La economía rusa se tambalea: la mayor compañía petrolera privada del país pide un rescate
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La economía rusa se tambalea: la mayor compañía petrolera privada del país pide un rescate

El modo de proceder de Moscú con estas empresas es muy claro, pero en esta ocasión han comenzado a existir grandes problemas debido a la situación del país.

Petrolera LukoilThierry Monasse

Durante años, Lukoil fue presentada como una excepción dentro del sector energético ruso: grande, rentable y relativamente autónoma del Estado. Hoy, ese relato empieza a resquebrajarse. La mayor petrolera privada del país ha pedido ayuda directa a Moscú para sobrevivir a una combinación letal de sanciones internacionales, caída de precios del crudo y distorsiones fiscales internas provocadas por la guerra en Ucrania.

Según fuentes citadas por The Moscow Times, la compañía ha solicitado al Ministerio de Energía una modificación urgente de las reglas tributarias para poder recibir compensaciones del presupuesto federal. En otras palabras: Lukoil quiere que el Estado cubra parte de las pérdidas que ahora mismo el mercado y la política internacional le están imponiendo.

La petición llega casi cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala de Ucrania y en un contexto mucho menos favorable que el de 2022. Entonces, el petróleo rozaba máximos históricos; hoy, el escenario es radicalmente distinto.

El descuento ruso y la trampa fiscal

El principal problema de Lukoil —y del conjunto del sector— es que el petróleo ruso se vende con un descuento cercano al 50% respecto a los precios de referencia internacionales. Las sanciones han reducido los mercados disponibles, encarecido el transporte y obligado a aceptar condiciones mucho menos ventajosas.

A esto se suma un marco fiscal diseñado para otra época. En 2018, la Duma aprobó un mecanismo destinado a estabilizar el mercado interno del combustible. El sistema funcionaba así: si los precios nacionales eran inferiores a los internacionales, el Estado compensaba a las petroleras; si ocurría lo contrario, las empresas debían devolver dinero al presupuesto.

El problema es que el sistema no estaba preparado para un escenario prolongado de sanciones, precios bajos y volatilidad monetaria. Hoy, ese mecanismo se ha vuelto contra las propias compañías.

Lukoil propone ahora limitar artificialmente el descuento del crudo utilizado para calcular impuestos, fijándolo entre 10 y 15 dólares por barril. El objetivo es claro: dejar de pagar al Estado y empezar a cobrar de él.

Los números explican la urgencia:

  • El precio mundial del crudo cayó más de un 18% en 2025, la mayor bajada anual desde 2020
  • El barril pasó de unos 122 dólares en febrero de 2022 a menos de 60 dólares a comienzos de 2026
  • El rublo se apreció cerca de un 45% frente al dólar en 2025, reduciendo la competitividad exportadora
  • Los beneficios semestrales de Lukoil se redujeron a la mitad en un año

Mientras tanto, el Estado ruso sigue utilizando los precios internos —más altos— como referencia fiscal, lo que obliga a las petroleras a devolver dinero incluso cuando sus márgenes reales se desploman.

Beneficios a la baja y activos en venta

En 2024, el Gobierno ruso pagó a las compañías petroleras unos 881.000 millones de rublos en compensaciones. Pero el giro del mercado ha cambiado el signo de las transferencias: solo entre diciembre y enero, las empresas deberán devolver unos 47.000 millones de rublos al presupuesto.

Para Lukoil, el golpe llega en un momento delicado. En la primera mitad de 2025, su beneficio neto cayó de 590.000 millones a 287.000 millones de rublos. La empresa sigue siendo rentable, pero la tendencia es clara y preocupante.

Ante este escenario, la petrolera ha empezado a explorar salidas que hasta hace poco parecían impensables, incluida la venta de activos en el extranjero. No está sola: otras compañías rusas sancionadas han seguido el mismo camino, presionadas por la falta de liquidez y el cierre de mercados.

El problema es encontrar compradores dispuestos —y autorizados— a dar el paso. La suiza Gunvor intentó adquirir activos de Lukoil, pero retiró su oferta tras la oposición explícita del Tesoro estadounidense, que calificó a la petrolera rusa como un “instrumento del Kremlin”. La húngara MOL también ha mostrado interés, aunque cualquier operación estaría sujeta a un escrutinio político extremo.

El caso de Lukoil ilustra un cambio más profundo: incluso las grandes empresas privadas rusas empiezan a depender del Estado para sobrevivir. La guerra, lejos de fortalecer la autonomía económica del país, está reforzando un modelo cada vez más centralizado, donde el Kremlin decide quién recibe oxígeno financiero y quién se queda sin él.

La pregunta ya no es si Lukoil necesita ayuda, sino cuánto está dispuesto a pagar Moscú para sostener a sus campeones energéticos… y durante cuánto tiempo podrá hacerlo sin romper sus propias cuentas.

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Soy redactor de El HuffPost España, donde escribo sobre todo tipo de contenidos: desde actualidad, última hora, política, sociedad y deporte hasta política internacional, en menor medida.

 

Nacido en Jaén en 1998, me decanté por estudiar Historia y Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos durante 2016 y 2022. Desde entonces, mi trabajo se ha centrado en contar la actualidad con contexto, intentando entender no solo lo que ocurre, sino también de dónde viene y qué consecuencias puede tener. Al fin y al cabo, la Historia —aunque a veces parezca dormida— siempre está detrás de los titulares.

 

Sobre qué temas escribo

Como vocación, los asuntos históricos me llaman mucho la atención, pero durante los últimos años, la "actualidad manda", y el ritmo frenético de sucesos económicos, políticos y geopolíticos (casi todos negativos) en un mundo cada vez más convulso acapara gran parte del trabajo de manera diaria. Esto ha provocado que haya desarrollado una gran pasión e interés por entender cómo y por qué ocurren gran parte de todos los acontecimientos históricos que estamos viviendo constantemente.


Intento contar el presente con rigor, con un punto de contexto histórico y, cuando se puede y con una pizca de ironía. Porque incluso en los días más intensos, un poco de perspectiva —y de humor— ayuda a entender mejor lo que pasa.

 

Mi trayectoria

Mi experiencia profesional comenzó allá por 2019, como colaborador en Radio Libertad y Radio Marca, donde cubrí actualidad deportiva diaria y descubrí el vértigo de informar a contrarreloj. Más tarde pasé por AS, donde amplié el foco: además de deporte, seguí temas de actualidad general y aprendí que en el periodismo, a veces, el fuera de juego también puede ser político.


En enero de 2023 me incorporé a El HuffPost, donde escribo sobre política, sociedad y actualidad en todo tipo de frentes: desde elecciones hasta debates nacionales e internacionales, deporte y sucesos (un poco de todo). En definitiva, todo lo que marca la conversación pública y, en general, todo aquello que explica por qué el mundo gira como gira (y por qué a veces parece hacerlo del revés).

 


 

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