México tiende la mano a España para abrir una "nueva etapa" tras años de tensiones
El mensaje que busca pasar página: "Somos dos países que se reencuentran".
México quiere dejar atrás las fricciones y mirar hacia adelante con España. Ese es, al menos, el mensaje que ha lanzado el Gobierno mexicano tras la reunión entre su canciller, Roberto Velasco, y el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, en una visita oficial que puede marcar un punto de inflexión en la relación bilateral.
"Queremos seguir este acercamiento de dos países que eran ya cercanos y que nuevamente se encuentran para construir una nueva etapa", aseguró Velasco tras el encuentro, en una declaración que apunta directamente a una voluntad política de rebajar tensiones y reforzar la cooperación.
Un reencuentro con historia… y con cuentas pendientes
La relación entre México y España no es una más. Está cargada de historia, de vínculos culturales y también de momentos de tensión política en los últimos años. Por eso, el mensaje del Ejecutivo mexicano va más allá de lo diplomático.
Velasco quiso recordar uno de los episodios más simbólicos de esa relación: la acogida del exilio republicano español tras la Guerra Civil. Un gesto que calificó como uno de los "capítulos más sobresalientes" entre ambos países y que, según subrayó, sigue siendo un ejemplo de "solidaridad y cercanía" vigente a ambos lados del Atlántico.
Pero el foco está en el presente. Y en reconstruir una relación que, pese a las diferencias, ambos gobiernos parecen decididos a relanzar.
Sheinbaum, Albares y una agenda común en marcha
La visita de Albares a México no ha sido solo protocolaria. El ministro español también se reunió con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, en un encuentro que refuerza la idea de que ambas partes quieren avanzar en una agenda conjunta.
Según explicó Velasco, el objetivo es trabajar sobre cuatro grandes ejes: cooperación cultural, desarrollo científico y tecnológico, defensa de la democracia y una agenda internacional alineada con los principios de la ONU.
"Somos dos naciones soberanas que reconocen sus diferencias con madurez y que apuestan por el entendimiento mutuo y la prosperidad compartida", resumió el canciller mexicano.
Cultura, memoria… y una nueva narrativa compartida
Uno de los puntos clave del acercamiento pasa por la construcción de una nueva narrativa sobre la historia común. Un terreno especialmente sensible, pero que ambos países parecen dispuestos a abordar desde una perspectiva más amplia.
Velasco defendió la necesidad de trabajar esa historia "con profundidad y toda su diversidad", incluyendo el reconocimiento de las culturas indígenas de México, un aspecto que ha cobrado protagonismo en los últimos años.
Como ejemplo, mencionó iniciativas como la exposición "La Mujer en el México Indígena", celebrada en Madrid, que reflejan ese intento de construir puentes culturales desde una mirada más inclusiva.
El contexto global también empuja
El acercamiento entre México y España no se produce en un vacío. Llega en un momento de creciente tensión internacional, con conflictos abiertos, polarización política y desafíos globales que obligan a reforzar alianzas.
Velasco lo dejó claro al hablar de la necesidad de dar "respuestas firmes" ante el "avance del extremismo, la desinformación y la represión". También puso sobre la mesa la urgencia de reformar organismos como la ONU para hacerlos más representativos.
En ese contexto, la cooperación entre ambos países cobra un valor añadido.
Invitación real y gesto político
Como parte de este nuevo clima, Albares entregó personalmente a Sheinbaum una invitación del rey Felipe VI para asistir a la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid en noviembre.
Un gesto simbólico, pero también político, que refuerza la idea de que España quiere contar con México en el centro de su estrategia internacional en América Latina.
La gran pregunta ahora es si este acercamiento se traducirá en cambios reales o si se quedará en una declaración de intenciones. Las bases parecen sentadas, pero el recorrido dependerá de cómo ambos gobiernos gestionen sus diferencias en los próximos meses.
Por ahora, el mensaje es claro: México y España quieren volver a entenderse. Y esta vez, dicen, para abrir una "nueva etapa".