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13/02/2016 09:55 CET | Actualizado 13/02/2017 11:12 CET

Las claves de la semana: Dos funciones para una escena

Pedro Sánchez será presidente con el apoyo de Pablo Iglesias o no será. No hay más. El resto es un libreto al que le sobran páginas. Tantas como las 53 que suma el programa de gobierno redactado por los socialistas y en el que todo lo espinoso está enunciado pero no desarrollado y todo lo erizado queda apenas esbozado. Un documento para no molestar que sirva de anzuelo a Rivera y cuyo trazo grueso Iglesias pueda aceptar.

EFE

Nada ha cambiado. Esta semana que acaba nos deja donde estábamos antes de que arrancara, en el gran teatro de la política. Pero observen bien porque hay dos funciones. La que se representa ante los focos de la sala más comercial y la que se ensaya entre bambalinas sobre las tablas de un local alternativo.

En la primera, Pedro Sánchez ocupa el centro de la escena; Rivera hace de secundario; Iglesias se niega a salir de detrás del telón si en el reparto no le dan papel de coprotagonista y ¿Rajoy? Rajoy anda colgado de la tramoya por si hay suerte y cambia el decorado. El título: en busca de apoyos para una investidura.

Donde lo espinoso queda esbozado y no desarrollado

La obra es tan previsible que se adivina el final. Pedro Sánchez será presidente con el apoyo de Pablo Iglesias o no será. No hay más. El resto es un libreto al que le sobran páginas. Tantas como las 53 que suma el programa de gobierno redactado por los socialistas y en el que todo lo espinoso está enunciado pero no desarrollado y todo lo erizado queda apenas esbozado. Un documento para no molestar que sirva de anzuelo a Rivera y cuyo trazo grueso Iglesias pueda aceptar.

El futuro de Sánchez, en manos de Iglesias

Ya lo ha dicho Errejón en una entrevista con el Huffington Post: "Nos gusta la música, pero queremos garantías y estas son que haya un gobierno de equilibrio y paritario". El futuro de Sánchez depende de Iglesias y de nadie más. Los flirteos con Ciudadanos son un anzuelo para despistar porque ni Podemos transitará por la misma senda que Rivera ni el PP transigirá con un Gobierno del PSOE apoyado, desde dentro o desde fuera, por los del partido naranja.

El desenlace está al llegar y quienes conocen bien la psicología de Sánchez -la política en esto juega un papel secundario- apuestan a que no dejará pasar la oportunidad de convertirse en presidente del Gobierno. Aceptará lo que le pida Iglesias, se las arreglará para sortear los obstáculos internos de una consulta a la militancia improvisada para frenar las reticencias de sus barones, firmará con los independentistas las hipotecas que sean necesarias y aupará al "coleta morada" hasta la vicepresidencia del Gobierno. Todo dependerá de si a Podemos le interesa, pese a todo, un gobierno de coalición con un partido de la casta o teme enfrentarse a una nueva cita electoral en la que le será complicado reeditar sus alianzas con las Mareas. Dicen que el cálculo está hecho y fratricida también la excusa para vender el desacuerdo.

A Díaz se le vuelve a enredar el calendario

Y aquí es donde los protagonistas, todos, se trasladan, ya sin iluminación, a la sala alternativa para representar simultáneamente la otra función, la de una campaña electoral que consiste en convencer al ciudadano de que no se quieren unas nuevas elecciones y de que si, finalmente, las hay será por culpa del adversario. Por eso no hay avances. Porque de día se impostan reuniones para una posible investidura y de noche se entra en campaña.

Sólo en este contexto se entiende la vertiginosa agenda de Pedro Sánchez de esta semana y sus encuentros con sindicatos, empresarios, ecologistas, feministas, médicos, enfermeros y hasta trabajadores de RTVE. No busca en ellos apoyos para una investidura sino refuerzo para erigirse en candidato indiscutible ante unas nuevas elecciones. Por eso intenta ganar tiempo al tiempo hasta lograr que se solapen el calendario institucional y orgánico del PSOE y así cerrar el paso a un candidato alternativo. A Susana Díaz se le ha vuelto a enredar el calendario y a Sánchez le ha hecho un regalo inesperado Felipe González. "Si yo fuera Susana no me presentaría ni a candidata a la Presidencia ni a la secretaría general en mayo", ha dicho el otrora presidente del Gobierno en Canal Sur para regocijo de los de Ferraz.

El PSOE, preso de lo que pacte con Ciudadanos

No desvíen la vista de la escena porque no es sólo Sánchez quien mira de reojo a una posible y cada vez más probable cita electoral ni quien intentará hacer de una investidura fallida su primera acto de campaña para asegurarse el liderazgo de su partido. Nadie es completamente libre sobre las tablas de la primera función.

Todo lo que estos días acuerde el PSOE con Ciudadanos sobre la base de su propuesta de gobierno se le volverá en contra en campaña frente a un Podemos que le acusará de haberse escorado a la derecha, y todo lo que Rivera transite hacia la izquierda será utilizado en su contra por el PP ante una nueva convocatoria electoral. Por eso no hay avances. La posibilidad de una nueva cita con las urnas condiciona el escenario principal.

Claro que el tiempo se agota. Llega el momento de la verdad, y apenas quedan dos semanas para que Sánchez se quite la careta y diga sí o no al reparto de poder que le propone Iglesias. En ese momento, se acabará la función que todavía hoy se representa bajo los focos y la atenta mirada del respetable. Así que hagan fila en taquilla porque será entonces el momento en que se abra el otro telón y el boceto escénico que se ensaya aún por el "back-stage" pasará ya a las tablas y verán el desenlace. Y este será quizá, como han coincidido en el análisis Podemos y Felipe González, el de una España que repita con ligeras variaciones el resultado del 20-D y en septiembre estemos igual.

"Rita y ni una más"

Es el repaso de una semana que por lo demás ha vuelto a llevar España a las portadas de la prensa internacional, y no precisamente por ningún logro, sino por la vergonzante detención de dos titiriteros a los que se acusa de enaltecimiento del terrorismo por representar una sátira en las fiestas de Carnaval. En las primeras de la prensa nacional, siguieron los ecos de los casos de corrupción que salpican al PP. Pero no se inquieten porque Rajoy ya dijo aquello de "Rita y ni uno más". Así que digieran como puedan lo de la ex alcaldesa de España, el pago de los 300.000 euros en comidas y hoteles sin justificar y el vergonzante aforamiento que le ha proporcionado el PP como miembro de la Diputación Permanente del Senado, que para Rajoy lo importante de los últimos siete días es que sólo una coalición PP-PSOE-C´s sería lo democrático. Manda huevos, que diría Trillo.