El plan de EEUU para Venezuela tiene un precedente... y no es bueno
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El plan de EEUU para Venezuela tiene un precedente... y no es bueno

Los politólogos Oliver Stuenkel y Adrian Feinberg, del Carnegie Endowment for International Peace de Washington, entienden que las lecciones de la "intervención fiscal" de principios del siglo XX deberían servir de advertencia para el Caribe.

Una mujer sostiene una bandera venezolana frente al Capitolio de EEUU, durante la reunión de la líder opositora venezolana María Corina Machado con senadores, el 15 de enero de 2026.Elizabeth Frantz

La operación de Estados Unidos en Venezuela del pasado 3 de enero, que acabó con el arresto del ya expresidente del país, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, ha abierto las puertas a un futuro incierto para el país caribeño. Por ahora, Washington marca los pasos -"Yo estoy a cargo", resume el presidente norteamericano, Donald Trump- y mantiene en el poder al chavismo, vía Delcy Rodríguez

Aunque siempre puso por excusa el narcotráfico, quizá la inmigración, ha quedado claro que el magnate buscaba los recursos naturales de Venezuela y por eso lo primero que ha hecho ha sido pactar lucrativos negocios petroleros para su país. Sin embargo, nadie sabe cómo se va a desarrollar esto que llaman transición, en la que no hay elecciones libres y se da de lado a la oposición -aunque le regalen la medalla del Nobel de la Paz-.

La semana pasada, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, anunció un plan de tres fases para administrar las vastas reservas petroleras del país desde Washington. Además de supervisar la producción y las ventas, también sugirió que EEUU controlaría la asignación de los ingresos de las ventas de petróleo, afirmando que esto garantizaría que los ingresos beneficien a la población venezolana y no a los poderosos corruptos. Dado que el petróleo representa la mayor parte de los ingresos públicos de Venezuela, esto otorgaría a Washington una influencia decisiva sobre las prioridades presupuestarias del país.

Esto de la "sindicatura fiscal"

Siguiendo esos planes declarados, los politólogos Oliver Stuenkel y Adrian Feinberg, del Carnegie Endowment for International Peace de Washington, han publicado un análisis en el que repasan cómo las lecciones de la "intervención fiscal" de principios del siglo XX deberían servir de advertencia para el Caribe. Y su conclusión no es positiva para Trump: "El plan de EEUU para Venezuela tiene un precedente... y no es bueno", dicen desde el título.

"El plan de la Administración para Venezuela representa un cambio radical con respecto a las operaciones estadounidenses de cambio de régimen de las últimas ocho décadas. No refleja ni las motivaciones ideológicas de la Guerra Fría ni el idealismo democrático que moldeó las intervenciones posteriores", señalan. En cambio, la visión del republicano de "una extracción a bajo costo -gestionar la venta y los ingresos del petróleo venezolano sin administradores ni tropas estadounidenses sobre el terreno- parece revivir un modelo mucho más antiguo: la sindicatura fiscal". 

¿Pero eso qué es? Se trata de un enfoque, iniciado por el presidente Theodore Roosevelt a principios del siglo XX, que ofrece un conjunto de precedentes históricos instructivos mientras Washington "se embarca en un experimento potencialmente arriesgado en Venezuela", exponen. ¿Qué pasó entonces?

  • Entre 1904 y la década de 1930, EEUU supervisó sindicaturas fiscales en varios países de América Latina y el Caribe, en particular República Dominicana, Cuba, Haití, Nicaragua y Panamá. Estos acuerdos no equivalían a protectorados formales, pero a menudo funcionaban como tales en la práctica. 
  • Los funcionarios estadounidenses asumieron el control de fuentes de ingresos clave -generalmente las aduanas, que en ese momento eran la principal fuente de ingresos estatales- y, en algunos casos, también ejercieron autoridad sobre la tributación interna y la presupuestación. 
  • Los gobiernos locales conservaron la soberanía nominal y las instituciones políticas formales, pero las decisiones sobre la recaudación de ingresos, el servicio de la deuda y el gasto público fluían cada vez más a través de Washington.
El presidente de EEUU, Donald Trump, en una ceremonia en honor a los Florida Panthers, campeones de la Copa Stanley de hockey sobre hielo, el 15 de enero de 2026 en Washington.Kyle Mazza / Anadolu via Getty Images

Los experimentos previos

Los dos analistas explican que la República Dominicana fue la "primera gran prueba" de este modelo. En 1905, ante la inestabilidad política crónica y la preocupación por la intervención europea en relación con las deudas impagas, la administración Roosevelt tomó el control de las aduanas dominicanas. El acuerdo logró inicialmente reorganizar la deuda externa y restablecer el orden fiscal a corto plazo. "Sin embargo, los problemas políticos subyacentes seguían sin resolverse". 

Para 1916, la renovada inestabilidad y el conflicto armado provocaron una ocupación militar total por parte de Estados Unidos, que duraría hasta 1924. "La lección era clara: controlar los ingresos no impidió que los actores nacionales movilizaran fuentes alternativas de financiación ni eliminó la fragmentación política", escriben.

Cuba y Haití, por su parte, "implicaron versiones aún más intrusivas de control fiscal". Tras unas elecciones controvertidas y la rebelión en Cuba en 1906, Estados Unidos instaló un gobierno provisional que dirigió el país durante más de dos años. "A pesar de su amplia autoridad, los administradores estadounidenses no lograron mejoras fiscales duraderas", constatan, de nuevo. "La corrupción persistió y los funcionarios estadounidenses toleraron con frecuencia las redes clientelares para mantener la estabilidad política". 

En Haití, en particular, tras la intervención de 1915 y la posterior ocupación, un asesor financiero estadounidense se convirtió en la autoridad final del presupuesto nacional. El acuerdo generó una intensa resistencia popular (incluida una rebelión campesina en 1919), no logró aumentar los ingresos y dejó al país en una situación políticamente frágil tras la retirada de las fuerzas estadounidenses en 1934, explican. 

"La coerción por sí sola no podía generar estabilidad ni legitimidad"

"Los casos basados en la cooperación formal no tuvieron mejor suerte". Ejemplos: Nicaragua y Panamá. "Los asesores fiscales estadounidenses fueron invitados por los gobiernos locales en busca de estabilidad y credibilidad internacional. Sin embargo, estudios históricos muestran que, en promedio, los países bajo supervisión fiscal estadounidense no experimentaron aumentos sostenidos de los ingresos públicos", indica el artículo del tanque de pensamiento. 

"En algunos casos, los ingresos disminuyeron. La promesa de que la supervisión tecnocrática externa generaría una "buena gobernanza" resultó ilusoria. Igualmente importante, los inversores estadounidenses -a menudo considerados los principales beneficiarios- rara vez obtuvieron ganancias a largo plazo". Y más allá de los pagos esporádicos de la deuda, las empresas estadounidenses "se enfrentaron a entornos políticos hostiles e inestables que minaron las inversiones duraderas y les infligieron costos reputacionales".

Como no había éxitos, para la década de 1930, Washington abandonó el modelo. Bajo la Política de Buena Vecindad del presidente Franklin D. Roosevelt, EEUU tomó otro camino y "renunció formalmente a la intervención armada y se retiró de las administraciones fiscales, reconociendo que gobernar las finanzas extranjeras desde la distancia era políticamente costoso y económicamente ineficaz. La coerción por sí sola no podía generar estabilidad ni legitimidad".

Primeras páginas de periódicos de Reino Unido, con la captura de Nicolás Maduro a toda página, en un kiosco de Somerset, el 4 de enero de 2026.Matt Cardy / Getty Images

El contexto actual

"El plan de la administración Trump para Venezuela debe evaluarse en este contexto", entienden Feinberg y Stuenkel. "Trump enfrenta limitaciones similares a las que limitaron a Roosevelt", sostienen. 

"A principios del siglo XX, el recuerdo de la guerra entre Filipinas y Estados Unidos (1899-1902, seguida de una insurgencia prolongada) redujo el apoyo público estadounidense a las ocupaciones prolongadas en el extranjero. Hoy, los legados de Afganistán e Irak también limitan la tolerancia nacional ante los enredos extranjeros a largo plazo. Sin embargo, sin una presencia sostenida, capacidad administrativa y legitimidad política sobre el terreno, las perspectivas de reforma del sector petrolero venezolano siguen siendo inciertas, especialmente en un entorno marcado por la corrupción, la fragilidad institucional y el riesgo de un nuevo conflicto", argumentan.

La historia no necesariamente se repite, claro, por eso puntualizan que Venezuela en 2026 no es el Caribe de 1906, como tampoco EEUU es el mismo. Sin embargo, estos precedentes son, no obstante, "instructivos" ante los escenarios de hoy. Pueden ayudar a prevenir, a entender. 

Las administraciones fiscales de principios del siglo XX ofrecían "la ilusión de control", pero "no lograban resolver problemas estructurales, estabilizar la política ni generar beneficios económicos duraderos, ni para los países involucrados ni para los inversores estadounidenses". Queda, pues, una "lección recurrente": la de que "incluso las potencias hegemónicas enfrentan fuertes limitaciones al intentar gestionar la economía política de otros estados a distancia, lo que genera un sentimiento antiestadounidense y efectos de apoyo mutuo". 

El artículo califica de "tibia" la respuesta de las compañías petroleras estadounidenses a la solicitud de Trump de realizar inversiones significativas en Venezuela y eso "sugiere que son conscientes de los riesgos a largo plazo que conlleva, sobre todo considerando el historial de volatilidad institucional y brusca nacionalización de Venezuela". 

"Mientras Washington se embarca en su experimento más ambicioso de control hemisférico en décadas, estas duras lecciones del pasado merecen una atención especial",  concluyen.

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Soy redactora centrada en Global y trato de contar el mundo de forma didáctica y crítica, con especial atención a los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.

 

Sobre qué temas escribo

Mi labor es diversa, como diverso es el planeta, así que salto de Oriente Medio a Estados Unidos, pero siempre con el mismo interés: tratar de entender quién y cómo manda en el siglo XXI y cómo afectan sus decisiones a la ciudadanía. Nunca hemos tenido tantos recursos, nunca hemos tenido tanto conocimiento, pero no llegan ni las reformas ni la convivencia prometidas. Las injusticias siempre hay que denunciarlas y para eso le damos a la tecla.

 

También tengo un especial empeño en la actualidad europea, que es la que nos condiciona el día a día, y trato de acercar sus novedades desde Bruselas. En esta ciudad y en este momento, la defensa es otra de las materias que más me ocupan y preocupan.

 

Mi trayectoria

Nací en Albacete en 1980 pero mis raíces son sevillanas. Estudié Periodismo en la Universidad de Sevilla, donde también me hice especialista en Comunicación Institucional y Defensa. Trabajé nueve años en El Correo de Andalucía escribiendo de política regional y salté al gabinete de la Secretaría de Estado de Defensa, en Madrid. En 2010 me marché como freelance (autónoma) a Jerusalén, donde fui corresponsal durante cinco años, trabajando para medios como la Cadena SER, El País o Canal Sur TV.

 

En 2015 me incorporé al Huff, pasando por las secciones de Fin de Semana y Hard News, siempre centrada en la información internacional, pero con brochazos de memoria histórica o crisis climática. El motor siempre es el mismo y lo resumió Martha Gellhorn, maestra de corresponsales: "Tiro piedras sobre un estanque. No sé qué efecto producen, pero al menos yo tiro piedras". Es lo que nos queda cuando nuestras armas son el ordenador y las palabras: contarlo. 

 

Sí, soy un poco intensa con el oficio periodístico y me preocupan sus condiciones, por eso he formado parte durante unos años de la junta directiva de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) España. Como también adoro la fotografía, escribí  'El viaje andaluz de Robert Capa'. Tuve el honor de recibir el XXIII Premio de la Comunicación Asociación de la Prensa de Sevilla por mi trabajo en Israel y Palestina y una mención especial en los Andalucía de Periodismo de la Junta de Andalucía (2007). He sido jurado del IV Premio Internacional de Periodismo ‘Manuel Chaves Nogales’.

 

 


 

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