El alcalde de Kiev alza la voz ante la fría situación en 100 hogares de la capital como consecuencia de un reciente ataque enemigo
Los bombardeos contra infraestructuras y estructuras civiles son una constante desde 2022, aunque en los últimos meses se han intensificado en algunas regiones.
El invierno no da tregua en Kiev. Tras el ataque del 12 de febrero contra infraestructuras energéticas de la capital ucraniana, miles de vecinos se quedaron sin calefacción en plena ola de frío. Dos semanas después, la situación ha mejorado, pero no está completamente resuelta: alrededor de 100 edificios siguen sin suministro térmico.
Así lo confirmó el alcalde de la ciudad, Vitali Klitschko, en un mensaje publicado en Telegram, donde detalló el avance de los trabajos de reparación.
2.500 edificios recuperan el calor
El impacto inicial fue masivo. Según los datos municipales, 2.600 edificios residenciales de varias plantas quedaron sin calefacción tras el bombardeo contra instalaciones clave de la capital.
Desde entonces, los equipos de servicios públicos han trabajado contrarreloj para restablecer el sistema. El balance provisional es el siguiente:
- 2.500 edificios ya han recuperado la calefacción
- Unos 100 inmuebles continúan sin suministro
- Las brigadas municipales siguen operando en los puntos más dañados
En una ciudad acostumbrada a inviernos bajo cero, la calefacción centralizada no es un lujo, sino una necesidad básica. La red térmica de Kiev depende de grandes plantas que distribuyen calor a barrios enteros; cuando una instalación resulta dañada, el efecto se multiplica rápidamente.
El cuello de botella en Darnytsia
La situación es especialmente delicada en los distritos de Dniprovsky y Darnytsky. Allí, más de 1.100 edificios permanecen sin calefacción debido a daños anteriores que afectaron a la central térmica de Darnytsia, una de las principales infraestructuras energéticas de la ciudad.
La gravedad de los desperfectos impide, por ahora, restablecer el suministro en esa zona. Técnicos municipales y equipos de emergencia evalúan soluciones provisionales, pero la magnitud del daño complica una reparación rápida.
El ataque del 12 de febrero forma parte de la estrategia rusa de golpear infraestructuras energéticas críticas, una táctica ya empleada en inviernos anteriores con el objetivo de presionar a la población civil y tensionar la capacidad logística del país.
Energía como arma
Desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, las centrales térmicas, subestaciones eléctricas y redes de distribución han sido objetivos recurrentes. El patrón se repite especialmente en los meses más fríos, cuando el impacto humanitario es mayor.
En Kiev, la calefacción urbana funciona mediante un sistema centralizado: grandes plantas generan calor que se distribuye por tuberías a edificios residenciales. Cuando una planta clave queda fuera de servicio:
- Miles de hogares pierden calefacción simultáneamente
- Las alternativas individuales (radiadores eléctricos, generadores) saturan la red eléctrica
- Aumenta el riesgo sanitario, especialmente para ancianos y niños
A pesar de ello, las autoridades locales insisten en que la ciudad mantiene operativos los servicios esenciales y que la restauración avanza con rapidez dadas las circunstancias.
Klitschko ha subrayado que los equipos municipales trabajan sin descanso para devolver la normalidad a los barrios afectados. Mientras tanto, para los residentes de los edificios aún sin calefacción, cada día cuenta.
En medio del conflicto, el frente energético se ha convertido en una batalla paralela. Y en Kiev, resistir al frío es también una forma de resistencia.