español. Si entonces el mundo descubrió una ciudad abierta al mar, moderna y cosmopolita, ahora el Tour vuelve a ofrecerle una oportunidad única para exhibir sus iconos más reconocibles.

La Sagrada Familia, el Paseo de Gracia, Montjuïc, las playas mediterráneas, el Barrio Gótico o las colinas que rodean la ciudad desfilarán ante millones de espectadores durante un fin de semana en el que Barcelona se teñirá, literalmente, de amarillo.

España y el Tour, una historia cada vez más estrecha

La salida barcelonesa será la tercera vez que el Tour de Francia arranque en España: la primera fue en San Sebastián, en 1992. La segunda, mucho más reciente, en Bilbao en 2023.

Quienes vivieron aquellas jornadas en Euskadi recuerdan todavía la magnitud del acontecimiento. Decenas de miles de aficionados abarrotaron las carreteras durante todo el fin de semana, las imágenes de la ría de Bilbao y del Museo Guggenheim dieron la vuelta al mundo y la afición vasca volvió a demostrar por qué el ciclismo sigue siendo una religión en buena parte del norte peninsular.

  Imagen de la etapa inaugural en Bilbao del Tour 2023NurPhoto Getty Images

La sensación general fue que el Tour había encontrado un segundo hogar. Ahora le llega el turno a Barcelona. Y si San Sebastián representó la tradición y Bilbao la pasión ciclista de Euskadi, la capital catalana ofrece un escenario diferente: una de las grandes ciudades europeas, uno de los principales destinos turísticos del planeta y un escaparate global incomparable.

No es casualidad que los organizadores hayan apostado por ella.

La moda de salir lejos de casa

La elección de Barcelona también responde a una tendencia cada vez más habitual en las grandes vueltas ciclistas: hace tiempo que las tres grandes carreras por etapas entendieron que su crecimiento -y su economía- pasa por cruzar fronteras.

El Giro de Italia ha arrancado en países como Hungría, Israel, Albania o Países Bajos. La Vuelta a España lo ha hecho en Portugal, Francia o los mismos Países Bajos. Y el Tour de Francia lleva décadas convirtiendo sus grandes salidas en auténticas herramientas de promoción internacional.

Londres, Bruselas, Copenhague, Düsseldorf, Utrecht, Florencia o Bilbao son algunos de los ejemplos recientes.

El objetivo es evidente: ampliar mercados, atraer nuevos aficionados y convertir la carrera en un fenómeno todavía más global. Y pocas ciudades ofrecen una combinación tan atractiva para ese propósito como Barcelona.

Pogacar contra todos

Pero por muy espectacular que sea el escenario, el Tour sigue siendo una carrera ciclista. Y en ese terreno hay un nombre que sobresale por encima del resto: Tadej Pogacar vuelve a presentarse en la línea de salida como el gran favorito y el rival a batir.

A sus 27 años, el esloveno parece empeñado en reescribir los límites del ciclismo moderno. Su dominio durante las últimas temporadas ha recordado por momentos al de los grandes monstruos de la historia del deporte y la constante comparación con Eddy Merckx sobrevuela su figura una y otra vez. Compite contra sus rivales, pero sobre todo, lo hace contra la historia.

Ganador de las dos últimas ediciones, Pogacar busca ahora una tercera corona consecutiva y, sobre todo, seguir acercándose al Olimpo del Tour. Una nueva victoria le permitiría alcanzar los cinco triunfos en la ronda francesa, una cifra reservada únicamente a leyendas como Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain.

Palabras mayores.

El esloveno no solo gana, sino que lo hace además atacando, ofreciendo espectáculo y mostrando una ambición que conecta con los aficionados. Practica un ciclismo de antaño, de la televisión en blanco y negro. Es un corredor de otra época en pleno siglo XXI. Es, en definitiva, una bendición.

El único que parece capaz de discutirle el trono

Si hay alguien que ha demostrado poder mirar de tú a tú a Pogacar, ese es Jonas Vingegaard.

El danés, vencedor en 2022 y 2023, protagoniza junto al esloveno una de las rivalidades más fascinantes que ha vivido el ciclismo en las últimas décadas. Sus enfrentamientos han marcado una época y han devuelto al Tour una narrativa clásica: dos campeones extraordinarios luchando por la misma corona.

Vingegaard llega con menos focos que en años anteriores, condicionado por sus últimas derrotas frente al del equipo UAE y con el cansancio acumulado en el Giro de Italia, carrera de la que salió ganador hace apenas mes y medio, pero nadie en el pelotón duda de que sigue siendo el rival más peligroso para Pogacar.

Cuando ambos están en plenitud, el Tour suele convertirse en un duelo de altísimo nivel, en el que el ciclismo sale como gran ganador.

La irrupción de una nueva generación

Aunque la atención se concentre en Pogacar y Vingegaard, el Tour también servirá para comprobar hasta dónde puede llegar una generación de ciclistas cada vez más joven. La precocidad se ha convertido en una de las características del ciclismo actual y ya no resulta extraño ver corredores de 20 o 21 años peleando con los mejores del mundo.

Entre todos ellos destaca especialmente Paul Seixas: el francés apenas ha alcanzado la mayoría de edad y ya es considerado por muchos como la gran esperanza del ciclismo galo. Y esa no es una responsabilidad menor.

Francia lleva cuatro décadas esperando un sucesor de Bernard Hinault o Laurent Fignon. Los corredores pasan, las ediciones también y más allá de algunos podios sueltos, ningún francés es capaz de postularse como gran favorito. Veamos si con Seixas cambia la cosa. 

Quizá sea pronto para pensar en la victoria, pero cada movimiento suyo será observado con lupa. Francia necesita creer y el joven corredor representa precisamente eso: una nueva esperanza.

Ayuso lidera la ilusión española

En clave española, todas las miradas apuntan hacia Juan Ayuso. El alicantino lleva años señalado como el gran talento destinado a recoger el testigo de las generaciones anteriores y esta edición del Tour supone una nueva oportunidad para demostrar que pertenece a la élite mundial.

  Juan Ayuso, en la presentación de la carreraTim De Waele Getty Images

Su progresión ha sido constante y su margen de crecimiento sigue siendo enorme. No tendrá fácil pelear por la victoria final frente a monstruos como Pogacar o Vingegaard, pero sí aspira a consolidarse entre los mejores corredores del planeta y a convertirse en el gran referente español en la clasificación general.

Ni Mikel Landa ni Carlos Rodríguez, dos de los valuartes que podrían sostener al ciclismo patrio, estarán en la salida de Barcelona. Resultan especialmente llamativas dos ausencias que pocos habrían imaginado hace apenas unos meses, especialmente en el caso de Rodríguez, llamado a liderar al potente bloque británico del Ineos, el que antaño dominara el Tour de Francia con ciclistas como Bradley Wiggins, Geraint Thomas y, especialmente, Chris Froome.

En el caso de Landa, la noticia supone un duro golpe para los aficionados. El veterano ciclista vasco continúa siendo uno de los corredores más queridos del pelotón y su experiencia siempre aportaba un atractivo añadido a la carrera.

Con ambos fuera de combate, el protagonismo español recae todavía más sobre los hombros de un Ayuso en plena forma.

Una ciudad lista para la fiesta

Mientras tanto, Barcelona espera, pero ya está lista. Los hoteles han recibido a equipos, periodistas y aficionados. Las calles están preparadas para la llegada de la caravana publicitaria más famosa del deporte. Los escaparates están llenos de bicicletas y de maillots amarillos.

Durante unos días, el Tour transformará la ciudad y ya, después, llegará la montaña, los Pirineos, los Alpes y las tres semanas de batalla que decidirán quién se viste el maillot amarillo en París.

Pero todo habrá empezado aquí, en una ciudad acostumbrada a organizar grandes acontecimientos, en un escenario que ya deslumbró al mundo en 1992 y que ahora vuelve a convertirse en el centro de atención del deporte internacional.

Barcelona se viste de amarillo. Y el Tour ya está en marcha.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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