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11/11/2019 00:55 CET | Actualizado 11/11/2019 00:55 CET

Nada es igual aunque lo parezca

Este 10-N ha habido un notición que ha pasado desapercibido...

Susana Vera / Reuters
Santiago Abascal, líder de Vox. 

¿Fue o no fue una irresponsabilidad de Pedro Sánchez apostar por unas nuevas elecciones? Pero… ¿fue o no fue una irresponsabilidad de Pablo Iglesias provocar el bloqueo por su obsesión crónica de sentarse en el Consejo de Ministros? Es más, ¿acaso no fue una tremenda irresponsabilidad de Albert Rivera y su núcleo, más que duro, ambicioso y altivo renegar del tinte liberal socialdemócrata para poner rumbo a la derecha en un vano intento de dar el sorpasso al PP abandonando el centro político? 

Item más: ¿y la foto de Colón con Vox que dio carta de naturaleza a la extrema derecha en el espacio conservador centrista?

Es cierto que el PSOE ha perdido tres escaños con la repetición de comicios, pero esa pérdida le ha acercado a la gobernabilidad. A veces, perdiendo se gana. En ocasiones una derrota táctica ha provocado una victoria. 

Aunque parezca que todo sigue igual, todo ha cambiado. Por ejemplo, Ciudadanos ha sido aplastado por la realidad. Ya se lo habían advertido, tanto Manuel Valls, que no ha ocultado su decepción, como destacados fundadores del invento que ni entendieron ni aceptaron que Rivera no se abstuviera para facilitar la investidura de Sánchez, el candidato que ganó en las urnas. 

Ahora, cautiva, por Vox, y desarmada, por los electores, la formación naranja tiene ante sí una disyuntiva: empecinarse en el error, agravando su situación y destruyendo por completo su credibilidad de bisagra centrista, encima soplándole las velas a Abascal, o corregir el rumbo.  

En el último tramo de la campaña, cuando ya todas las encuestas pronosticaban el batacazo, el presidente de Ciudadanos ha insistido en que, sean cuales fueren los resultados “me voy a dedicar a desbloquear el país”. Eso dijo, y lo repitió varias veces con su habitual gesto solemne.

Con las actuales cuentas, ese desbloqueo pasaría necesariamente por apoyar al  partido vencedor. Porque, entre otras razones, para que pudiera gobernar la derecha ‘trifásica’, que no suma los escaños suficientes, tendría que contar con los votos malditos de los nacionalistas y separatistas catalanes, vade retro Satanás. Además, los liberales europeos, y hasta los ibéricos y los serranos, no aceptarían que uno de los suyos en Estrasburgo hicieran de muletilla de Abascal y cierra España.

Otro boicot y otra investidura fallida llevaría inevitablemente a tener que reformar la Constitución.

En estas elecciones del domingo 10-N, por otra parte, han mejorado algunos posibles aliados en el apoyo o la abstención: el PNV, que gana un diputado (7), de ninguna forma apoyaría a la tropa abascaliana, que quiere ilegalizar a los nacionalistas y separatistas, den o no un golpe de Estado, respeten o no la Constitución. Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, de izquierdas de toda la vida regresa al Congreso, y tampoco los hombres de Román Rodríguez (dirigente de la formación isleña) parecen propensos a apoyar a quienes pueden emprender una renacionalización de las competencias autonómicas. 

El mismo problema que tiene Ana Oramas, que aunque ha dicho y repetido que nunca apoyaría a Podemos ahora tiene que elegir entre lo malo y lo malísimo para los intereses regionales que defiende. Ya lo decía el conde de Romanones, o eso dicen: “Cuando digo nunca, nunca, nunca, quiero decir por ahora”.

Miguel Ángel Revilla, del Partido Regionalista de Cantabria, es un voto seguro para Sánchez; él no le llevaría unas latas de anchoa a Pablo Casado en la Moncloa; asimismo el líder socialista podría contar con Íñigo Errejón y su Más País. Es verdad, son sólo tres diputados, pero como dicen unos conocidos empresarios canarios que hicieron un emporio de la alimentación a partir de una humilde tienda de barrio vendiendo las latas de atún y los botes de alubias y garbanzos bastante más baratos que la competencia, “es que muchos poquitos hacen un muchito”. O, en su caso, un ‘muchazo’.

En el mejor de los escenarios el PSOE podría acompañar sus 120 escaños con otros sesenta, más o menos, algo inalcanzable para las tres derechas. Sobre todo porque el PP ve con terror, como me comenta un antiguo dirigente, que Vox maneje ministerios. En media legislatura “se nos merienda de un zampazo”.

Pero el 10-N hubo otro notición que ha pasado desapercibido: a pesar de Quim Torra y de sus llamadas a la movilización y a ‘apretar’; a pesar de que cualificados separatistas consideran que ‘cuanto peor, mejor’ porque los incendios y la violencia son propaganda de la causa de cara al exterior, a pesar de los CDR…. A pesar  de todo, incluidas las previsiones catastrofistas de Casado y Rivera, que ya veían la violencia y el caos en los colegios electorales, y que preventivamente exigían la dimisión de Sánchez si no se pudiera votar en paz y sosiego en Cataluña… en Cataluña esta jornada ha sido insólitamente tranquila dados los antecedentes. 

No se extrañen si en las próximas generales se presentan los de “Y de Extremadura qué”.

Seguramente, los 4.000 agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil enviados a Cataluña y los 8.000 Mossos desplegados han sido un elemento disuasorio eficaz, combinado con las enseñanzas que se derivan de la dura pero proporcionada sentencia del TS sobre el ‘procés’ y con las actividades de jueces, fiscales y cuerpos y fuerzas del orden y servicios de inteligencia.

También conviene sacar otra conclusión: otro boicot y otra investidura fallida llevaría inevitablemente a tener que reformar la Constitución, porque en política se puede fracasar, pero no hacer el ridículo, porque el ridículo mata. Hay alternativas para impedir la práctica corsaria, desde primar a la lista más votada, ya en la primera o en la segunda sesión, o dar más poderes al jefe del Estado para encargar la formación del Gobierno.

Ah, y Teruel Existe. La fórmula regionalista, ensayada con éxito por Coalición Canaria, se ha propagado: ahí tenemos el Partido Regionalista de Cantabria y ahora la aparición de los turolenses. No se extrañen si en las próximas generales se presentan los de “Y de Extremadura qué”.    

Todo esto es consecuencia de que no sólo hay una sensación, un sentimiento, sino unos datos de que no todos los españoles son iguales, que hay unas regiones más iguales que otras (como en Rebelión en la granja) y que mientras unos territorios son mimados por los sucesivos gobiernos, y despilfarran en mala administración y lujos, con AVES innecesarios y aeropuertos para pasear, otros se consideran injustamente olvidados y agraviados. Y quieren entrar en el fructífero juego del chalaneo del disputado voto 176.

O sea… que hay más curvas en el camino, con riscales a ambos lados.

 

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