¿Es Maduro un dictador?

¿Es Maduro un dictador?

Sus detractores dicen que ya no hay democracia en Venezuela. Sus defensores, que hay elecciones y partidos opositores. ¿Qué dicen los analistas?

Mike Pence, vicepresidente de EEUU: "Nicolás Maduro es un dictador sin poder legítimo". Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos: "Hay que tirar abajo la dictadura de Venezuela". Vladimir Putin, presidente de Rusia: "Maduro es un presidente legítimo". Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba: "Nicolás es un presidente constitucional"...

Los partidarios y detractores del actual mandatario de Venezuela llevan horas tratando de convencer al mundo de que ellos, y no los de enfrente, tienen la razón. De que el puñetazo sobre el tablero dado por el opositor Juan Guaidó, autoproclamado nuevo presidente, era necesario como agua de mayo o, por contra, es una perversión del juego, un golpe de estado.

Unos defienden que en el país con más reservas de petróleo del mundo se acabó la democracia, que no hay un gobierno limpio, que el poder se ejerce por encima de las leyes, no hay separación de poderes y no se respetan las libertades y derechos esenciales. Los contrarios insisten en que Venezuela se rige por un presidente salido legalmente de las urnas, es un país que tiene partidos en la oposición, hay voces disidentes con representación oficial, prensa crítica y movilizaciones en las calles.

¿Es entonces un dictador Maduro? ¿Es una dictadura Venezuela? ¿Qué elementos hacen que sean una cosa o la contraria?

Para Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano, todo depende de los matices que se añadan a la definición de "dictadura", que pueden ser muchos y variados, "pero una persona que tuerce la legislación a su antojo, según le viene en gana, que apela a la represión absoluta contra todo aquel que ose levantarse contra su voluntad y que, encima, no admite ningún tipo de diálogo con la oposición, ni siquiera que los mecanismos constitucionales funcionen, evidentemente es un dictador".

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A su entender, la situación en Venezuela bajo el gobierno de Maduro ya llevaba años siendo "complicada", pero lo que "desencadena" una situación que se escapa a los estándares democráticos clásicos fue cómo se abordó el resultado de las elecciones legislativas de 2015, que dieron una "amplia mayoría parlamentaria" a la Mesa de la Unidad Democrática opositora, que le permitió hacerse con el control de la Asamblea Nacional, la Cámara ahora presidida por Guaidó. "En ese momento, desde el Gobierno urdieron una maniobra para no reconocer a tres diputados indígenas, lo cual le restó a la oposición la mayoría cualificada necesaria para convocar un referéndum revocatorio, al que Maduro se ha negado sistemáticamente", explica desde Madrid.

"Si a esto le sumamos la convocatoria de una totalmente ilegal Asamblea Constituyente [una especie de Cámara en paralelo a la Asamblea], que teóricamente iba a redactar una nueva Constitución y que todavía sigue haciendo no se sabe qué... Y con una justicia completamente subordinada a la voluntad de Maduro, evidentemente eso es una dictadura", insiste el analista.

Una persona que tuerce la legislación a su antojo, según le viene en gana, que apela a la represión absoluta contra todo aquel que ose levantarse contra su voluntad y que, encima, no admite ningún tipo de diálogo con la oposición, ni siquiera que los mecanismos constitucionales funcionen, evidentemente es un dictador

Malamud recuerda que un pilar esencial de las democracias es la separación de poderes, la que no se da, dice, en Venezuela. Hubo unas elecciones legislativas que ganó la oposición, "pero a partir de ahí empezaron a urdirse mecanismos para restar posibilidades de que la Cámara legislativa tuviera poder para sancionar aquellas actividades y posturas que le interesaban. Quedaba sin espacio", indica. Más: una vez consumado el triunfo de la oposición en la Asamblea Nacional, y antes de que tomara posesión, "forzando demasiado la interpretación de la legislación, la Asamblea saliente, que todavía estaba controlada por el oficialismo, nombró una serie de magistrados del Tribunal Supremo, con lo cual ese poder quedo totalmente en manos del Gobierno, cuando a quien le hubiera correspondido nombrar a los magistrados hubiera sido a la nueva Asamblea".

En Venezuela hay elecciones. Las últimas presidenciales, por ejemplo, fueron en mayo, adelantadas sobre el calendario previsto. Ha sido en este mes de enero cuando Maduro ha tomado posesión de su segundo mandato, que finaliza en 2025. ¿No son democráticos los comicios en el país? El investigador del Elcano dice que "en principio" deberían serlo, "pero hay que tener en cuenta una serie de condicionantes". El primero, que todo lo que llama el "poder electoral", el tribunal y el órgano que controlan los procesos electorales, "también está controlado por el Gobierno, con lo cual se condiciona claramente el resultado". La Unión Europea ya dijo, ante estos comicios, que no respondían a los "estándares internacionales mínimos". El segundo condicionante es que "hay mecanismos para forzar el voto, sobre todo de los funcionarios públicos, por un lado, y de los sectores que reciben ayuda oficial, por otro" . Y el tercero, prosigue, sería la "represión" y el "arrinconamiento" de la oposición.

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"Hay un dato adicional que habla de que las venezolanas no son unas elecciones absolutamente igualitarias: partimos del hecho de que las últimas presidenciales se celebraron muchos meses antes de lo previsto, en una convocatoria inaudita y fuera de los plazos establecidos (...). Esto se hizo precisamente con el objetivo de evitar que un deterioro de la situación interna se tradujera en un resultado electoral contrario a los intereses del Gobierno. El hecho de adelantar de forma ostensible las elecciones habla de un Ejecutivo que juega con ventaja en todos los frentes, lo cual evidentemente le resta legitimidad al proceso electoral", asevera.

En una dictadura no suele haber partidos de la oposición ni posibilidad de que acudan a las urnas. Sí en Venezuela, pero "es un milagro", denuncia Malamud. "Hay una persecución sistemática de los líderes de la oposición, muchos están en la cárcel, la mayoría en el exilio, perseguidos o en la clandestinidad, y esto complica evidentemente las cosas. Se les prohíbe la posibilidad de acceder a cualquier tipo de ayuda económica proveniente del extranjero, lo cual los ahoga económicamente, les impide hacer publicidad legítima de sus posiciones. No es una carrera igualada", señala.

Y hay otros derechos esenciales, dice, que también se resienten, como el de la libertad de prensa, con diarios que cierran por falta de papel, debido a la crisis económica, que se ven relegados a una sencilla edición digital. "Pero también en este terreno hemos visto, en repetidas oportunidades, cómo el Gobierno, valiéndose de sus mecanismos, dificultaba el acceso a las páginas webs donde estaban colgadas esas ediciones. Si a eso sumamos un control cada vez mayor de las televisiones y las radios, por parte del Gobierno y sectores afines, la situación es muy clara", concluye.

Para Anna Ayuso, investigadora principal para América Latina en el centro de investigación de relaciones internacionales CIDOB, en Venezuela se ha producido un "claro proceso de involución democrática", cuyo punto de inflexión, coincide, está en la victoria de las legislativas por parte de los opositores al chavismo y por las elecciones presidenciales del pasado año.

"A partir de ahí sí que podemos hablar no una dictadura militar, pero sí una autocracia, ya no hay una democracia liberal porque se han eliminado las elecciones plurales, no es un estado de derecho porque no se respeta ni la separación de poderes ni una sujeción a la ley por parte de los poderes públicos, y además hay una situación de represión a la oposición", explica desde Barcelona.

El pasado verano, Ayuso publicó un análisis -junto a la profesora Susanne Gratius- en el que califica la situación de "autoritarismo caótico", porque "es un autoritarismo en el que no hay solamente un poder central, sino un conjunto de poderes que son autárquicos. Por eso no es una dictadura al uso, sino una dictadura con una serie de sectores que se han apropiado de las instituciones". A su entender, tras la entrada mayoritaria de los opositores en la Asamblea Nacional, "se ha ido desmontando todo el aparato democrático", hasta llegar a las manifestaciones de estos días.

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  5c8a66403b000037066bee88Handout . / Reuters

Repasando los puntos básicos de las democracias, repite como Malamud que separación de poderes "sencillamente no hay" y que no se puede afirmar que las elecciones en el país hayan sido todo lo claras que deberían. "No puede decirse que no hay elecciones, claro, pero no tienen las garantías ni de pluralidad ni de confiabilidad exigidas. Estamos hablando de que no hay realmente una calidad democrática". Aboga por acudir a definiciones "más exigentes", que no se queden sólo en la casilla de hay o no hay comicios, sino que definan cómo son esos comicios. "Y, en ese caso, una democracia liberal, con estado de derecho, no se da en Venezuela en estos momentos", resume.

Podemos hablar no una dictadura militar, pero sí una autocracia, ya no hay una democracia liberal porque se han eliminado las elecciones plurales, no es un estado de derecho porque no se respeta ni la separación de poderes ni una sujeción a la ley por parte de los poderes públicos, y además hay una situación de represión a la oposición

Ayuso remarca que la cúpula del poder judicial del país "prácticamente ha sido nombrada a dedo" por el Gobierno y la fiscalía "también". "Es que no hay nada de autonomía", lamenta. Eso, en cuanto al poder judicial. En cuanto al legislativo, "se han anulado los poderes" de aquellas instituciones, como la Asamblea, en las que los opositores han conseguido representación.

"Voz en la calle sí tienen, al contrario que en otras dictaduras. Eso es verdad. En otras no hay en absoluto libertad de expresión. No es verdad que no la haya en Venezuela, hay más que en otros lugares, aunque también es verdad que a los medios de comunicación se les ha restringido por la vía de ahogarles económicamente, de comprarlos. Eso es innegable, como que hay presos políticos", relata.

Malamud y Ayuso coinciden en que es complicado plantear el escenario en Venezuela ni a pocos días, tras el vuelco de Guaidó. El investigador del Real Instituto Elcano reconoce que la situación es "muy cambiante", aunque "la coyuntura se ha acelerado considerablemente" con el paso dado por el autoproclamado presidente y la cascada de apoyos que ha generado su paso.

"Creo que estamos a comienzos del principio del fin, posiblemente, pero la cuestión es cómo se llegará a ese fin, y todo depende de la posición que adopte el ejército. Ya hemos visto que buena parte de los mandos respaldan al Gobierno; habrá que ver si en los sectores medios, intermedios y bajos hay una toma de postura a favor de la oposición o no, pero también es preocupante la existencia de los llamados colectivos, sectores paramilitares que apoyan decididamente al Gobierno", agrega.

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  5c8a66402500005806811966LUIS ROBAYO via Getty Images

Por ese flanco podría producirse algún conato de guerra civil, aunque por ahora descarta un escenario bélico, "porque entre otras cosas el pueblo y los sectores opositores de momento no tienen armamento". Lo que está claro, abunda, es que la transición puede ser complicada. "El proceso de sacar al chavomadurismo del poder va a ser muy duro, podría ser muy sangriento, salvo que por un milagro de la naturaleza Maduro y los suyos decidan dar voluntariamente un paso al costado, cosa que de momento está muy lejos de producirse", vaticina.

Ayuso también pone el acento en lo que hagan los militares y "en qué medida se mantenga el control por parte de las Fuerzas Armadas de la situación". "Obviamente, por ahí habrá muchas presiones de muchos lugares. Está todo casi demasiado tranquilo, eso quiere decir que ahí hay negociaciones por lo bajo. Por lo menos, parece que no hay la intención de entrada de usar la fuerza. Saben que eso sería negativo y una excusa para una intervención. Habrá un intento por parte de Maduro, creo, de dejar pudrir la situación, poco a poco ir aislando y dividiendo a la oposición", finaliza.

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