Lev Gudkov, el sociólogo que mejor conoce a Rusia: "La humillación se ha canalizado en odio hacia Occidente"
El 66% de los rusos apoya ahora negociaciones de paz, mientras que solo el 26% quiere continuar la guerra, el nivel más bajo.
El frente de la guerra entre Rusia y Ucrania y las conversaciones de paz copan la actualidad del conflicto, pero pocos se paran a pensar en otras aristas, como por ejemplo, qué piensan los rusos de esta guerra y de las ayudas occidentales. Nadie mejor que el sociólogo ruso Lev Gudkov.
En una larga entrevista al diario alemán Der Spiegel, Gudkov desgrana la situación actual de la Rusia de Putin y cómo ve la calle todo el conflicto y la relación con Europa, siempre en tira y afloja durante gran parte de la historia, siglos de espaldas, y otras de acercamiento mutuo.
Estamos a punto de cumplir cuatro años desde que Rusia invadiera territorio ucraniano. Era el 24 de febrero de 2022 y la situación en 2026 es una mezcla incómoda de cansancio, conformismo y agresividad latente. Así lo describe Gudkov, actual director del Centro Levada, la institución demoscópica independiente más importante de Rusia y una de las pocas que siguen midiendo el pulso real del país pese a la presión del Kremlin.
El sociólogo traza un retrato preciso de un país donde la guerra ya no se vive con entusiasmo, pero tampoco genera una oposición capaz de desafiar el poder. El dato más llamativo es que el 66% de los rusos apoya ahora negociaciones de paz, mientras que solo el 26% quiere continuar la guerra, el nivel más bajo registrado desde febrero de 2022.
Trump, el factor que nadie esperaba
Este giro no se explica por un cambio de actitud hacia Moscú, sino por un actor externo. Según Gudkov, la figura del presidente de EEUU, Donald Trump, ha reactivado las expectativas de paz entre la población rusa.
"Los rusos creen que Trump puede traer la paz", explica. Tras su regreso a la Casa Blanca, la simpatía hacia EEUU y hacia Trump se ha disparado, algo impensable hace apenas dos años. Muchos ciudadanos proyectan en él la esperanza de una salida al conflicto, convencidos de que presionará a Ucrania y entenderá "los intereses de Rusia".
Así, se da la paradoja de que no confían en que Putin quiera detener la guerra, pero sí en que lo haga un presidente extranjero.
Fatiga bélica, pero sin ruptura
Aunque una mayoría sigue respaldando formalmente la guerra, Gudkov detecta fatiga, descontento difuso e incertidumbre. La población asume que Putin prolongará el conflicto "hasta el agotamiento total", algo con lo que los rusos están acostumbrados.
Sin embargo, hay contradicciones clave:
- El 70% aprobaría que Putin decidiera mañana detener la guerra.
- Pero el 60% rechazaría una retirada de las tropas rusas de los territorios ocupados en Ucrania.
Para Gudkov, la explicación está en la redefinición del conflicto: ya no se percibe como una guerra contra Ucrania, sino como una guerra contra Occidente. Aquí entra la eterna propaganda.
La propaganda y el enemigo exterior
La narrativa del Kremlin ha sido extraordinariamente eficaz. Hoy, solo entre el 16% y el 17% de los rusos culpa a Ucrania de la guerra. En cambio, el 70% señala a la OTAN y el 80% a Estados Unidos como responsables. Apenas entre el 6% y el 8% culpa a Rusia. "La responsabilidad se ha desplazado completamente hacia fuera", resume Gudkov.
Este relato ha calado sobre un terreno fértil: complejos de inferioridad acumulados desde los años 90, cuando Rusia no logró transformarse al ritmo de otros países de Europa del Este tras la caída del comunismo.
De la frustración al resentimiento
Gudkov recuerda que en los años noventa hasta el 60% de los rusos querría entrar en la OTAN y la UE. Ese escenario se rompió poco a poco desde 2003, cuando Putin empezó a fomentar el discurso antioccidental, reforzado tras la ampliación de la OTAN y las llamadas "revoluciones de colores" de Georgia y Ucrania.
Hoy las cosas son radicalmente distintas: el 92% de los rusos cree que su país está rodeado de enemigos, el nivel más alto desde 1994. "La humillación se ha transformado en odio hacia Occidente", afirma Gudkov.
Frases como "nunca nos han querido" o "quieren destruirnos" se repiten en las encuestas. La guerra alimenta un deseo de venganza y de reconocimiento, más simbólico que territorial.
Hay también analistas que ven más vericuetos a la situación y culpan es "mano" invisible de EEUU o China, para impedir como clave geoestratégica que Europa y Rusia nunca sean aliados, sea como sea, y menos aún una unión euroasiática tan soñada por algunos.
Territorios, símbolos y confusión
Pese al énfasis del Kremlin en el Donbás y otras regiones ocupadas, Gudkov sostiene que los territorios son más simbólicos que reales para la población. La mayoría no sabría ubicarlos en un mapa y, cuando se pregunta por detalles concretos de un plan de paz, la respuesta dominante es: "No lo sé".
Lo importante no es tanto la geografía como la narrativa de victoria. Una retirada rusa del Donbás sería vista como una derrota total y podría abrir una crisis dentro de la élite del poder. Un conflicto congelado, en cambio, sería aceptado con resignación.
Silencio, miedo y vida privada
La guerra se ha vuelto un tema del que muchos prefieren no hablar. La mitad de la población ha dejado de seguir las noticias sobre Ucrania. No solo por miedo a la represión, sino por una actitud defensiva y conformista: "vivo mi vida, no quiero problemas".
Este comportamiento es especialmente fuerte entre los jóvenes. Los mayores, sobre todo hombres, siguen mostrando actitudes más belicistas, especialmente en Moscú, donde Gudkov detecta un clima cada vez más imperial y militarizado.
Soldados, dinero y desgaste
El apoyo a alistarse como soldado contratado también cae. Si en 2023 más del 50% respaldaba que un familiar firmara un contrato, ahora solo lo hace el 30%. La guerra se percibe como una picadora de carne, y el dinero —unos 2.200 euros mensuales, más del doble del salario medio— ya no compensa el riesgo vital, salvo en las regiones más pobres.
Economía, ilusiones y "paciencia rusa"
Aunque algunos sectores se beneficiaron del gasto militar, la inflación ha erosionado los ingresos y el crecimiento se frena. La gente ahorra, retrasa compras y confía en que "todo mejorará".
"Las ilusiones son el instrumento de poder más eficaz", dice Gudkov. Mantener la esperanza, aunque sea infundada, sostiene al régimen. Por ahora, concluye, Putin no enfrenta una amenaza interna inmediata. Lo que domina es lo que él llama "paciencia rusa": aguantar, adaptarse y esperar.