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14/01/2021 07:05 CET | Actualizado 19/04/2021 14:01 CEST

¿Salvador? Illa

Justo un año después y con una pandemia de por medio, el roquerol será candidato a President de la Generalitat por el PSC.

Nacho Doce / Reuters
Salvador Illa.

El día 13 de enero de 2019, Salvador Illa Roca tomó posesión del Ministerio de Sanidad, previo nombramiento del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Justo un año después y con una pandemia de por medio, el roquerol será candidato a President de la Generalitat por el PSC.  

La designación de Salvador Illa como candidato del PSC ha pillado por sorpresa a todos, máxime cuando el día antes de hacerse público, el mismo negó rotundamente esta posibilidad en un directo para Televisión Española. Si bien, desde que Miquel Iceta, la víspera de Nochevieja, hiciera pública la candidatura de Illa a la Generalitat de Cataluña, todos los partidos políticos que concurren a estas elecciones han convergido en la “irresponsabilidad” de tal hecho. En Vox afirman que deberían haber dejado el Ministerio hace meses, mientras que desde el PP, Nuñez Feijóo, asemeja la poca suerte que ha tenido Illa con el virus de la pandemia, a la que tendrá con el “virus independentista”. Por último, tanto Inés Arimadas de C’s como Laura Borrás de JxC, reprochan el uso electoralista del Ministerio de Sanidad en plena tercera ola.

Ahora bien, ¿qué hay detrás de este movimiento?, ¿qué diferencia a Illa frente a Iceta?, ¿cómo se plantea la campaña? Estas son algunas de las preguntas a las que, en los siguientes párrafos intentaremos dar respuesta. 

¿Qué ha pretendido el PSOE con este nombramiento?

Presumiblemente, con este cambio de candidato, desde Ferraz querían aprovechar el potencial tirón electoral y la “buena prensa” de Illa para mejorar resultados en unos comicios, los del 14 de febrero, que se antojan claves en las lógicas independentismo – unionismo. Así lo atestiguan algunas encuestas publicadas tras el anuncio del todavía Ministro de Sanidad. Por ejemplo, la encuesta del GESOP es optimista y da la primera posición al PSC, con un horquilla de entre el 35 y 36 escaños y un 24,1% de estimación del voto, por delante de Esquerra Republicana (20,9%) y Junts per Catalunya (19%). 

El cambio se produce ante el aumento de intención de voto del PSC desde la llegada de los socialistas al Gobierno de la Nación. Al mismo tiempo, se ha producido un estancamiento de la valoración del hasta hace unos días candidato, Miquel Iceta, quién según los datos de los sucesivos barómetros del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), tenía su “nota” política congelada entorno a un 4 sobre 10. Recientemente, tanto el CIS (a través de una interesada submuestra catalana) como el CEO, han introducido a Salvador Illa para su valoración como lider, superando el ministro en 1 punto a su compañero de partido.

Además de situarnos en plena tercera ola de la Covid-19, el cambio en el liderazgo de los socialistas de Cataluña, se produce dentro de una renovación de cabezas de lista en la candidaturas para esta autonomía, como es el caso de Laura Borras en JxC o Carlos Carrizosa en C’s, sustituyendo a la ya “popular” Lorena Roldán. 

El perfil de Illa como cabeza de lista, se aleja a priori de la espectacularización y dramatización de la política así como de la polarización identitaria de las elecciones precedentes. Con respecto al primer elemento, Illa no es un candidato carismático en sentido weberiano, presentando un perfil sobrio y de gestión, alejado de “espectáculos”, como él mismo declaró en varias ocasiones durante la pandemia (a diferencia de Iceta, más proclive a comunicar de esta manera). Es un arma de doble filo dado que la  oposición puede recriminar la falta de empatía con la ciudadanía del Ministro. En un contexto donde la comunicación política de los líderes, no se entienden sin un uso, e incluso abuso, de las emociones, Illa se aleja de esta tendencia y se planta como un político de gestión. 

Esta última cualidad podría ser una ventaja para pescar en el caladero de los ex-votantes de Ciudadanos, que se debaten entre el cambio de voto y la abstención, pero también podría penalizar si lo que queda de su gestión en el Ministerio resulta no cumplir con las expectativas, lo cual puede generar un exceso de desgaste antes de la campaña electoral. 

¿Qué le espera a Illa en la campaña?

A la hora de pronosticar lo que pueda ser la campaña electoral para el roquerol  encontramos dos aspectos positivos y uno negativo. 

En primer lugar, Salvador Illa podrá beneficiarse del cambio de dinámicas en el debate político catalán. La situación de polarización que vive España, pero también la mayoría de países democráticos, está auspiciada, entre otras cosas, por la pandemia que nos acaece. Para este fenómeno Cataluña no es una excepción. Sin embargo, ésta se erige, principalmente, sobre la gestión de la Covid-19. En el caso de Cataluña esto supondrá que, tanto política como mediáticamente, el eje polarizante independentista - unionista pueda pasar a un segundo plano en detrimento del debate en torno a una eficiente y correcta gestión de la crisis. A este parecer, la figura de Illa como cabeza visible de la lucha contra la pandemia desde el Gobierno central, podrá beneficiarse electoralmente de su experiencia en el Ministerio de Sanidad y presentarse como el mejor candidato y «más formado» para abordar las consecuencias de la crisis epidemiológica desde el Govern. 

En segundo lugar, el todavía Ministro de Sanidad, como el PSC en general, concurre a las elecciones catalanas con la intención de ser un “atrapalotodo”. Es decir, un partido que aspira a mostrarse en el centro del eje ideológico (izquierda - derecha) e identitario (independentismo - unionismo) para atraer los previsibles votos descontentos de C’s, así como electores “independentistas coyunturales” de ERC y JxC, en un escenario de alta indecisión. Sin olvidar la competición electoral con la marca de Unidas Podemos en Cataluña. 

En tercer y último lugar, el catalán jugará con un hándicap; será la diana común sobre la que apuntarán el resto de formaciones concurrentes a estas elecciones. Generalmente, las campañas electorales adoptan unas dinámicas por las cuales la oposición critica la mala gestión del Gobierno en cuestión, intentando erosionar así sus capacidades de gestión. Para este caso en concreto, los partidos de la oposición deberían criticar al Govern en su presunta mala praxis como ejecutivo autonómico. Ahora bien, el cambio de Iceta por Illa compartirá linchamiento con el Govern por dos motivos: por un lado, viene de Madrid con una buena reputación, con el foco mediático puesto sobre él y con expectativas muy altas, por otro lado, representa el blanco perfecto que partidos de ámbito estatal como PP, Vox y Ciudadanos necesitan como cabeza de turco para nacionalizar el debate en torno a la gestión de la pandemia.

En definitiva, la jugada desde La Moncloa viene motivada por la necesidad de un impulso a la “federación” catalana en las próximas elecciones que facilite a la larga la interlocución y el diálogo político con la autonomía (ya sea con Illa como President, o como figura de mediación). El contexto de pandemia ha hecho que la sobriedad y la experiencia de Illa sea un activo para la próxima cita electoral. ¿Será entonces Illa un “Salvador”?

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