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Tomeu, mallorquín: "Es imposible ya irte a cenar a las 22.00 un martes"

Tomeu, mallorquín: "Es imposible ya irte a cenar a las 22.00 un martes"

"Estamos hartos de tener que cambiar toda nuestra vida".

Un restaurante, listo para las cenas.
Un restaurante, listo para las cenas.Getty Images

La masificación turística en Mallorca no solo se mide en cifras récord de visitantes o precios que no paran de subir; también se cuela en aspectos más cotidianos, como los horarios de bares y restaurantes.

Cada vez más residentes perciben que la vida diaria se adapta al ritmo del visitante, dejando de lado cada vez más las costumbres, los horarios y los hábitos locales. Tomeu, de 27 años y mallorquín de toda la vida, lo resume con frustración: "Es imposible ya irte a cenar a las 22 un martes".

El turista marca el ritmo

Para Tomeu, el cambio ha sido progresivo pero evidente. "Siempre se ha podido salir a cenar a las diez sin problema, entre semana o cuando fuera, pero ahora llegas a esa hora y te dicen que la cocina está cerrada o a punto de cerrar", censura el residente.

Un problema que no es puntual, sino una rutina cada vez más extendida en los establecimientos hosteleros del archipiélago. "Todo abre a las 19 y cierra a las 22", explica Tomeu.

Ese ajuste, señala Tomeu, no responde, ni mucho menos, a la demanda local: "No son nuestros horarios, pero es que absolutamente todo se adapta al visitante". "Y estamos hartos de tener que cambiar toda nuestra vida", añade.

"Vale que la hostelería se adapta a quien viene de fuera, que los turistas gastan más, que tienen más poder adquisitivo… pero es que aquí también hay gente que quiere seguir viviendo", afirma.

Una rutina que cambia sin avisar

Es un hecho que muchos turistas europeos cenan antes que los residentes españoles, y eso está reconfigurando la oferta. "Está claro, se han adaptado a ese horario porque es el que más les interesa económicamente", explica Tome.

Sin embargo, el resultado de tanta adaptación es un choque cultural en la propia isla. "Como siempre, nos tenemos que adaptar nosotros", crítica, subrayando que este cambio afecta a algo tan básico como la organización del día. "Sales de trabajar, haces dos cosas y cuando quieres cenar, ya no puedes", expone. "El problema es el de siempre, que los guiris están de vacaciones, pero los residentes tenemos una vida, unas obligaciones… Yo no me puedo ir a cenar a las 19 de la tarde porque a esa hora normalmente sigo trabajando", apunta Tomeu.

Menos vida social y más desconexión

Una situación que tiene como consecuencia que los residentes acaben modificando sus hábitos a marchas forzadas. "Ahora o cenas antes de lo que estás acostumbrado o directamente no sales", afirma el mallorquín.

"Se pierde vida social", señala Tomeu, quien cuenta que las cenas entre semana, que antes eran algo más o menos habitual, ahora son mucho más complicadas. "No es que no quieras salir, es que no hay dónde", subraya.

"Para mí salir a tomarme unas tapas un martes al salir del trabajo con los compañeros era un ritual que me hacía romper con la rutina, que me daba fuerzas para sobrellevar la semana", lamenta.

"Pero ahora quedar con amigos se hace más difícil. Y no por falta de ganas, sino por falta de opciones, que es lo que da más rabia. Parece que la isla ya no está pensada para los que vivimos aquí", reflexiona.

Para Tomeu, una pérdida simple pero significativa. "Ahora sales cansado y te tienes que poner a buscar qué sitios hay abiertos, coger el coche… ya es todo más complicado y terminas dejándolo estar", asegura.

Una sensación de desplazamiento

Para Tomeu, el problema de fondo es más profundo. No se trata solo de horarios, sino de una tendencia general que genera una sensación de desconexión: "Es como si tu forma de vivir ya no sirviese".

"Y no es algo de lo que se hable mucho, porque obviamente la masificación tiene consecuencias más importantes, pero es algo que notas en el día a día", expone Tomeu.

A diferencia de otros problemas más visibles, como la subida de los precios, la dificultad del acceso a la vivienda, el colapso del transporte o la saturación de los espacios naturales, este pasa desapercibido.

Mallorca siempre ha tenido su propio ritmo, ligado a su cultura y costumbres. Por ese motivo, perder eso, implica algo más que cambiar la hora. "Siempre hemos cenado más tarde, es parte de cómo vivimos", apunta Tomeu.

Es un cambio silencioso, pero constante. "Cada vez hay más sitios así. Para nosotros es desesperante", asegura el residente. "Y cuando hasta algo tan básico cambia, es que el impacto va mucho más allá del turismo", advierte.

Ante esta situación, muchos residentes se ven obligados a elegir. "O te adaptas o dejas de hacerlo", resume. En su caso, intenta ajustarse, pero no siempre es posible: "Ya cada vez salimos menos, porque no siempre puedes cambiar tu rutina".

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Soy redactora de la sección de Virales en HuffPost España, donde contamos temas tan diversos y amplios como lo es la sociedad.

 

Sobre qué temas escribo

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Escribo sobre divertidas anécdotas de usuarios de a pie, pero también sobre temas de salud mental. Cuento desde las aventuras más surrealistas que puedas imaginar, hasta las historias de amor más peliculeras o las confrontaciones de vecinos más hilarantes.



Hablo también de qué pasa en los destinos de viaje de moda, comparto críticas sociales sobre el tremendo problema de vivienda o sobre feminismo y no me olvido de las situaciones que viven los españoles por el mundo o los extranjeros en España.



En fin, que tendrás que meterte a leerme, ¡porque es imposible resumírtelo!

 

Mi trayectoria

Antes de estar en el Huff he trabajado tanto en agencias de noticias (Agencia EFE y Europa Press) como en medios digitales (Crónica Global).



Aunque no todo ha sido escribir, ya que también tuve mi pequeño paso como reportera de Bolsa que quedará para siempre enmarcada en YouTube y una divertidísima aventura por el mundo de la televisión, donde trabajé como personal de producción para algunos programas de Discovery Max.

 

Aunque estudié la carrera en Madrid, y es donde resido actualmente, tengo la suerte de ser literalmente del paraíso: Mallorca. Aunque también he estado viviendo un tiempo en Barcelona y en Londres. (Sí, es un poco difícil seguirme el ritmo).

 

¿Y que por qué soy periodista? Porque todavía no he encontrado nada más apasionante que escuchar historias.

 


 

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