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09/06/2019 09:42 CEST

Vitrificación (o congelación) de óvulos: qué es, cuándo hay que hacerla y cuánto cuesta

Las mujeres en España retrasan la maternidad una media de 5,2 años. El problema es lo que tiene que decir la biología de esto.

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El panorama de la natalidad en España empieza a ser desolador. Queremos ser madres, pero el estilo de vida que llevamos no nos lo permite. Entre el trabajo, la economía o los problemas de conciliación, las mujeres retrasan la maternidad una media de 5,2 años más de lo deseado (según los datos de la Encuesta de Fecundidad del INE publicada el pasado mes de abril).

¿Y qué tiene que decir la biología de esto? Pues que lo estamos haciendo mal, muy mal. Los trabajadores de las clínicas reproductivas aseguran que viven auténticos dramas porque se encuentran con muchas mujeres que cuando por fin encuentran el momento idóneo para quedarse embarazadas, resulta que la naturaleza no se lo permite.

“Esto es muy duro, porque hay mujeres que afrontan un fracaso y luego otro y otro… Y hay quien desgraciadamente no lo consigue”, cuenta a El HuffPost Ana Cobo, directora de la Unidad de Criobiología de IVI Valencia.

No todo está perdido. Hoy en día existen infinidad de tratamientos de reproducción asistida, pero hay uno que cada vez se está reclamando más en las consultas: la vitrificación de óvulos (mal llamada congelación de óvulos).

Aunque el Instituto Nacional de Estadística (INE) todavía no dispone de datos estadísticos sobre su penetración, en la clínica de Cobo se realizaron entre 2014 y 2018 alrededor de 6.000 tratamientos de preservación de fertilidad, el 85% de ellos por razones sociales (sin motivos médicos).

“Hay que recordar que la vitrificación no garantiza el embarazo”, señala Victoria Verdú, coordinadora de ginecología de la clínica Ginefiv de Madrid: “Pero al menos tienes una posibilidad que siempre va a estar ahí y eso proporciona mucha tranquilidad, porque el factor psicológico también dificulta el embarazo”.

Pero, ¿quién puede recurrir a la vitrificación de óvulos? ¿En qué consiste? ¿Cuánto cuesta?

IVI

La información es la clave

El primer paso es perder el miedo (o la vergüenza) y acudir a consulta para preguntar todas las dudas. Nosotros lo hemos hecho y en la clínica Ginefiv, la doctora Verdú nos ha explicado que antes de tomar cualquier decisión hay que conocer el estado de nuestra reserva ovárica. Las mujeres nacemos con un número limitado de ovocitos y cada una es un mundo. Aunque la edad influye mucho en la cantidad y calidad de nuestros óvulos, hay otros muchos factores a tener en cuenta.

“Necesitamos hacer un estudio de la fertilidad mediante una serie de pruebas”, explica la ginecóloga. Con los resultados en la mano, podremos decidir mejor lo que queremos hacer.

Las pruebas consisten, fundamentalmente, en un análisis de sangre para medir la hormona antimulleriana y en un recuento de de folículos antrales mediante una ecografía de los ovarios. Ambas cosas te las puedes hacer en el momento o pedir cita para otro día.

El conocimiento es poder

No hace falta querer ser madre o plantearse ningún tratamiento para que las mujeres se hagan estas pruebas. Verdú, coordinadora de ginecología de Ginefiv, señala la importancia de que las pacientes dispongan de esta información de forma periódica.

Su clínica elabora cada año una encuesta a más de 1.000 mujeres y la hecha en 2018 señaló que solo el 3% de las encuestadas de entre 18 y 40 años “sabía cuál era su reserva ovárica y tenía conocimiento de su capacidad reproductiva”.

“Tener esta información ofrece a la mujer la posibilidad de elegir si es conveniente posponer la maternidad o si debe plantearse el preservar la fertilidad para disponer de óvulos útiles en el momento que se quiera ser madre”, explica la especialista.

“Al igual que se realizan citologías, ecografías o valoraciones mamarias, se debería incluir también esta prueba en las revisiones ginecológicas para que la paciente conozca sus posibilidades y pueda tomar decisiones sobre la maternidad”, añade Verdú.

Cobo, de IVI, señala además que las mujeres no suelen “ser conscientes de que a partir de los 35 años, la fertilidad empieza a caer en picado”. La edad es un factor determinante, pero no es suficiente: “Hay mujeres mayores de 35 que tienen una reserva ovárica envidiable, pero también ocurre todo lo contrario. Chicas muy jóvenes que, por el motivo que sea, la tienen baja y no lo saben. Y están tan tranquilas pensando en que como son jóvenes todo va bien”.

¿Cómo es el proceso para la mujer?

Una vez hechas las pruebas y tomada la decisión, el proceso debe hacerse en tres fases: estimulación ovárica, punción ovárica para la obtención de los ovocitos y, por último, vitrificación de ovocitos.

“La estimulación es un tratamiento hormonal. Dura más o menos 15 días en los que te vas a casa con tus jeringuillas y te pinchas tú misma en la barriga”, explica Cobo.

Después de ese periodo, se programa la extracción o punción ovárica. “Se hace en quirófano, con una sedación suave para evitar cualquier molestia. El médico emplea unas agujas de punción para llegar hasta el ovario vía vaginal y se extraen los ovocitos”, continúa Cobo.

En cuanto la paciente se recupera de la sedación, se puede ir a casa. “Para ella, todo termina en ese momento, el resto es trabajo del laboratorio”, afirma Cobo. Ni siquiera hay que pedir baja en el trabajo porque los únicos efectos secundarios serían los derivados de la sedación.

¿En qué consiste la vitrificación?

“Cuando los ovocitos nos llegan al laboratorio, los sometemos a varios pasos, seleccionamos los maduros y los introducimos en nitrógeno líquido a -196ºC. Y luego los almacenamos hasta que se necesiten”, cuenta Cobo.

IVI

¿Cuál es la tasa de supervivencia de los ovocitos y cuál es el éxito de gestación?

La ginecóloga de Ginefiv asegura que la supervivencia de los ovocitos congelados es del 90%. Sin embargo, que sobreviva el óvulo no supone una garantía completa de gestación.

“Tú no quieres quedarte embarazada, quieres un niño en casa… Y esa tasa sí disminuye. ¿Cuánto? Depende de la edad a la que se haya vitrificado”, explica Cobo.

Tasa de éxito (niño en casa) en función de la edad a la que se vitrifique:


—35 años: en torno al 45%.
—35-39: alrededor del 25%
—Más de 40: sobre el 3,5%.

“Estos datos muestran que la cuestión está en la edad del huevo, no en si sobrevive o no. A medida que la aumentamos la edad, las posibilidades se reducen”, señala Cobo, de IVI: “Esto hay que explicarlo muy bien en la consulta. Hay que decir claramente a cada mujer cuáles son sus posibilidades reales”.

Verdú tarecuerda que no solo se vitrifica uno: “Igual son 15. Depende del número de ovocitos buenos que se puedan extraer, lo cual, también dependerá de la edad”.

El problema, aclara Cobo, es que en torno al 75% de las mujeres que acuden a IVI para vitrificar lo están haciendo con edades comprendidas entre los 35 y 40 años. “La media es 37,6. Deberían venir antes. Por eso insistimos en lo importante que es tener información para poder anticiparse”, afirma.

¿Cuánto duran los ovocitos almacenados?

Cobo asegura que en IVI están desvitrificando óvulos de 2007, que es cuando empezaron a usar esta técnica y que no presentan ningún tipo de merma por el almacenaje: “El tiempo de vida es indefinido. El tiempo que sea necesario”.

Ginefiv

¿Hasta cuándo puedo usar los óvulos congelados?

Las expertas nos cuentan que en España no hay una edad límite, pero que todas las clínicas de reproducción se han puesto de acuerdo en los 50 años. “No se implantan óvulos a partir de esa edad. Si una mujer quiere hacerlo, lo tenemos que elevar a los comités éticos para que lo aprueben. Es el consenso”, señala Cobo.

“Lo que sí que hay que tener en cuenta es que una gestación a una edad avanzada, independientemente de la edad del huevo, tiene un mayor riesgo obstetra. Por eso, tampoco conviene dejarlo para demasiado tarde”, recuerda Cobo.

¿Cuánto cuesta?

Esto dependerá de varios factores como la clínica que se elija, si se dispone o no de seguro médico privado o de la medicación que haya que tomar. Pero el tratamiento está en torno a los 2.500 y 3.500 euros.

También hay que tener en cuenta que a partir del quinto año hay que pagar una cuota de mantenimiento que oscila alrededor de 300 euros anuales.

Ginefiv
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