Raymond Torres, Funcas: "No solo importa cuánto dure la guerra, sino la capacidad productiva de gas que se haya destruido, y Qatar ya ha sido atacado"
El director de Análisis Macroeconómico de Funcas advierte de que el conflicto en Oriente Medio puede golpear directamente al bolsillo con subidas en la luz, el gas o el transporte
La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán ya empieza a sentirse más allá del campo de batalla. El impacto económico se cuela en las bolsas, en el precio de la energía y, potencialmente, en el bolsillo de millones de ciudadanos. El economista Raymond Torres, director de Análisis Macroeconómico e Internacional de Funcas, ha lanzado una advertencia clara: lo verdaderamente preocupante no es solo cuánto dure el conflicto, sino qué infraestructuras energéticas queden dañadas.
"No solo importa cuánto dure la guerra, sino la capacidad productiva de gas que se haya destruido, y Qatar ya ha sido atacado", explicó el economista en una entrevista en Hora 14, donde analizó las consecuencias económicas de la escalada militar en Oriente Medio.
El golpe puede sentirse en la luz, la gasolina y la cesta de la compra
El conflicto vive días de máxima tensión. Israel continúa intensificando su ofensiva sobre Teherán y ha iniciado movimientos terrestres hacia el sur del Líbano, mientras Irán responde con ataques con drones y misiles que ya han alcanzado objetivos en varios países de la región, incluida la embajada de Estados Unidos en Riad.
En paralelo, los gobiernos europeos comienzan a tomar medidas preventivas. El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, confirmó la activación de operaciones para evacuar a los ciudadanos españoles presentes en la zona.
Pero mientras la atención mediática se centra en el frente militar, los mercados financieros ya están reaccionando. El Ibex 35 llegó a caer cerca de un 5%, reflejo de la incertidumbre global ante una posible prolongación del conflicto.
Y el impacto podría ir mucho más allá de las bolsas. Torres advierte de que la escalada puede afectar directamente a la electricidad, el precio del combustible o el transporte de mercancías, debido a la estrecha relación entre energía y actividad económica.
El verdadero riesgo: el gas del Golfo
Para el economista, el elemento más preocupante es el ataque a infraestructuras energéticas clave del Golfo Pérsico, especialmente en Catar, uno de los grandes productores mundiales de gas natural licuado.
Según Torres, si la guerra termina dañando de forma duradera estas instalaciones, el impacto económico podría mantenerse incluso si el conflicto militar se prolonga poco tiempo. “Esto puede tener efectos duraderos, incluso con un conflicto relativamente contenido en el tiempo”, explicó.
El motivo es simple: la producción de gas tiene mucha menos capacidad de sustitución que el petróleo.
En el caso del crudo, señala el experto, existen alternativas. Otros países pueden aumentar su producción o desviar exportaciones para compensar caídas puntuales. Incluso naciones como Venezuela cuentan con margen para incrementar el bombeo si los precios se disparan.
Sin embargo, el gas natural funciona de otra manera. Las infraestructuras de licuefacción, transporte y exportación son mucho más complejas y están concentradas en pocos países, muchos de ellos en la región actualmente afectada por el conflicto.
Un escenario distinto al de Ucrania
Pese a la gravedad del contexto, Torres considera que la situación internacional no es necesariamente tan peligrosa como la que se produjo tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Aquella guerra provocó una crisis energética sin precedentes en Europa que todavía arrastra consecuencias económicas.
Ahora, en cambio, el analista cree que el conflicto podría ser más breve y concentrado en el tiempo. Uno de los factores clave sería la situación política interna de Estados Unidos. Donald Trump afronta en los próximos meses las elecciones de medio mandato y, además, una economía estadounidense que atraviesa un momento delicado.
Por ello, Torres considera poco probable que el presidente estadounidense quiera embarcarse en una guerra larga.
La capacidad de reacción de Irán
Otro elemento que podría limitar la duración del conflicto es la propia capacidad militar de Irán frente a la alianza entre Estados Unidos e Israel. Según el economista, el margen de resistencia del régimen iraní podría ser reducido si no recibe apoyo externo significativo.
"A menos que China aporte armamento adicional a Irán, parece difícil que pueda resistir mucho tiempo", explicó. Sin embargo, incluso en un escenario de guerra corta, los daños en infraestructuras energéticas o en rutas clave de suministro podrían tener consecuencias económicas duraderas.
Y ahí está, según Torres, la verdadera amenaza: una crisis energética global desencadenada por la destrucción de capacidad productiva en el corazón energético del planeta.