Hay 4.500 millones de toneladas de uranio disueltas en los océanos del planeta y un equipo chino acaba de crear el material que las extrae 50 veces más rápido que los métodos anteriores
Pese al entusiasmo, los propios expertos admiten que todavía queda mucho camino antes de ver esta tecnología funcionando a gran escala en el océano.
El combustible esencial para las centrales nucleares está presente en los océanos en cantidades gigantescas —se calcula que hay unos 4.500 millones de toneladas disueltas en el planeta—, pero atraparlo era tan lento y caro que nadie veía viable explotarlo a gran escala.
Ahora, un grupo de investigadores chinos asegura haber dado un paso que podría cambiar esa situación. Su propuesta son unos diminutos micromotores capaces de moverse solos en el agua para "cazar" partículas de uranio mucho más rápido que los sistemas tradicionales, tal y como recogen desde la revista Focus.
El avance, publicado en la revista Nano Research, ha llamado la atención porque los científicos afirman que el nuevo material logra extraer el uranio hasta 50 veces más rápido que muchos métodos anteriores.
La diferencia está en cómo funciona. Hasta ahora, la mayoría de tecnologías utilizadas eran materiales sumergidos en el agua esperando a que, por azar, los iones de uranio chocaran con ellos. El proceso podía tardar horas o incluso días. Los nuevos micromotores hacen justo lo contrario. En lugar de quedarse quietos, se desplazan por el agua buscando activamente el uranio.
Cada una de estas partículas mide apenas dos micrómetros, mucho más fina que un cabello humano. Su estructura, llena de pequeños poros, funciona como una esponja microscópica con una enorme superficie interior donde el uranio puede adherirse.
Además, la luz juega un papel clave. Los investigadores comprobaron que, al exponer los micromotores a luz visible, aumentaba tanto su velocidad como su capacidad de captura. "El mejor rendimiento se observó bajo exposición a la luz", explican los autores del estudio. En laboratorio, un solo gramo del material llegó a absorber más de 400 miligramos de uranio. Sin luz ni estímulos adicionales, la capacidad caía drásticamente.
La rapidez también es otra de sus ventajas. En una de las pruebas, el sistema eliminó el 99% del uranio presente en una solución de agua en apenas 70 minutos mientras que técnicas anteriores necesitaban muchísimo más tiempo para lograr resultados similares.
Después de capturar el uranio, el material también lo transforma químicamente en una sustancia estable llamada studtita, lo que facilita su almacenamiento y manipulación posterior.
Los científicos probaron además el sistema con agua real procedente de ríos, lagos salados y redes urbanas chinas. Los resultados fueron algo menos espectaculares que en el laboratorio, pero siguieron siendo prometedores y en algunas muestras se eliminó hasta el 81% del uranio presente. Otra de las ventajas es que las partículas pueden reutilizarse varias veces. Tras cuatro ciclos completos, apenas habían perdido un 8 % de eficacia.
Pese al entusiasmo, los propios expertos admiten que todavía queda mucho camino antes de ver esta tecnología funcionando a gran escala en el océano. El agua marina es mucho más compleja que la de un laboratorio y contiene enormes cantidades de sal, minerales y otras sustancias que interfieren en el proceso.
A eso se suma otro gran desafío, la escala industrial. Conseguir unos gramos de uranio en un experimento es una cosa; alimentar centrales nucleares enteras con uranio extraído del mar es otra muy distinta.