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12/06/2019 07:22 CEST | Actualizado 12/06/2019 07:22 CEST

Violencia de género: 1.000 = 60 + 60 + 60 + 60…

El machismo se mantiene con esa capacidad criminal porque no se hace lo suficiente para erradicarlo.

La dramática realidad que refleja la cifra de 1.000 mujeres asesinadas por los machistas de la violencia muestra parte de la terrible realidad capaz de producirla, pero también esconde algunas de las circunstancias que la hacen posible.

El impacto de los mil homicidios es tan intenso que nos hace olvidar que el tiempo en que se han producido se reduce a menos de 16 años, concretamente desde 2003, año en que se unificaron los criterios y se definieron los indicadores para hacer un seguimiento estadístico de los homicidios de mujeres cometidos por los hombres con los que compartían o habían mantenido una relación de pareja. La situación hace que la media anual de homicidios machistas supere los 60, lo cual revela las características de una realidad que de una manera u otra ha permitido que los asesinatos hayan ido sumando hasta alcanzar la referencia crítica de los 1.000 homicidios.

No se trata de una serie de atentados aislados ni de situaciones particulares con decenas de homicidios simultáneos, que tras haberse repetido un número de veces han generado el escalofrío de esas 1.000 muertes criminales. Se trata de una “normalidad” mantenida para dar lugar a 60 homicidios un año, 60 al otro, 60 al siguiente, 60 después, 60 a continuación, 60 de nuevo, 60 una vez más… así hasta los 1.000 que ahora impactan contra nuestras conciencias. Y lo terrible no sólo es la dimensión alcanzada, sino el camino que lo ha hecho posible. 

¿A qué otra violencia se le habría “permitido” sumar, año tras año, 60 homicidios hasta alcanzar los 1.000? ¿Se habrían “permitido” 60 homicidios terroristas anuales durante 16 años, se habría reaccionado del mismo modo ante 60 homicidios racistas, o ante 60 crímenes mortales xenófobos o de cualquier otro tipo? Claramente no.

60 asesinatos un año, 60 al otro, 60 al siguiente, 60 después, 60 a continuación, 60 de nuevo, 60 una vez más… así hasta los 1.000 que ahora impactan contra nuestras conciencias.

En ninguno de esos homicidios habría una parte de la sociedad justificando las muertes por el origen o alguna circunstancia del agresor, o por la conducta  de las víctimas. En ninguna de esas violencias habría una estrategia a nivel de redes sociales intentando ocultar las características específicas de esas conductas, ni se hablaría de que “violencia es violencia”, ni tampoco se diría ante las denuncias que la mayoría son falsas o que los agresores pierden la presunción de inocencia por el simple hecho de ser denunciados. Y en ninguna de esas violencias se permitiría una asociación de víctimas de la ley encargada de combatirlas. En cambio, en violencia de género se permite todo eso y más. Ese es el problema.

Abordar la violencia de género significa enfrentarse a la realidad que la hace posible, no a las circunstancias de cada uno de los casos, sino a los elementos comunes a todos ellos que la cultura machista pone a disposición del hombre que decide acudir a ellos desde la normalidad. Una normalidad que lleva a las víctimas a decir “mi marido me pega lo normal”, como refleja la macroencuesta de 2015 cuando el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia que sufren “no es lo suficiente grave”, o a que sean las víctimas, no los agresores, las avergonzadas (el 21% no denuncia por sentir vergüenza). Es esa normalidad machista la que genera la violencia contra las mujeres y la que dificulta solucionarla. Ninguno de los 60 homicidas que matan un año asesinan al siguiente, sin embargo, ese nuevo año otros 60 hombres terminarán asesinando a sus parejas o exparejas, pero estos tampoco lo harán el próximo año, aunque otros nuevos 60 hombres asesinarán a las mujeres con quienes comparten una relación de pareja… Y todos ellos surgen de la “normalidad” de una sociedad capaz de invisibilizar la violencia contra las mujeres y de ponerla en duda cuando se visibiliza. Ninguno formaba parte de redes criminales, ni estaba en bandas de delincuencia… eran “hombres normales”, como luego los define el vecindario ante los medios de comunicación cuando conocen que han asesinado a sus mujeres.

El machismo se mantiene con esa capacidad criminal porque no se hace lo suficiente para erradicarlo, lo vemos cada día ante la permisividad de los mensajes que aumentan el odio hacia las mujeres.

Las 1.000 mujeres asesinadas por violencia de género son consecuencia del “éxito” del machismo que lleva siglos maltratando, violando y asesinando, no del fracaso de la ley. Pero el machismo se mantiene con esa capacidad criminal porque no se hace lo suficiente para erradicarlo, lo vemos cada día ante la permisividad de los mensajes machistas que aumentan el odio hacia las mujeres, y presentan a los hombres como víctimas de una especie de complot feminista que busca enriquecerse a costa de su dolor. Y lo hemos visto cuando el Pacto de Estado se ha dirigido “contra la violencia de género”, y no “contra el machismo” que la origina desde la normalidad que ha impuesto por medio de la cultura.

 

Este post se publicó originalmente en el blog del autor. 

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