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25/09/2020 10:48 CEST | Actualizado 25/09/2020 10:48 CEST

Cultura en España: nos mean y dicen que llueve

Es una contradicción, pero la cultura, que es sin duda nuestro principal activo en esa idea tan discutible de la “marca España”, no tiene el menor peso político.

Europa Press News via Getty Images
El ministro de CulJosé Manuel Rodríguez Uribes.

Probablemente nunca hemos sido tan irrelevantes. Es una contradicción, pero la cultura en España, que es sin duda nuestro principal activo en esa idea tan discutible de la “marca España”, no tiene el menor peso político. No es nuevo, nunca hemos sido decisivos. Desde la política son sintomáticas las varias desapariciones de un ministerio del ramo, aunque tal vez sea mejor que no exista si lo dirige Rodríguez Uribes. Vamos por partes.

Este artículo podría plantearse de varias formas, pero la más efectiva es la enumeración de agravios. Me centraré en tres del campo que me atañen, que es el arte. Todos han ocurrido dentro de la “nueva normalidad”, otro término desarrollado de aquella manera. Hace algo más de un mes el Faro del Ajo, un edificio blanco en un paraje maravilloso era agredido de forma inmisericorde por Okuda, un artista urbano que lo pintarrajeó de colorines. No voy a discutir si la intervención es mejor o peor, creo que mi opinión ha quedado clara en la frase anterior, sino el efecto que tuvo la opinión de la cultura. Pocas veces se ha dado una casi total unanimidad en un sector lleno de personalidades fuertes. Salvo un par de actores que lo defendieron tímidamente, actuamos como una piña y mostramos una sola opinión: se debía respetar el faro. El presidente Revilla hizo caso omiso y se acabó. No le importó lo más mínimo la opinión de la cultura.

Es una contradicción, pero la cultura, que es sin duda nuestro principal activo en esa idea tan discutible de la “marca España”, no tiene el menor peso político.

Hace dos semanas surgió otro frente en Valladolid. Con motivo de su 75 cumpleaños y coincidiendo con la fecha de creación de la ONU, Cristóbal Gabarrón lograba que el Ayuntamiento, pasando por encima de la voluntad de Javier Hontoria, director del Patio Herreriano, programase una exposición suya. Nuevamente, nos manifestamos cada uno en su mayor o menor voz pública, casi siempre en contra. Lo que se pretendía desde la política era anular el museo deslegitimándolo por voluntad de un artista que consigue en los despachos lo que no ha sido capaz de lograr con su trabajo. Hay que reconocerle la capacidad de adaptación, ya que Gabarrón ha sido capaz de manejar tanto a PP como a PSOE. Hace dos días la concejala de Cultura anunciaba en prensa su determinación de llevar a cabo la exposición. Desactivó la protesta del sector artístico llamándola maniqueamente “polémica” y la presentó como algo positivo. Defendió la exposición por la relación de Gabarrón con la ONU y por ser él de Valladolid. El primer argumento es pintoresco, el segundo falso, el artista nació en Mula, provincia de Murcia.

El mismo día aparecía ante el estupor de artistas y arquitectos la agresión del colectivo Boamistura contra el edificio de la Alhóndiga, en Getafe, la última obra del arquitecto Fisac. A modo de humillación última, los artistas llamaban “empatía” a los colorinchis con los que ocultaban el hormigón de esa particular percepción brutalista de uno de nuestros grandes arquitectos. El festival CI Urban Fest era la excusa para este condenable acto que la organización denominaba “mayor galería de arte urbano de España”. A los equipos de prensa de los partidos les encanta lo de tenerla más grande, todo muy freudiano. También les encanta domesticar el arte urbano y convertirlo en decoración subvencionando a subversivos que se convierten rápidamente al credo municipal.

Me encantaría ser optimista, pero creo que van a seguir meándonos. Han descubierto que, cuando estamos cabreados, no ponemos una canción en Facebook.

Enlazamos lo de Boamistura con el Faro del Ajo, pero también con el affaire Gabarrón para llegar a una conclusión: los políticos no respetan la opinión de los expertos y les importa un bledo que el mundo de la cultura proteste o se oponga a algo.

Durante el confinamiento, cada sector se posicionó para defender su fuerza de cara a la creación y reparto de ayudas y proyectos. No pretendo tener el peso de la industria farmacéutica o agrícola, no soy tan ingenuo, pero no hemos sido capaces de conseguir nada. Nada. Un día a alguien se le ocurrió hacer una huelga en Internet, no subiendo contenidos. La seguí por corporativismo, sin creer en una acción en la que nadie perdía nada. El ministro Rodríguez Uribes citó a las asociaciones, apareció en un par de periódicos, hizo promesas leves y leves fueron las acciones. 

No hemos sido capaces de plantarnos, y estas tres decisiones políticas narradas arriba son la demostración de que en los tres planos se menosprecia a este sector: municipio, comunidad autónoma y Gobierno central. Me encantaría ser optimista, pero creo que van a seguir meándonos. Han descubierto que, cuando estamos cabreados, no ponemos una canción en Facebook. 

Yo saldría en adelante con paraguas.

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