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21/02/2019 07:19 CET | Actualizado 21/02/2019 07:19 CET

No querían que se publicaran las memorias de Mikel Lejarza, 'El Lobo'

Mikel Lejarza (de espalda) y Fernando Rueda.

"Este libro nunca iba a ver la luz". Mikel Lejarza lo reconoce en la introducción de Yo confieso: 45 años de espía, el libro de memorias que hemos escrito los dos para Roca Editorial. ¿Por qué pensaba guardar silencio sobre todo lo que ha hecho al servicio del Estado? y ¿por qué mucha gente no quería que hablara?

Mikel Lejarza,El Lobo, se infiltró hace 45 años en ETA y después, en lugar de estar tumbado a la bartola, regresó por decisión propia a la acción para seguir durante 15 años evitando atentados de la banda terrorista –a cara descubierta, pero operada-.

Más tarde, dirigió la infiltración del topo que acabó con Terra Lliure para evitar que atentaran en los Juegos Olímpicos del 92. Al mismo tiempo, empezó a trabajar en el grupo de La Vanguardia, tapadera para conseguir el objetivo del Gobierno de Felipe González, secundado por la oposición de José María Aznar, de evitar que el entonces presidente de Banesto, Mario Conde, se hiciera con Antena3 radio y televisión.

Mikel Lejarza acabó en prisión tras varios años de pinchazos telefónicos y operaciones secretas. El servicio secreto dijo que no tenía relación con él y El Lobo calló, se comió el marrón él solo. También le encarcelaron en otras ocasiones, siempre por cumplir órdenes del espionaje o la Guardia Civil. Estuvo en los años 80 en las prisiones vascas de Martutene y Basauri, rodeado de etarras -¡increíble!, pero cierto-. Alguien filtró que era amigo de guardias civiles y casi lo matan en varias ocasiones. Si hubieran sabido que era El Lobo, todavía habría sido peor.

Después siguió luchando contra otros enemigos del país. Persiguió a terroristas islamistas, detectó movimientos de dinero sospechosos, luchó contra el tráfico de armas y el narcotráfico, y todavía le quedó tiempo para colaborar con la Agencia Antidroga Estadounidense, la DEA, y el FBI.

No hay en España un espía que haya trabajado tanto tiempo para lo que hoy es el CNI, ni que haya realizado misiones tan trascendentales en las alcantarillas del poder. Joseph Pistone, alias Donnie Brasco, el famoso infiltrado del FBI en grupos mafiosos, del que también se hizo una película, dijo sobre El Lobo: "Si Mikel hubiera hecho el trabajo que hizo en España en Estados Unidos, le habrían dado la medalla del Congreso y sería un héroe nacional".

¿Por qué no querían que este libro viera la luz? Mikel, 'El Lobo', se desnuda, lo cuenta todo, hasta lo que no debería contar por propio interés

En España, en 2010, le otorgaron una pequeña condecoración como reconocimiento a su labor gracias al actual director del CNI, Félix Sanz. Esa medalla me parece poco para el más importante espía de la historia del país.

Pero, ¿por qué no querían que este libro viera la luz? Mikel se desnuda, lo cuenta todo, hasta lo que no debería contar por propio interés. Quiere que la gente vea la radiografía completa, incluso de aquellas acciones de las que no está orgulloso y no lo hacen especialmente feliz. Dentro de esa sinceridad, desvela los intríngulis de lo que fue su vida en ETA, pero también recuerda cómo el servicio secreto le dejó tirado entonces –"¿Mikel?, si cae, que caiga", dijo uno de sus jefes-, cómo tiempo después algunos policías le persiguieron y humillaron en ocasiones, o cómo algunos guardias civiles le dejaron tirado tras operaciones en las que se jugó la vida. Es verdad que tiene muchos grandes amigos en esos cuerpos, pero ser fiel a la verdad le ha obligado a no ocultar nada.

Uno de los aciertos del libro ha sido la participación en algunos capítulos de Mamen, la mujer de Mikel. Durante uno de los viajes que hice para hablar con El Lobo, en los que nos pasábamos días hablando y hablando, vimos que había una parte de su vida que la gente tenía que conocer al detalle, su vida más íntima, sus sentimientos más ocultos. Quien mejor podía describir lo que sufrió su familia era su propia mujer, quien además había sido la columna que había sustentado en momentos clave a Mikel –y colaboradora en algunas operaciones-. Porque el gran espía también sufrió, también lloró y hasta se deprimió. El servicio nunca le puso un psicólogo y en los peores momentos tuvo que sacar fuerzas de donde no había y en otras ocasiones fue su mujer la que le obligó a levantarse de la cama y seguir peleando.

A Mikel le hubiera encantado acudir en persona a televisiones y radios para promocionar Yo confieso. Estar en las ferias del libro firmando ejemplares. Pero no lo puede hacer porque a pesar de que ETA ha terminado, la amenaza pende más que nunca sobre su cabeza. Me lo explicó un día: "El 10 de abril de 1998 se firmó en Irlanda el fin del conflicto con el IRA. Ocho años después, un topo del espionaje inglés, Denis Donaldson, era asesinado en su casa con una escopeta de caza. Nadie se hizo responsable, pero fue alguien del pasado que le tenía ganas".

Mikel Lejarza, El Lobo, tendrá que seguir oculto en las sombras. Pero, por suerte, los apasionantes secretos de su vida salen ahora a la luz.

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