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"No tiene ni un rasguño": Hernán Gil, el hombre que resiste a tres pisos bajo tierra y al que 100 efectivos tratan de salvar

"No tiene ni un rasguño": Hernán Gil, el hombre que resiste a tres pisos bajo tierra y al que 100 efectivos tratan de salvar

Un hombre de 47 años, vigilante de seguridad de un edificio, está sepultado en una planta -3, en un sótano, pero su garita de cemento lo ha protegido del desplome masivo. Se comunica con la Cruz Roja y está recibiendo alimento por una sonda. 

Gusbimar González espera información de su esposo Hernan Gil, que sigue atrapado en los escombros de un edificio en Catia La mar, en La Guaira (Venezuela), el 30 de junio de 2026.
Gusbimar González espera información de su esposo Hernan Gil, que sigue atrapado en los escombros de un edificio en Catia La mar, en La Guaira (Venezuela), el 30 de junio de 2026.Miguel Gutiérrez / EFE

En la localidad costera de Catia La Mar, en el estado venezolano de La Guaira, un centenar de rescatistas internacionales mantiene un silencio absoluto, apenas roto para un gesto, un movimiento, una instrucción. Esperan una señal, un hilo de voz que desafíe la lógica del desastre. Y desde las profundidades de lo que solía ser un edificio residencial, la respuesta llega: Hernán Gil sigue vivo. 

Se trata de un vigilante de seguridad de 47 años, que se ha convertido en el símbolo de la resistencia humana tras los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela hace una semana. Atrapado en el sótano de la estructura colapsada -específicamente en un tercer nivel subterráneo, de muy complicado acceso- del centro comercial Playa Grande, lleva ya siete días resistiendo bajo toneladas de escombros en una de las operaciones de rescate más complejas de las que se tenga registro reciente en la región. 

Las delegaciones de rescatadores internacionales, lideradas en este sector por brigadas de la Cruz Roja de Costa Rica, Chile, Portugal y personal extra de Estados Unidos, han superado ya las 100 horas de trabajo ininterrumpido en el sitio. Lo están intentando todo y lo hacen con ilusión porque, a pesar de la extrema gravedad de la situación física del edificio, las noticias médicas sobre el estado de Gil son asombrosamente alentadoras. 

De acuerdo con los paramédicos y especialistas en el lugar, citados por medios como EFE, el vigilante se encuentra físicamente ileso, protegido por la garita de seguridad de cemento que actuó como un escudo frente al desplome masivo. "La parte médica como tal no nos preocupa tanto. Él no tiene ni una uña prensada; está bien", explicó a medios locales uno de los coordinadores de la Cruz Roja Costarricense. "Lo que nos ha llevado todo este trabajo es acceder a él y liberarlo, ya que está atrapado bajo 140 toneladas de escombros de concreto. El riesgo de un nuevo colapso es elevadísimo", ahonda. 

"La parte médica como tal no nos preocupa tanto. No tiene ni una uña prensada; está bien"

Para mantenerlo con vida, los rescatistas chilenos lograron introducir inicialmente una sonda delgada a través de las grietas. Por medio de esta "línea de vida", como la llaman, la Cruz Roja le suministra hidratación constante y medicamentos, manteniendo un contacto verbal directo que sostiene la moral del sobreviviente. 

La misión avanza a un ritmo exasperadamente lento. El uso de maquinaria pesada ha sido completamente descartado debido a la extrema inestabilidad de la estructura. Cada piedra, bloque de hormigón y varilla de metal debe ser removida minuciosamente con herramientas manuales. 

Para mitigar los riesgos de que el edificio termine de sepultar a la víctima y a los propios operarios, la Cruz Roja de Costa Rica ha desplegado escáneres sónicos y sensores de movimiento de alta precisión tecnológica. Estas máquinas detectan cualquier microdesplazamiento o vibración milimétrica en el concreto, alertando de inmediato si la estructura amenaza con ceder durante la excavación.

La angustia de la familia

A pocos metros de la zona cero, Gusbimar González, esposa de Gil, permanece en vigilia permanente desde el pasado jueves. Como ella, miles de familias en Venezuela continúan a la espera de noticias de sus seres queridos. RCN Colombia ha hablado con la mujer y explica que Hernán entró a trabajar para cumplir su turno de 24 horas a las 8:00 de la mañana del 24 de junio y no pudo salir tras el sismo, que tuvo lugar hacia las 18:00 horas. El hombre se encontraba en el sótano, vigilando la entrada de coches, y habría buscado refugio bajo un escritorio. 

"La estructura de cemento le salvó la vida", asegura, mientras espera noticias junto a su hijo, quien padece síndrome de West y autismo, en una vivienda humilde de la parroquia Catia La Mar. "Su pareja recuerda los viajes diarios en bus que él hacía para llegar al trabajo y cumplir con disciplina sus turnos de 24 horas. Ahora, la rutina se ha transformado en una vigilia permanente, marcada por la fragilidad de su hijo y la precariedad económica", añade el medio colombiano desde el terreno.

En el último balance oficial, el gobierno central informó que más de 6.400 personas han sido rescatadas con vida, mientras que la cifra de fallecidos asciende a 1.943 y los heridos superan los 10.500. La comunidad internacional ha volcado su apoyo con el envío de más de 3.600 rescatistas extranjeros y delegaciones de decenas de países. 

Mientras muchas de las brigadas internacionales comienzan a retirarse de las áreas devastadas, al agotarse las ventanas normales de supervivencia, en Catia La Mar la operación no se detendrá. Los rescatistas aseguran que no se moverán del sitio hasta que Hernán Gil vuelva a ver la luz del sol.

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