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El búnker de Bruselas donde 27 embajadores toman las decisiones reales de la UE antes de que los líderes se enteren: "Si somos honestos, es aquí donde se decide"

El búnker de Bruselas donde 27 embajadores toman las decisiones reales de la UE antes de que los líderes se enteren: "Si somos honestos, es aquí donde se decide"

Muchos de ellos confirman que, en un ambiente mucho más distendido y cercano, es más fácil llegar a acuerdos fundamentales.

Ursula Von der Leyen durante un acto en Bruselas
Ursula Von der Leyen durante un acto en BruselasThierry Monasse

Cuando estalla una crisis internacional, hay un lugar en Bruselas donde las decisiones empiezan a tomar forma antes de que los jefes de Estado siquiera se sienten a negociar. En lo más profundo del edificio del Consejo Europeo existe una sala ultrasegura —conocida informalmente como un "búnker"— donde los 27 embajadores de los países miembros debaten, pactan y, en muchos casos, dejan encarriladas decisiones clave.

Ese espacio es la sede del Coreper II (Comité de Representantes Permanentes), un órgano que históricamente preparaba el trabajo político… pero que hoy ejerce una influencia mucho mayor.

En un contexto de creciente tensión global —desde conflictos internacionales hasta disputas comerciales impulsadas por figuras como Donald Trump— este grupo de diplomáticos se ha convertido en una pieza esencial para la rapidez de respuesta de la UE.

De órgano técnico a centro de influencia

El Coreper II existe desde los inicios de la integración europea, pero su papel ha evolucionado de forma notable. En el último año ha aumentado la frecuencia de sus reuniones y su implicación en asuntos estratégicos. Durante la presidencia polaca del Consejo de la UE, por ejemplo, se duplicó el número habitual de encuentros semanales. 

Más tarde, bajo presidencias posteriores, llegaron incluso a reunirse a diario para abordar cuestiones urgentes como la financiación a Ucrania o el uso de activos rusos congelados.

Este formato permite reaccionar con rapidez. En enero, tras nuevas amenazas comerciales de Washington, los embajadores se reunieron de urgencia un domingo por la noche y acordaron explorar contramedidas económicas en cuestión de horas.

Hace no tanto, una decisión así habría requerido una cumbre de líderes que podría tardar semanas en convocarse.

Un espacio para negociar sin focos

Dentro de la sala, el ambiente dista del formalismo de las grandes cumbres. Los embajadores trabajan en coordinación con sus asesores y buscan consensos antes de que los temas escalen políticamente.

Aunque oficialmente no toman decisiones finales, diplomáticos presentes reconocen que la línea entre preparación y resolución se ha ido difuminando. Como admitió uno de ellos: "Si somos honestos, muchas decisiones se cierran aquí".

El impacto de la geopolítica

El creciente protagonismo del Coreper responde a un entorno internacional cada vez más incierto. Desde 2024, con António Costa al frente del Consejo Europeo, las cumbres de líderes se han vuelto más breves y eficaces. Gran parte del trabajo político ya llega consensuado gracias a las negociaciones previas entre embajadores.

Además, el comité ha ampliado su campo de acción hacia áreas que antes quedaban fuera de su foco tradicional, como la energía o la regulación climática, en paralelo al creciente peso de la Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen.

Confianza y control

Para los Estados miembros, el Coreper cumple una doble función: acelerar la toma de decisiones y garantizar que Bruselas no actúe sin respaldo político.

En un mundo donde la geopolítica se mueve cada vez más rápido, esperar a las cumbres formales puede ser inviable. Por eso, aunque el poder formal siga en manos de los líderes, el verdadero trabajo previo —el que define qué es posible y qué no— suele resolverse en ese discreto búnker.

Un sistema basado, según sus propios participantes, en dos principios esenciales: confianza mutua y ausencia de sorpresas.