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30/11/2012 08:21 CET | Actualizado 29/01/2013 11:12 CET

Una lección desde Alemania: si quieren tener una clase media, conserven su base industrial

En Alemania, todos los partidos apoyan la estrategia de conservar a gente bien preparada en sus puestos de trabajo, incluso cuando hay un ciclo de desaceleración económica, porque eso permite mantener la base de profesionales cualificados necesaria para intensificar la producción cuando la economía inicie un nuevo ciclo ascendente.

Tradicionalmente, Gran Bretaña ha mantenido una posición intermedia entre la Unión Europea y Estados Unidos. Una posición que se extiende también a la política económica y fiscal.

Las autoridades británicas siguen creyendo que el futuro económico de Europa reside en los servicios y las finanzas. La postura de Alemania ha sido siempre -independientemente del partido que ocupe el poder- que el éxito económico nacional a largo plazo necesita una base industrial competitiva, con empresas de mediano tamaño además del pilar del sector servicios.

Cuando yo era canciller, me apodaban "el canciller de los coches". Me sentía bastante honrado, porque siempre fomentamos la producción industrial y fuimos conscientes del número de puestos de trabajo bien remunerados que estaban vinculados a la fabricación de automóviles y la cadena de suministro que la alimenta.

En Alemania, todos los partidos apoyan la estrategia de conservar a gente bien preparada en sus puestos de trabajo, incluso cuando hay un ciclo de desaceleración económica, porque eso permite mantener la base de profesionales cualificados necesaria para intensificar la producción cuando la economía inicie un nuevo ciclo ascendente.

Es mucho mejor que tener a los trabajadores en la calle viviendo de las prestaciones del Estado.

Como consecuencia, en la actualidad, la producción industrial constituye alrededor del 24% del PIB alemán, frente al 16% en el Reino Unido y solo el 12% en Francia.

Si se compara la situación económica en los tres países, se advierte de inmediato el éxito de la estrategia alemana. Cuando se examina la división del trabajo en el mundo, es fácil ver que las políticas de Alemania le han otorgado una clara ventaja. Y debemos reforzar esa ventaja, no rebajarla.

Existen otras diferencias entre Alemania y el mundo anglosajón. Unas diferencias que se ven con más claridad cuando comparamos la actitud de Estados Unidos y Gran Bretaña frente a la transparencia y la regulación de los mercados financieros con la de la Europa continental. En esta última, establecer una mayor transparencia y más regulación ha sido una de las principales prioridades, mientras que Wall Street y la City han presionado para que no se tomen nuevas medidas al respecto. Cuando intentábamos incluir esta cuestión en la agenda internacional en el G-8, estadounidenses y británicos nos lo impedían. El G-20 aceptó más transparencia y regulación, pero su puesta en práctica ha fracasado.

Lo que debemos plantearnos es si la política democrática va a prevalecer sobre el poder de los mercados financieros. Todavía no está claro quién ganará la batalla, pero la división entre el mundo anglosajón y Alemania es evidente.

Dadas las últimas declaraciones del primer ministro británico, parece que esa brecha tardará tiempo en cerrarse.

Y esa discrepancia con Gran Bretaña se extiende al futuro de la Unión Europea. No podemos achacar culpas a nadie porque todo el mundo tiene sus motivos.

Pero debemos tener claras las consecuencias.

Por consiguiente, en el futuro tendremos una Europa de "dos velocidades". Un núcleo que consolidará su unidad política a más velocidad y una Europa periférica que será partidaria de más autonomía.

Quienes, como el Reino Unido, desean detener la integración europea, no deberían poder decidir el destino de quienes prefieren seguir adelante. Los que están en contra no deberían poder frenar a los que están a favor.

Ahora bien, estoy convencido de que los países que no deseen formar parte de una mayor integración europea se quedarán rezagados en lo político y en lo económico.

Europa se encuentra en una encrucijada. La Unión Europea en su totalidad debe decidir si quiere promover el crecimiento, hablar con una sola voz sobre los problemas mundiales y desempeñar un papel fundamental en el siglo XXI, o aceptar que el mundo va a seguir adelante con o sin ella.

Gerhard Schroeder fue canciller socialdemócrata de Alemania. Sus comentarios están adaptados de una mesa redonda en una reunión pública del Berggruen Institute of Governance en Berlín.

Este blog es parte de una serie sobre "Europa: más allá de la crisis", producida por The Huffington Post y el Berggruen Institute. Para más información sobre el Berggruen Institute on Governance, visiten berggruen.org

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.