Cinco escenarios posibles para la nueva Venezuela sin Maduro
La defenestración del hasta ahora presidente chavista hace que el país caribeño entre en una larga transición, con una participación total de EEUU en la configuración de su futuro Gobierno y sus negocios y apuestas.

Sí, recurrimos de nuevo a Winston Churchill, el político más citado del planeta, pero es que lo clava: lo de Venezuela, podemos decir parafraseándolo, no es el principio del fin, sino el fin del principio. El país caribeño ha entrado en una larga transición, con una participación total de Estados Unidos en la configuración de su futuro Gobierno, tras la 'decapitación' de su hasta ahora presidente, Nicolás Maduro, hace apenas una semana.
"Estamos reafirmando el poder estadounidense". Eso fue lo que dijo el líder estadounidense, Donald Trump, para justificar el ataque múltiple en suelo venezolano y el arresto del mandatario y de su esposa, Cilia Flores. Aunque se trate de una intervención sin base legal, qué importa, el único límite para el republicano es, dice al New York Times, su "propia moralidad".
En estos siete días, hemos visto imágenes impensables: la pareja trasladada al USS Iwo Jima rumbo a Nueva York (los ojos tapados de Maduro, el chándal de Nike, la botella de agua, el andar complicado por las heridas), las acusaciones por múltiples cargos, incluido el de narcoterrorismo, su defensa ante el juez. La operación estadounidense se produce tras meses de presión sobre el régimen venezolano para que detenga el narcotráfico y encamine al país hacia la democracia. "Vamos a gobernar el país hasta que podamos lograr una transición segura, adecuada y sensata", declaró el inquilino de la Casa Blanca.
El pasado miércoles, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, anunció que su plan sobre Venezuela contempla tres fases: "estabilización", "recuperación" y "transición". Al día siguiente, el propio Trump reconoció al Times que la tutela de Washington puede durar años. "Sólo el tiempo lo dirá", zanjó.
El contexto: un historial complicado
EEUU tiene un historial muy desigual, en el mejor de los casos, a la hora de liderar operaciones de cambio de régimen en todo el mundo y de liderar transiciones políticas. Así que hay de todo en el pasado para tratar de hacer espejo con Venezuela.
Están Irán y Vietnam, o Irak y Afganistán, y la verdad es que no hay muchas transiciones gestionadas con éxito como modelos. La planificación insuficiente, los objetivos poco claros y contradictorios, la falta de capacidad diplomática estadounidense en los países afectados, la limitada atención de las distintas Administraciones a lo que pasaba lejos y los plazos poco realistas de sus hojas de ruta han complicado habitualmente las cosas. Las retiradas no suelen ser gloriosas.
Trump, por eso mismo, se opuso a estas "guerras eternas", como él las llama, durante su campaña electoral de 2024. Ahora, sin embargo, parece adentrarse en un riesgo parecido, el de introducir a su nación en la compleja tarea de gobernar otra nación, extranjera, soberana, particular. Puede caer en los mismos errores del pasado.
Lo que dice hasta ahora es que se ha comprometido a permanecer en Venezuela hasta que se lleve a cabo una transición adecuada, para evitar la posibilidad de que un líder asuma la responsabilidad sin velar por los intereses del pueblo venezolano. Sin embargo, la duración de la transición, sus parámetros y su resultado final siguen siendo rotundamente inciertos. El lenguaje impreciso de Trump y Rubio sobre quién gobierna Venezuela actualmente o el papel que las Fuerzas Armadas de EEUU pueden tener en el futuro no dan buenas señales. Es como si no todo estuviera consensuado o bajo pleno control.
Además, están las metas: el objetivo declarado de la Casa Blanca es el de lograr la paz, la libertad y la justicia para el "gran pueblo de Venezuela", a la par que se reduce el tráfico de drogas o la llegada de migrantes sin papeles a EEUU. Son metas ambiciosas, que podría entrar rápidamente en conflicto con el deseo trumpista de vender el petróleo venezolano y reclamar reembolsos por las pérdidas de las compañías petroleras estadounidenses. De quedarse con todo, como ya ha anunciado su presidente.
Para complicar las cosas, Washington no ha tenido presencia diplomática en Venezuela desde el cierre de su embajada, en 2019, lo que representa un gran obstáculo para la gobernanza, más allá de las llamadas telefónicas de altos funcionarios de la Casa Blanca. Trump dice que Rubio "habla todo el tiempo" con la nueva presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, antigua vicepresidenta con Maduro, que juega de palabra a la queja y, de hechos, coopera con EEUU.
Y más aún: nadie sabe qué supone realmente completar un proceso y logar una meta para alguien con la personalidad de Trump, transaccional y cortoplacista, enamorado de las victorias rápidas, sin reparar en su duración o justicia. La atención de EEUU a los detalles más sutiles de las transiciones políticas estables y exitosas a largo plazo parece improbable, vistos ejemplos como Gaza. Los negocios son otra cosa.
Escenario nº 1: cooperar, o sea, tragar
En estos días de análisis y quinielas sobre lo por venir para Venezuela, hay un escenario que se perfila como el más factible: que Rodríguez coopere con Washington y permanezca en el poder, aliviando la inestabilidad política pero dando continuidad al chavismo. RANE (Risk Assistance Network + Exchange), una consultora que hace análisis sobre inteligencia, seguridad y riesgos geopolíticos con sede de Nueva York, estima que esta salida tiene un 35% de probabilidad de ser real.
¿Qué es lo que puede pasar en este caso?
- La presidenta recién juramentada, miembro leal del régimen, "mantiene una retórica agresiva contra EEUU, al menos en parte para apaciguar a los intransigentes dentro del Gobierno, las Fuerzas Armadas y la población local, en un intento por mitigar la resistencia a su liderazgo", exponen sus expertos. Sin embargo, ante la probable y persistente presencia militar estadounidense en el Caribe (ya ha dicho el secretario Rubio que siguen en la zona y están preparados para todo) y la presión de Washington sobre su gabinete, lo normal es que busque establecer una relación "pragmática" con la Casa Blanca en los próximos meses.
- Puede haber intransigentes dentro del Gobierno y el Ejército, pero la mayoría de altos funcionarios respaldan este enfoque para evitar el colapso del régimen. La posición de Rodríguez podría incluso consolidarse "mediante unas elecciones orquestadas", como la liberación de presos políticos conocida el jueves. Son pasos que EEUU habría estado trabajando en secreto con elementos del Gobierno venezolano que iban a tomar el poder.
- "Lo que sigue dependerá menos del próximo paso de Washington que de los cálculos de los restantes líderes del régimen, comandantes militares, jefes de inteligencia y facilitadores políticos, quienes ahora se enfrentan a una difícil disyuntiva: negociar una salida ordenada o arriesgarse a la aniquilación junto con un sistema en colapso", escribe Alex Plitsas, exjefe de actividades sensibles para operaciones especiales y combate al terrorismo en la Oficina del Secretario de Defensa de EEUU, en un análisis para el Atlantic Council de Washington.
- Las élites económicas, burocráticas y de seguridad de Venezuela, si se da esta situación (como estamos viendo hasta ahora), pueden intentar aprovechar el interés de la Administración Trump en acceder a los recursos venezolanos, especialmente el petróleo, pero también probablemente minerales, para contrarrestar la presión estadounidense sobre el régimen y facilitar una transición. "Esto los expondría a procesos judiciales, tanto en Venezuela como en EEUU, ya que muchos han sido sancionados o acusados por delitos como narcotráfico y violaciones de derechos humanos", recuerdan en RANE.
- Puede que en este tiempo nuevo haya tensiones bilaterales y Rodríguez emita declaraciones públicas más enérgicas condenando la injerencia estadounidense (está siendo notablemente suave, a posta), pero en ese escenario no cortará los canales diplomáticos con Washington ni adoptará políticas que puedan desencadenar una reacción dura de la Casa Blanca, como la nacionalización de empresas estadounidenses o el acoso a los activos petroleros en países vecinos como Guyana y Trinidad y Tobago.
- Eso expondrá a la presidenta a críticas, posiblememte, de la rama más dura del chavismo, pero por ahora todos los ministros pasados y los nuevos cargos que ha nombrado comulgan con sus decisiones. Rodríguez, hoy por hoy, conserva suficiente apoyo dentro del estamento político y militar para mantenerse en el poder y es posible que, con el tiempo, vaya reduciendo la inestabilidad política, "lo que incentiva a los inversores extranjeros y a las compañías petroleras a regresar al país, un resultado deseado por la Administración Trump", entienden los consultores.
- "Aun así, es poco probable que se materialicen grandes inversiones del sector privado, especialmente en los próximos tres a seis meses, debido a diversas limitaciones operativas que abarcan desde el panorama político del país hasta problemas técnicos relacionados con el crudo extrapesado venezolano", augura. Además, todo el mundo va a esperar a ver lo que hacen antes las propias empresas de EEUU, a las que Trump quiere encargar la reforma de las infraestructuras petroleras venezolanas, para optimizar el uso de sus reservas petroleras, las mayores del planeta, un 18% aproximadamente.
- Si las cosas pintan así, independientemente de que se materialicen las inversiones estadounidenses, Trump utilizaría su influencia sobre el Gobierno venezolano para evitar que los activos de petróleo y gas del país sean controlados por adversarios, principalmente China, mientras que Washington también trabajará para evitar que las exportaciones de materias primas de Venezuela evadan sistemáticamente el régimen de sanciones estadounidense, como lo ha hecho Rusia.
- Durante los próximos seis meses -a más tiempo no se arriesgan los analistas a exponer sus augurios-, Washington puede recurrir a una combinación de "incentivos y amenazas" para garantizar que Rodríguez adopta medidas alineadas con sus intereses. "Es probable que esta combinación incluya ocasionales amenazas directas de ataques estadounidenses contra territorio venezolano o declaraciones de la Casa Blanca amenazando al Gobierno venezolano o a funcionarios y militares con posibles arrestos o extracciones, junto con más licencias estadounidenses que autoricen a las compañías petroleras occidentales a operar en Venezuela o un levantamiento gradual de las sanciones a la economía venezolana, especialmente a los sectores extractivos".
- Sus esfuerzos, se supone, se centrarán en el frente diplomático y limitará los ataques militares a embarcaciones o aeronaves en aguas o espacio aéreo internacionales, lo que reduce significativamente los riesgos indirectos para la seguridad que conllevarían los ataques en territorio venezolano. Los golpes que se han llevado a cabo desde septiembre tanto en aguas del Caribe como del Pacifico han dejado ya un centenar de muertos. EEUU dice que eran lanchas de narcos, pero no ha proporcionado pruebas de ello, lo que lleva al Partido Demócrata a hablar de "ejecuciones extrajudiciales".
- Esto no es una carta blanca: las empresas que deseen entrar o regresar a Venezuela aún enfrentan interrupciones operativas y amenazas a la seguridad, ya que grupos paramilitares leales a la revolución socialista probablemente lleven a cabo operaciones de sabotaje o ataques armados contra activos de empresas occidentales o secuestren ciudadanos occidentales para presionar al gobierno venezolano para que no coopere con EEUU.
- Es probable, además, que sectores del público leal a Maduro y al expresidente Hugo Chávez también protesten por una postura de cooperación hacia Washington, lo que aumenta el riesgo de disturbios. Además, las empresas enfrentan una incertidumbre persistente y altos niveles de corrupción, ya que es probable que Rodríguez mantenga un sistema clientelar que involucra a amplios sectores de las fuerzas armadas en actividades legales e ilegales para evitar ser derrocado por un golpe militar.
- La esperanza de cierto cambio también puede hacer que se limite los incentivos para que los venezolanos abandonen el país, lo que significa que los flujos migratorios son mínimos, aunque no existen incentivos para que una gran parte de la diáspora regrese al país.
- Por si alguien se lo pregunta: Robert Muggah, un reconocido analista de seguridad y desarrollo, cofundador del Instituto Igarapé, expone en The Conversation que es poco probable que, sencillamente, Trump declare su victoria y se vaya, que es lo que quieren los mandos militares, "interesados en limitar la exposición de sus tropas". "Sobre todo, desperdiciaría la influencia que Washington acaba de obtener con tanto esfuerzo y dinero", por lo que no hay que esperar que sencillamente se vaya, sin más.
Escenario n° 2: Rodríguez desafía a Washington
La Risk Assistance Network + Exchange sostiene que hay un 30% de que el nuevo Ejecutivo de Delcy Rodríguez desafíe la presión de Washington y, por ello, Trump decida reanudar su campaña militar en Venezuela, lo que aumenta la incertidumbre y la posibilidad de víctimas.
Lo que supone es:
- La presidenta se mantiene firme en su postura ideológica histórica, esto es, a favor de la revolución socialista bolivariana, y se niega a cooperar con Washington. Va más allá de lanzar lanzando ataques retóricos contra la Administración Trump, sino que conlleva tomar decisiones que socavan los intereses estadounidenses en Venezuela, como restringir las operaciones de Chevron o incluso llevar a cabo nuevas rondas de nacionalizaciones.
- Las autoridades podrían actuar como si organizaran unas elecciones altamente manipuladas para asegurar la victoria de Rodríguez, pero también podría simplemente recurrir a los poderes de emergencia confirmados por los poderes legislativo y judicial controlados por el régimen para evitar la convocatoria de elecciones.
- Su línea dura contaría, en este supuesto, con el respaldo del Ejército y de parte de la población local, como ha ocurrido desde 2013, desde que Maduro llegó al poder, y aún antes, en tiempos de Chávez, desde 2002. No obstante, se enfrentaría a un rechazo significativo de Washington y de sectores de la población venezolana que apoyan a la oposición y favorecen la intervención estadounidense contra el régimen socialista.
- Ante el fracaso de los intentos de crear incentivos económicos positivos para la cooperación, como el alivio de las sanciones internacionales, EEUU recurriría sin duda a amenazas cada vez mayores y, finalmente, reanuda los ataques en territorio venezolano. Los objetivos incluirían activos del narcotráfico, como campamentos y logística, centros y bases militares, pero también edificios gubernamentales y de seguridad en Caracas y otros lugares. Como la lanzada en la noche del arresto de Maduro.
- ¿Y también otro defenestramiento? Pues puede. Una operación similar a la de Maduro, dirigida contra Rodríguez y otros funcionarios de alto rango (especialmente el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy; el ministro del Interior, Diosdado Cabello; y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López), también podría ocurrir en medio del alto apetito de riesgo los planes de Trump, tras operaciones militares exitosas previas, de Maduro a Irán.
- Este escenario se caracterizaría, a su vez, por tensiones constantes y elevadas entre las dos naciones, incertidumbre sobre una mayor acción militar siempre pendiente cono una espada de Damocles y riesgos operativos y de seguridad para las empresas en Venezuela.
- Cuidado también con los grupos paramilitares pro-Maduro, que pueden continuar apoyando al Gobierno, dada su postura antagonista frente a Washington, y probablemente lleven a cabo operaciones de sabotaje y ataques armados contra activos y personal estadounidense en Venezuela si nos ponemos en este punto, dado que el Gobierno probablemente priorizaría las tácticas guerrilleras sobre una confrontación militar directa.
- Lo normal sería utiliza su aparato represivo para reprimir a los manifestantes de la oposición, a la vez que emplea a sus partidarios para organizar manifestaciones a favor del gobierno en un esfuerzo por demostrar fuerza política. Son comportamientos del pasado denunciados por Human Right Watch o Amnistía Internacional y que investiga la Corte Penal Internacional (CPI).

Escenario n° 3: Los más radicales destituyen a Rodríguez
Vamos con la tercera gran posibilidad que anotan los especialistas en política internacional: que sean los más radicales del chavismo los que toman el poder, aumentando las tensiones con EEUU. La probabilidad de que esto suceda es aproximadamente del 20%.
Básicamente, supondría que Rodríguez no logra consolidar el poder ni mantener a los diferentes grupos políticos y militares alineados bajo su liderazgo, sobre todo si se la acusa de ser demasiado amigable con Washington o de no reprimir lo suficiente a los presuntos opositores internos.
¿Eso dónde nos llevaría?
- Se crearían las condiciones para que sea marginada o destituida por completo del cargo en un golpe militar, posiblemente liderado por Cabello o López, si no se va antes por las presiones. Aunque los grupos paramilitares y otros actores armados siguen representando un desafío, los golpistas podrían gestionar con éxito esta transición, manteniendo la unidad entre las Fuerzas Armadas y el aparato de seguridad en general. El resultado es la instauración de un gobierno de línea dura y vehementemente antiestadounidense.
- Esto llevaría a nuevas nacionalizaciones de empresas y otras acciones que irritaría a Trump, aumentando la probabilidad de nuevas rondas de ataques aéreos estadounidenses a gran escala y, potencialmente, nuevas operaciones terrestres en Venezuela. Este desarrollo también abre la puerta al "aventurerismo venezolano" en sus países vecinos, reavivando las amenazas a la vecina región del Esequibo de Guyana y al tráfico marítimo y aéreo en aguas y espacio aéreo cercanos.
- Dependiendo del grado de confrontación con la Casa Blanca y la intención de los nuevos líderes, el Gobierno -militar o militarizado- también podría ampliar sus vínculos con adversarios estadounidenses como China, Rusia e Irán, a la vez que se acercaría aún más a grupos criminales como el Tren de Aragua, responsables del narcotráfico y otras actividades y directamente en el origen del relato norteamericano contra Maduro.
- Sería consecuente una apuesta por una política económica estatal, eliminando prácticamente cualquier atractivo restante para que las empresas occidentales inviertan en Venezuela y continuando la erosión de lo que queda de la capacidad de producción petrolera estatal venezolana.
- Lo mismo con la represión contra los manifestantes antigubernamentales, que se intensificaría, con el arresto de más líderes de la oposición, el deterioro de las condiciones socioeconómicas debido al endurecimiento de las sanciones estadounidenses y el bloqueo y la preocupación por la seguridad en torno a los ataques estadounidenses. Una nueva ola migratoria sería esperable, tensionando a toda la región, especialmente con países receptores como Colombia, Brasil o Argentina. Las mafias, al acecho de nuevas extorsiones y nuevas rutas para mercadear con las personas.

Escenario n° 4: Fracturas y caos interno
Imaginemos también la posibilidad de que el régimen chavista se fractura y Venezuela se hunde en el caos, en medio del malestar popular y la violencia de grupos criminales bien organizados. Es un 10 % probable que asistamos a este escenario, dice RANE.
"Si los remanentes del régimen rechazan la negociación y se fragmentan, Venezuela podría caer en un conflicto guerrillero prolongado. Colectivos armados, unidades militares criminalizadas y facciones vinculadas al narcotráfico podrían librar una guerra asimétrica, convirtiendo partes del país en zonas de disputa y prolongando el sufrimiento de la población civil mucho después del colapso formal del régimen", avisa además Plitsas. Es el supuesto "más sombrío", avisa el también jefe del Counterterrorism Project del Atlantic Council.
Lo que supondría, llegado el caso, es:
- Que Venezuela enfrente una grave inestabilidad y conflicto interno a medida que facciones divergentes dentro del Gobierno, los servicios de seguridad, los grupos de oposición y las organizaciones criminales armadas caen en un caos generalizado de disturbios y violencia. Rodríguez sería, en ese caso, incapaz de mantener la cohesión del país y, con el tiempo, surgirán divisiones dentro de la élite gobernante, el Ejército y los servicios de seguridad, lo que llevaría a un conflicto abierto entre diferentes facciones, como las lideradas por Cabello o López, de nuevo los fuertes que restan tras Maduro. Dicha división podría desencadenarse por un posible intento de golpe de Estado contra Rodríguez o los esfuerzos de EEUU por fomentar las deserciones, a su vez.
- Esta división en los altos mandos del régimen crearía grandes grupos opositores en todo el aparato de seguridad pública venezolano, que participan en enfrentamientos armados en todo el país. Las divisiones intestinas en lo político y en lo defensivo reducirían la capacidad represiva del Gobierno y crearían las condiciones para una "confrontación prolongada" en las ciudades más grandes del país y en zonas remotas, especialmente cerca de la frontera con Colombia, ampliamente utilizada para el narcotráfico.
- La presencia en esa zona del Ejército de Liberación Nacional (ELN), junto con otros grupos criminales, agrava el conflicto armado interno. Los ataques armados o con explosivos y las operaciones de sabotaje se convierten en obstáculos importantes para las operaciones comerciales en el país, mientras que el riesgo de secuestro aumenta significativamente.
- En medio del caos, es probable que los grupos de oposición también se movilicen para llevar a cabo protestas a gran escala, actos de sabotaje y, al menos, actos esporádicos de violencia selectiva, lo que complica aún más la situación de seguridad. Como en el caso 3, el aumento de la violencia y la mayor erosión del ya precario nivel de vida de los venezolanos provocan un aumento repentino de la migración, no sólo a los países vecinos, sino también a toda Latinoamérica. España ya tiene unos 400.000, también es un destino demandado pero hace falta más dinero para ese salto. Es probable que las autoridades de la región adopten medidas para frenar los cruces fronterizos ilegales en la zona, lo que desencadenaría crisis humanitarias en toda la región.
Escenario n° 5: Elecciones y transición democrática
En un mundo ideal, un régimen totalitario debería caer por las urnas, con una victoria opositora en unas elecciones. Los disidentes venezolanos ya ganaron los comicios del año pasado, según reivindican, enseñando unas actas que Maduro nunca ha publicado. Ahora que él no está, podrían celebrarse nuevas elecciones, que la oposición las ganase, que se iniciase así una transición democrática propia, sin que nadie meta la mano, aunque sea en medio de la incertidumbre y la inestabilidad.
Sin embargo, esa opción, hoy por hoy, apenas tiene un 5 % de probabilidad de prosperar. El propio Trump, quien tiene la sartén por el mango, la descarta por ahora. "Yo estoy al mando", repite en cada intervención pública.
Pero, ¿y si llegase? ¿Qué pasaría?
- En este escenario, Washington presionaría al Gobierno venezolano para que cumpla con la constitución del país y convoque elecciones a principios de febrero, 30 días después de que Rodríguez asumiera el cargo de presidenta interina. A pesar de los esfuerzos de las autoridades venezolanas por interferir en el proceso electoral y el recuento de votos, Washington garantizaría una contienda mínimamente competitiva.
- De forma similar a lo que hizo en las elecciones presidenciales venezolanas de 2024, la oposición consigue en este mundo quimérico apoyos suficientes en todo el país y organiza grandes manifestaciones, lo que se traduce en una alta participación contra el régimen socialista existente y, a diferencia de los comicios "amañados" de hace año y medio, resulta en la elección de un líder afín a EEUU.
- El nuevo presidente, entonces, comenzaría a restablecer la democracia en Venezuela, pero se enfrentaría a una importante resistencia institucional por parte del aparato burocrático y de seguridad pública, dominado aún por miembros del régimen actual. Los intentos de procesar o arrestar a antiguos aliados de Maduro desencadenarían, muy posiblemente, manifestaciones y huelgas de funcionarios públicos, socavando significativamente la capacidad del nuevo gabinete para implementar políticas, lo que alimenta la inestabilidad política y la incertidumbre regulatoria.

- Seguramente, algunos miembros de grupos paramilitares y disidentes dentro de las fuerzas armadas organizarían algún tipo de resistencia armada y llevarían a cabo ataques ocasionales contra edificios gubernamentales y funcionarios recién elegidos o nombrados, asesinando con éxito a algunos líderes y desestabilizando al Gobierno.
- EEUU estaría, en este caso, dispuesto a apoyar a los nuevos estamentos, aunque ayuda se limitaría a equipo y entrenamiento, lo que significaría que el nuevo presidente contaría con herramientas limitadas para imponer la ley y el orden y prevenir el repunte de la violencia guerrillera y política.
- A pesar de las preocupaciones por la seguridad, es de creer que el cambio político en Caracas llevaría a parte de la diáspora venezolana a regresar al país. Cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela buscando protección y una vida mejor, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
- Al Gobierno de estreno le llevaría tiempo implementar políticas favorables a las empresas y que estas se traduzcan en un aumento de la actividad económica, el empleo y los ingresos para las arcas públicas que puedan destinarse a subsidios o programas sociales, por lo que la afluencia migratoria y los probables ajustes económicos severos exacerban los desafíos socioeconómicos a corto plazo.
Pero, como decimos, es un escenario altamente improbable en parte porque es poco probable que Trump priorice esa transición democrática durante los próximos seis meses e, incluso si se programa una elección, es poco factible que sea libre y justa o que ocurra dentro de medio año, dada la necesidad de un período de campaña y el restablecimiento de las instituciones electorales para asegurar una carrera mínimamente competitiva.
"Sea quien sea el que gane la pugna de poder en Caracas, es fundamental que Estados Unidos utilice su considerable influencia para incentivar una hoja de ruta para la transición. Es esencial que se presente al pueblo venezolano un plan creíble para unas elecciones libres y justas, la liberación de los presos políticos y una vía hacia la recuperación económica. Estados Unidos puede ayudar a allanar este camino ofreciendo un alivio gradual y escalonado de las sanciones a cambio de un progreso verificable hacia la democratización", relama Geoff Ramsey, investigador del Centro para América Latina Adrienne Arsht del Atlantic Council.
Entiende que es "lógico" que desde el Despacho Oval se impulsen sus propios intereses energéticos, migratorios y geopolíticos en Venezuela, pero "los responsables políticos estadounidenses no deberían considerar su misión cumplida hasta que se restablezca el derecho fundamental de los venezolanos a elegir a sus propios líderes".
El analista Muggah, por su parte, apunta a que, elecciones aparte, siempre hay que contar con la idea de un levantamiento popular contra el poder, en este caso el oficialismo, aunque tampoco lo ve con posibilidades de éxito, como suele ocurrir cuando se alienta desde fuera. "Años de represión política , crimen organizado , miseria económica y emigración han vaciado a la clase media y al movimiento obrero venezolano. Los colectivos armados (...) opondrían una resistencia feroz. El resultado podría no ser un avance democrático rápido, sino una transición inestable", augura.
Queda esperar.
