Samanta, joven agricultora española: "El agricultor paga más por producir, el consumidor paga más para comprar, pero el agricultor muchas veces sigue cobrando lo mismo"
Una creadora de contenido visibiliza en TikTok la brecha creciente entre costes de producción y precios en origen.

La voz de Samanta, joven agricultora española y creadora en TikTok, ha encontrado eco entre miles de usuarios que viven, o intentan entender, la realidad del campo. Su mensaje, grabado desde la cotidianidad de quien trabaja la tierra, resume en pocos minutos lo que muchos productores llevan años denunciando: la subida de costes no siempre se traduce en una mejora del precio que reciben por su trabajo.
En su vídeo, Samanta arranca enumerando algo que cualquier agricultor conoce demasiado bien: "con la guerra el gasoil sube, la electricidad sube, los fertilizantes suben…". Los costes encadenan aumentos uno tras otro y, en paralelo, los discursos políticos y mediáticos señalan que la cesta de la compra también lo hará. Pero, según explica ella, hay una parte de la ecuación que suele quedar fuera del relato: quién paga realmente ese incremento.
"Los agricultores somos los primeros que estamos pagando todo eso", afirma. Y enumera, casi con la resignación de quien lo ha repetido demasiadas veces: riego, electricidad, fertilizantes, gasoil, absolutamente todos los insumos que permiten que el producto salga adelante. Es el punto de partida del desequilibrio que denuncia: si todo cuesta más de producir, lo lógico sería poder vender más caro. Pero esa lógica, en el campo, rara vez funciona.
Un producto perecedero en un mercado que impone el precio
Samanta lo explica sin rodeos: el producto agrícola es perecedero, y eso coloca al agricultor en una posición de debilidad. "Muchas veces tenemos que vender al precio que a ellos les da la gana de pagarlo", explica, refiriéndose a intermediarios y distribuidores. A partir de ahí, el recorrido continúa: transporte, manipulación, logística y supermercado. Cada paso añade un coste y, finalmente, el precio al consumidor sube.
Pero el precio que cobra el agricultor, no.
Ese es el nudo del vídeo: el agricultor paga más por producir; el consumidor paga más para comprar; pero entre medias, el agricultor sigue cobrando lo mismo. La creadora lo califica directamente de "muy injusto". Y ese sentimiento no es individual: resume la sensación de un sector envejecido, precarizado y atrapado entre costes al alza y márgenes que no controlan.
El tiempo y la oferta, únicos árbitros de un precio que ignora los costes
El análisis que hace Samanta de cómo se fija el precio en origen es tan simple como demoledor: depende "solo del tiempo y de la cantidad de producto que haya". Si hace mal tiempo y hay menos cosecha, el precio sube porque no hay suficiente oferta. Pero si el año es bueno y la producción abunda, el precio baja, incluso aunque producir haya sido carísimo.
El coste real de producir: horas de trabajo, maquinaria, energía, agua, fertilizantes... no pesa en la ecuación.
Por eso, cuando escucha que la cesta de la compra sube "por la guerra o por los costes", reconoce que le da rabia. No porque sea mentira, sino porque faltan piezas en la explicación. "El consumidor paga más, sí. Pero casi nadie explica que los agricultores muchas veces seguimos cobrando lo mismo. O lo que nos quieran pagar".
Un mensaje que abre debate
El vídeo de Samanta ha resonado porque no se presenta como un alegato político ni como una queja aislada. Es el testimonio directo de una trabajadora que describe la realidad sin adornos: un sistema donde quienes producen la comida pagan más cada año para mantener sus cultivos, y aun así no ven reflejado ese esfuerzo en el precio final.
Un mensaje que, en apenas unos minutos, condensa una de las grandes contradicciones de la cadena alimentaria.
