Un país sin niños: los nacimientos se estancan en España por la crisis

La caída es sostenida desde la crisis de 2008, ahora se suma la pandemia y la incertidumbre por la guerra. Solo la inmigración permite que la población siga creciendo.
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Caen los nacimientos en España.
Caen los nacimientos en España.
Jorge Tebelan / EyeEm via Getty Images

No es país para bebés. El número de nacimientos en España se estanca y en el primer semestre de 2022 apenas varió con respecto a 2021, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Solo hubo 221 nacidos más, entre enero y junio se produjeron 159.705 alumbramientos. Se confirma así la tendencia a la baja que se vive en el país desde el inicio de la crisis de 2008. La pandemia ha sido la puntilla.

Se llegó a especular con que después de la crisis desatada por el coronavirus “se produciría un baby boom”, pero por ahora no se aprecia semejante fenómeno, explica Diego Ramiro Fariña, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC.

La bajada de los nacimientos es un fenómeno que viene de largo, explica Ramiro: “Desde finales de los años 70 en España está cayendo la fecundidad. En los 90 fuimos, junto con Italia, el país con la tasa más baja del mundo”. Una publicación de 2006 del CSIC abundaba en el fenómeno que hizo bajar la tasa de fecundidad al final del siglo pasado. Aviso: esas causas hoy suenan familiares.

El documento achaca la caída noventera a la incorporación de la mujer al mercado laboral, donde además estaba expuesta a peores condiciones laborales y una mayor precariedad con respecto a los hombres.

Al mismo tiempo, en aquellos años aún no había empezado la burbuja inmobiliaria y conseguir una vivienda en España resultaba más complicado. Estos factores fueron los que hicieron que las parejas se lo pensaran dos veces antes de empezar a tener hijos. Como colofón, el texto apunta a la “nula existencia” de políticas públicas que favorecieran la natalidad.

“Con el siglo XXI se produjo un incremento de la fecundidad, era un periodo de crecimiento económico que mejoró las expectativas a corto y medio plazo.”

- Diego Ramiro Fariña, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC.

Esa senda se corrigió levemente a con la llegada del siglo XXI y su bonanza. “Se produjo un ligero incremento de la fecundidad, motivado en que las parejas empezaron a trabajar y era un periodo de crecimiento económico que mejoró sus expectativas a corto y medio plazo”, aclara Ramiro.

La tasa de fecundidad mide el número de hijos por mujer, es una tasa que en 1975 alcanzaba los 2,77 y que con el tiempo refleja la tendencia en la que incide el experto. Ahora, como en los años 90, pintan bastos.

El reventón de la burbuja inmobiliaria, y la incertidumbre económica que provocó, arrastraron de nuevo la fecundidad hacia abajo, y cuando apenas se empezaba a recuperar unas centésimas, llegó el coronavirus. Una tras otra.

Las mujeres que ahora están llegando a la edad óptima para ser madres son las hijas de la generación de los 90, momento en el que se acusó la fecundidad más baja de la historia, con un suelo de 1,13 hijos por mujer en 1998. Esto tiene una traducción clara. “Ahora tenemos menos madres y menos fecundidad, por lo que hay muchos menos nacimientos”, cuenta Ramiro. No vale sorprenderse.

Debido a la incertidumbre económica actual, con una inflación galopante y la guerra en Ucrania, las madres “retrasan el momento de tener hijos”, expone Ramiro. La media de edad para el primer hijo se situó en 2021 en los 31,54 años, mientras que en 2008 las primerizas rondaban los 29,30, según los datos del INE.

Ese retraso podría derivar en que muchas parejas decidieran finalmente no tener descendencia, lo que podría producir altos niveles de soledad en la tercera edad para las mujeres. “Ellas tienen más esperanza de vida que los hombres, en el futuro podría aumentar el número de mujeres solas en edades avanzadas”, comenta Ramiro.

¿Entonces España pierde población?

La última vez que en España los nacimientos superaron a las defunciones en los últimos 10 años fue hace 7, en 2015. Desde entonces en España se va de este mundo más gente de la que llega. Pero, ¿significa esto que la población, en términos globales, decrece?

En absoluto. El número de habitantes en España no ha dejado de crecer, a pesar de que el crecimiento vegetativo (el saldo entre nacimientos y fallecimientos) sea negativo. “Desde el año 2000 hemos recibido cerca de cinco millones de inmigrantes, lo que hace que esa deriva [del crecimiento vegetativo negativo] se corrija”, sostiene Ramiro.

Para Ramiro, el fenómeno migratorio es el que salva la cuenta demográfica en España. “Esperemos que continúe, porque si no sí que entraremos en crecimiento negativo”, concluye.

“Desde el año 2000 hemos recibido cerca de cinco millones de inmigrantes, lo que hace que esa deriva [del crecimiento vegetativo negativo] se corrija.”

- Diego Ramiro Fariña, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC.

Si la población decrece, la situación que se vive en la España vacía podría ser extensible al resto del país. Se pondría en riesgo la cohesión social, la producción y la prestación de servicios básicos, ya que la principal materia prima de la que dispone un país para funcionar son sus habitantes.

Una tendencia europea

En el entorno europeo, la situación es más o menos la misma que en España. En la gran mayoría de países muestran un panorama similar en el cual las mujeres han ido retrasando paulatinamente la edad a la que tienen su primer hijo, según datos del Eurostat. Especialmente acusada es la subida de Irlanda, donde las mujeres tienen a su primer hijo a los 32,6 años de media.

Con la tasa de fecundidad, sin embargo, hay algunos países europeos que en los últimos 10 años la han aumentado considerablemente. Es el caso por ejemplo de Hungría, cuyas mujeres han pasado de tener de media 1,25 hijos a 1,59. Alemania también presenta un ligero aumento, de 1,39 a 1,53.

Las diferencias con otros países es notable, especialmente con aquellos que sufrieron con dureza la Gran Recesión que se inició en 2008. Los denominados PIIGS (iniciales en inglés de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) han visto reducidas considerablemente su tasa de fecundidad. Especialmente Irlanda, que pasó de los 2,05 hijos por mujer a 1,63.

Detrás del subidón húngaro podría encontrarse la política de incentivos fiscales y económicos llevada a cabo por su dirigente Viktor Orban. El mandatario, conocido por sus posiciones homófobas, ha llevado a cabo políticas que conllevan subsidios a la vivienda y rebajas de impuestos para las familias que tengan más de tres hijos, según cuenta Abc.

España, por su parte, nunca ha destacado por ser un país con grandes políticas de natalidad, a excepción del tan sonado cheque bebé del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que tuvo un escaso impacto en los nacimientos. Sin embargo, en los últimos años se han llevado a cabo iniciativas que, de cuajar, podrían animar las cifras de nacimientos.

Un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada puso el foco en enero de 2021 en la necesidad de avanzar en políticas laborales y de conciliación que permitieran a las parejas poder compaginar la crianza y su actividad laboral.

Políticas como la de 2018 de equiparar los permisos de paternidad o la iniciativa que se encuentra en trámite para garantizar la gratuidad de la educación de 0 a 3 años, que no todas las familias se pueden permitir, y que fue aprobada e diciembre de 2021, van en esa dirección.

La falta de perspectivas económicas positivas, la incertidumbre económica y ahora el terrible añadido de la guerra en Europa siguen sumiendo a España en un panorama poco halagüeño, a no ser que haya un giro de guión tan inesperado como el 2020. Pero si el plotwist tarda en llegar, la foto finish será la de un país envejecido.