Complejos, frustraciones e inseguridad: las tetas y su constante escrutinio

El pecho es una de las zonas del cuerpo que más ansiedad genera a las mujeres. La presión social o ciertos comentarios hirientes tienen mucho que ver.
Una mujer se pide el pecho.
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Una mujer se pide el pecho.

El 2022 empezó camino de convertirse en el año de la teta gracias a Rigoberta Bandini y su Ay mamá. El pecho femenino no solo es objeto de censura, como denuncia la cantante catalana, también es un quebradero de cabeza y un nido de complejos para mujeres de todas las edades.

De hecho, según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), la intervención estética más demandada en España es el aumento de pecho. Según los datos de Statista, el grupo que más recurre a ella es el que abarca a mujeres de entre 19 y 34 años, seguido del de 35 a 50. Si hablamos de procedimientos relacionados con el pecho, incluyendo levantamientos o reducciones entre otro, las cirugías mamarias suponen prácticamente la mitad de las cirugías estéticas en España.

No tener lo que se considera un pecho normativo, entendiéndose esto como un pecho de tamaño ni plano ni excesivamente grande, terso y redondo, puede tener impacto en todos los aspectos de la vida de una mujer, desde comprar ropa hasta tener relaciones sexuales o hacer topless en la playa. Los problemas de autoestima o las frustraciones comienzan, como tantos otros, en la juventud.

Ana, de 30 años, se pasó gran parte de su adolescencia esperando lo que ella llama “el verano del cambio”. “Pensaba que yo también lo tendría, como lo tenían todas”, cuenta haciendo referencia a sus amigas y compañeras de clase. El verano en el que por fin dejaría de tener el pecho pequeño no llegaba. “Hacía que no pasaba nada, que yo no lo tendría y punto, pero en realidad dolía”, confiesa Ana, que entonces apenas hablaba del tema.

El momento que deseaba no llegó, pero quince años después está feliz con su pecho. “Estoy encantada, a veces se me hinchan por la pastilla, pero si las tengo normal me da igual. Estoy contenta con mi pecho pequeño”, sonríe.

“Yo esperaba que llegara el verano del cambio. Que también lo tendría, como lo tenían todas y me crecerían las tetas. Luego hacía que no pasaba nada, que yo no lo tendría y punto, pero en realidad dolía.”

- Ana, 30 años.

Para Rebeca, de 28, su adolescencia fue todo lo contrario, ella vio cómo su cuerpo cambiaba mucho antes que el de las preadolescentes que la rodeaban. “Me bajó la regla prontísimo y me crecieron las tetas super rápido, tenia un cuerpo totalmente diferente a las niñas de mi edad”, explica la joven. “Me daba vergüenza tener las tetas tan grandes para lo que era normal con mi edad, entonces empecé a caminar encogida, lo que hizo que las tetas me nacieran prácticamente caídas”, se lamenta.

llustración con diferentes tipos de pecho.
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llustración con diferentes tipos de pecho.

Esto le ha acarreado complejos y frustraciones en los años posteriores y se ha planteado en varias ocasiones pasar por el quirófano para reducírselas y recolocarlas. Lo nota especialmente cuando compra ropa, pues no viste muchas de las prendas que le gustaría tener en su armario. “Me encantaría ser plana y llevar vestidos con toda la espalda abierta”, fantasea recurrentemente. “Además, seguramente tendría menos dolores de espalda y de cuello, porque cuando me duele mucho me las agarro y se me va un poco de presión”, explica Rebeca, que tiene una copa E.

Encontrar sujetador tampoco es fácil para ella, ya que tiene un pecho más grande que el otro. “Cuando me viene la regla y se me hinchan, uno de ellos revienta la copa”, bromea resignada.

“Me daba vergüenza tener las tetas tan grandes para lo que era normal con mi edad, entonces empecé a caminar encogida, lo que hizo que las tetas me nacieran prácticamente caídas”

- Rebeca, 28 años.

Sara, de 29 años, también tiene un relación frustrante con los sujetadores. “Creo que me afectaron los anuncios tipo Wonderbra en los que tenían el pecho super firme y casi en la garganta”, reflexiona. “Nunca consideré que tuviera complejo, pero poco a poco me di cuenta, ya con veinte años, de que estaba todo el rato colocándome el sujetador para tener las tetas super bien puestas. Elegir uno que yo creo que me sienta bien es casi imposible, para mí todos me aplastan las tetas, y no hablemos de los bikinis”, cuenta la joven.

“No me gustan nada las partes de arriba con aro, pero son las únicas que me dejan las tetas donde yo quiero, entonces cada verano tengo una racha de frustración hasta que encuentro uno que no me genere inseguridad al ir a la playa”, relata Sara. La joven confiesa que todavía no asume que no se puede luchar contra la gravedad y que el pecho se mueve, al contrario de lo que muestran algunas imágenes. “Yo tengo las tetas bastante separadas y cuando me tumbo, como es normal, se me va cada una para un lado. No lo soporto, me las agarro con las manos, aprieto para intentar juntarlas, me tapo... Me genera bastante ansiedad, la verdad, aunque fríamente sepa que es algo normal, que es una tontería y que le pasa a mucha gente, que no soy rara”, revela.

El impacto de la presión social

En ocasiones, una está contenta con su cuerpo hasta que es consciente de los cánones estéticos del momento y siente la presión o escucha comentarios que pueden influir en la percepción de sí misma. Es lo que le sucedió a Noelia, de 29 años, cuando escuchó una conversación en clase a los 13 años.

“Yo tengo la areola grande y no tenía complejo hasta que en el instituto, un niño que había tenido relaciones con una chica empezó a decir que tenía los pezones como una galleta, que qué asco. Entonces ahí me miré yo y dije, ‘Coño, los míos también son grandes’, y cogí complejo”, relata Noelia.

Una simple conversación le provocó grandes inseguridades en sus relaciones sexuales: “La historia es que en mi pecho cuando no está empitonado, es grande la areola, pero cuando está empitonado no, y cuando tenía relaciones no mostraba el pecho hasta que no se empitonara porque me daba vergüenza. Porque lo normal es tener el pezón chiquitito y también porque me salen pelillos”.

“Cuando eres adolescente esto no lo hablas con tus amigas, prefieres callártelo por no ser un bicho raro”

- Noelia, 29 años.

La joven cuenta que hasta que creció no sabía “que era normal”, por eso se pasó la adolescencia “super acomplejada” y sin comentarlo con su entorno. “Porque esa es otra, cuando eres adolescente esto no lo hablas con tus amigas, prefieres callártelo por no ser un bicho raro. Es cuando comienzas a hablar con las chicas cuando te das cuenta de que es normal”, reflexiona Noelia.

Ella no es la única que ha sufrido presión, o incluso rechazo, por tener vello en el pecho. Julia, de 27 años, lo pasó mal cuando su exnovio la presionaba y le decía que tenía que depilarse y quitárselo. “Me depilaba hasta hacerme sangre”, cuenta la joven.

Generación tras generación

Los complejos relacionados con el pecho no son nuevos, ni tampoco han llegado exclusivamente con las redes sociales. Lola tiene 61 años y durante su adolescencia también estaba acomplejada porque no le crecía el pecho, tanto que probó hasta con remedios caseros y leyendas urbanas. “En sexto de EGB tenía una compañera con muchas tetas, me vino la regla tarde y era muy plana, entonces no recuerdo si me ponía aceite de almendras o comía muchas almendras para que me crecieran”, cuenta.

Décadas atrás su madre había hecho algo parecido: “Mi madre, que ahora tiene 88 años, tenía un grupo de amigas todas con pecho y ella a los 16 como no le salían se restregaba ajos. Luego cuando le salieron se quedó muy contenta con sus pechos, siempre decía ’Mira qué bien me quedan los sujetadores”, cuenta Lola entre risas.

“Mi madre, que ahora tiene 88 años, tenía un grupo de amigas todas con pecho y ella a los 16 como no le salían se restregaba ajos. Yo en sexto de EGB me echaba aceite de almendras o comía almendras para que me crecieran.”

- Lola, 61 años.

A ella le creció el pecho y no estaba ultra feliz con el resultado, aunque no era la zona del cuerpo que más complejos le generaba. “Con el embarazo como tenía el pecho pequeño y luego me creció mucho, se me esparramó, pero bueno también era el menor de mis problemas aunque no estaba contenta”, relata.

Lola ha visto frustraciones con el pecho de todo tipo a su alrededor: “Mi cuñada se operó varias veces para hacerse un aumento porque para su pareja no era suficiente lo que tenía, no bastaba, y en alguna de ellas le quedó mal. Hace unos años se quitó las prótesis y decidió quedarse con su pecho natural”, revela. “Mientras tanto su hermana estaba acomplejada porque las tenía muy grandes”. En resumen, complejos de todo tipo, inseguridades derivadas de la presión social y ansiedad para alcanzar los cánones de belleza. Las tetas siguen dando miedo, pero sus diferentes aspectos no deberían asustar.

*Algunos nombres de este reportaje se han cambiado para mantener la privacidad de los testimonios.

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