Especialistas en odiar: el banquillo ultra de Vox en Cataluña

Los escarmentados de Vox relatan cómo fue la operación con la que los más radicales se hicieron con el control.
Ignacio Garriga (izq) y Santiago Abascal, el pasado 1 de febrero en Barcelona, en plena campaña electoral.
Ignacio Garriga (izq) y Santiago Abascal, el pasado 1 de febrero en Barcelona, en plena campaña electoral.
Europa Press via Getty Images

Si se cumplen los pronósticos más optimistas para Vox, Santiago Abascal puede sentar el próximo 14 de febrero en el Parlament a dos imputados por presuntos delitos de odio contra inmigrantes. Los número tres y cinco de la lista por Barcelona, Joan Garriga —primo del número uno, Ignacio— y Mónica Lora, secretaria y tesorera, son dos de las caras más visibles. Pero exmiembros del partido cuentan a El HuffPost que en las listas también hay miembros del Opus Dei, falangistas y neonazis.

La dirección ultra en Barcelona es la zona cero de una cruenta guerra por el control del partido que desató el líder de Vox, cuando impuso una gestora en 2019. Ese movimiento le obligó a sentarse ante el juez tras las denuncias de “golpe de Estado” por parte de la militancia. La justicia absolvió a la formación de extrema derecha por disolver el comité ejecutivo provincial tras no apreciar vulneración alguna de los estatutos en esa operación que tantas víctimas políticas dejó.

Pero fue aquel golpe en la mesa el que permitió el desembarco de Garriga y Lora, dos exdirigentes del partido abiertamente xenófobo Plataforma por Cataluña (PxC), que acordó disolverse e integrarse en Vox hace dos años.

Los dos, Garriga y Lora, repartieron en 2011 propaganda del PxC, la formación racista de Josep Anglada. Durante aquella campaña buzonearon cheques simulados de 4.000 euros a nombre de un migrante ficticio e incurrieron en un supuesto delito de odio por el que tendrán que responder ante el juez próximamente.

Por eso, algunos de quienes tenían el carné de Vox en su cartera están muy disgustados con el banquillo que el partido presenta en estas elecciones catalanas.

“Los miembros de Plataforma, en octubre de 2018, hablaron con Abascal y le pusieron a su disposición el dinero que tenían”

“Personas imputadas y que supuestamente han cometido delitos no deberían ir en listas electorales”, cuenta Fernando Moya, exportavoz del partido en la provincia de Barcelona. “Abascal ha permitido la llegada de esa gente, primero porque es su ideología. Y luego porque los miembros de Plataforma, en octubre de 2018, hablaron con Abascal y le pusieron a su disposición el dinero que tenía el partido”, explica Moya, quien dio un portazo al PP de Rajoy por su actuación el 1 de octubre, pero al que ha vuelto tras ver que Vox “es un reducto de nazis, de falangistas y de gente de la extrema derecha”.

“Lora y Garriga llegan a ocupar sus cargos a través de personas del partido. Primero, pensábamos que aparecían por casualidad, pero luego nos enteramos de que pertenecían a Plataforma. Tenían el apoyo del partido en Madrid. Y eso que nos consta que hablaban mal de Vox. Pero era un partido que iba a desaparecer... Nos sorprendió mucho cómo la recomendación de que había que contar con esta gente terminó siendo una imposición”, explica una fuente que tuvo mucho peso en la dirección de Vox en Barcelona, pero que prefiere no dar su nombre para no reabrir “viejas heridas”.

La guerra terminó, pero aún quedan secuelas. Los antiguos cargos de PxC han permeado en Vox Cataluña y se han hecho con el control de Barcelona, Girona y parte de Tarragona. “Ignacio Garriga, primo de Joan, está ahí por él y por Jorge Buxadé, porque han puesto dinero y porque Joan Garriga era un hombre de confianza de Buxadé, que es quien manda en ese triángulo. Joan Garriga ha ido de la mano de Buxadé toda la vida. Ambos estuvieron juntos en Falange. De ahí se cambiaron al PP, del PP pasaron a Plataforma y de ahí a Vox. Joan Garriga ha sido un esbirro, una herramienta de Jorge Buxadé para hacer ciertos trabajos sucios”, concede Fernando Moya.

Ignacio Garriga (izq) junto a Mónica Lora, en una visita a Mataró en 2019.
Ignacio Garriga (izq) junto a Mónica Lora, en una visita a Mataró en 2019.
TWITTER @Igarrigavaz

El desembarco de ese triángulo, sospechan los escarmentados de Vox, se produjo maletín en mano. “Esa gestora paralela nos la vendieron como un refuerzo. Pero en realidad estaban colocando a gente suya en toda Cataluña con el beneplácito de la dirección nacional”, explica otra fuente hastiada de su paso por Vox en Barcelona.

“Plataforma por Cataluña era bastante rentable porque lo que cobraban sus cerca de 60 concejales por ser un grupo político y tal lo depositaban en las cuentas del partido y se juntaron con una cantidad de dinero importante. ¿Y qué pasó? Pues que pusieron a Abascal ese dinero a su disposición para hacer campaña para Buxadé en las elecciones europeas y para Ignacio Garriga, tanto en generales como en municipales. Creo recordar que para Buxadé pusieron 160.000 euros para campaña y para Garriga unos 60.000 más. Y, claro, como contraprestación pidieron ser quienes llevaran el partido y Abascal aceptó porque en ese momento no tenía dinero para aquí”, dice Moya.

El camino del candidato Ignacio Garriga es el de muchos en Vox; un cansado del PP. Llegó muy joven a la política, a la que estuvo vinculado desde sus tiempos como delegado de clase. Después, miembro destacado de los consejos estudiantiles desde que entró al colegio hasta que llegó a la universidad. Estudió en La Farga, una escuela religiosa vinculada al Opus Dei. Y sus excolegas de partido le ven como la persona ideal para cumplir los designios de Buxadé y su primo.

“Ignacio Garriga es el político ideal para esta gente, porque nunca les va a llevar la contraria. Es dócil. Un bolígrafo es más útil”

“Es un poco orgulloso y creído. Él estaba en el lugar adecuado en la hora correcta. Vox necesitaba alguien de sus características. Y, políticamente, es un copia y pega de Javier Ortega-Smith. Es el político ideal para esta gente, porque nunca les va a llevar la contraria. Es dócil, aunque ha aprendido a pelearse en este tiempo. Pero un bolígrafo es más útil que él. A Garriga le da mucho miedo que le pregunten algo que no está en el guión porque no sabe cómo responder”, explica otra fuente que le ha tratado en varias ocasiones en el seno de Vox.

“Garriga es del Opus. Pregúntense por qué se convierten también Lora y su primo... Vox no tiene nada que ver con lo que vendía. Yo, que conozco al presidente de Vox, le veía moderado pero a día de hoy le veo de otra manera. Y me digo: ‘No parece el que conocí’. Ahora están radicalizados. Se están rodeando de gente radical. Y, ojo, que siempre se te cuela alguno porque no conoces a todos… Pero claro, grupos que conmigo no se acercaban a Vox, ahora están encantados”, dice esa fuente que tanto peso tuvo en Vox Barcelona.

Sobre el devenir ultra el próximo 14F, las fuentes consultadas creen que no irán tan bien como parece. “Ellos creen que va a haber ‘sorpasso’ al PP. Pero ese modus operandi de plantar cara a los independentistas que les tiran piedras ya está muy manido. Lo han utilizado desde el primer día. Yo he sufrido que me tiren huevos y he tenido que tirar zapatos y pantalones porque me los llenaban de pintura. Pero eso ya está más que amortizado. Todos aquellos que Vox podía atraer por eso ya les votan”, explica Fernando Moya, quien confiesa que ejerció como portavoz la noche electoral del 10N, su último compromiso con el partido, sin haberles votado.

Mientras Lora y Garriga esperan el juicio, algunos de sus excolegas en Vox esperan su mayor descalabro este domingo.

'The New York Times' (05-12-2018)

La prensa extranjera sacando los colores a Vox