Ormuz, bombardeos y amenazas: por qué Oriente Medio vive sus horas más imprevisibles desde abril
Estados Unidos e Irán han intercambiado nuevos ataques, Teherán asegura haber cerrado el estratégico estrecho de Ormuz y Donald Trump mantiene abiertas unas negociaciones de paz que cada vez parecen más difíciles de compatibilizar y de creer con lo que ocurre sobre el terreno.
Hace apenas unos días Donald Trump insistía en que el acuerdo estaba cerca. Hablaba de avances en las conversaciones con Irán, de intercambios de borradores y de la posibilidad de cerrar un pacto que pusiera fin a una guerra que ya dura más de tres meses. Sin embargo, la madrugada de este jueves ha dibujado un escenario radicalmente distinto.
Bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní, hemos visto explosiones en varios puntos del país, constantes ataques iraníes contra instalaciones militares de Estados Unidos en Oriente Medio y, por encima de todo, una amenaza que ha encendido todas las alarmas internacionales: el supuesto cierre del estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos del planeta para el comercio mundial de petróleo.
La sensación es que la crisis ha entrado en su momento más imprevisible desde el alto el fuego del pasado 8 de abril.
Trump vuelve a bombardear Irán
La escalada comenzó cuando Estados Unidos anunció una nueva oleada de ataques contra "múltiples objetivos" iraníes. Según el Comando Central estadounidense (CENTCOM), los bombardeos fueron ordenados directamente por Trump y tenían como objetivo responder a las "agresiones continuas" de Irán. Washington acusa a Teherán de estar detrás del ataque contra un helicóptero Apache estadounidense ocurrido horas atrás en las proximidades del estrecho de Ormuz.
Posteriormente, el mando militar detalló que los ataques estuvieron dirigidos contra sistemas de vigilancia, comunicaciones y defensa aérea iraníes, considerados una amenaza para las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región y para la navegación comercial.
Las explosiones comenzaron a registrarse poco después en varios puntos de Irán. Medios locales informaron de la activación de defensas antiaéreas en Teherán y de detonaciones en ciudades del sur del país, así como en la isla de Qeshm, una de las zonas más sensibles del golfo Pérsico.
El factor Ormuz
Pero la verdadera preocupación llegó horas más tarde. El Ejército iraní anunció el cierre "por completo" del estrecho de Ormuz y advirtió de que cualquier embarcación que intentara atravesarlo se convertiría en objetivo militar.
La Guardia Revolucionaria aseguró incluso haber disparado contra dos barcos que trataban de cruzar la zona. Y esta no es una amenaza cualquiera porque por el estrecho de Ormuz, como ya hemos dicho tantas veces, pasa una parte fundamental del petróleo que exportan países como Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos o el propio Irán. Cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo tendría consecuencias inmediatas sobre los mercados energéticos y podría provocar una nueva subida de los precios del crudo en todo el mundo.
Sin embargo, apenas unos minutos después llegó la respuesta estadounidense: negaron que el estrecho estuviera realmente cerrado y aseguraron que los buques comerciales seguían entrando y saliendo con normalidad. También han rechazado las informaciones difundidas por medios iraníes acerca de supuestos ataques contra barcos o instalaciones estadounidenses en la zona.
La contradicción entre ambas versiones refleja hasta qué punto la guerra informativa se ha convertido en una parte más del conflicto.
Ataques más allá de Irán
Mientras Washington y Teherán intercambiaban acusaciones sobre Ormuz, la Guardia Revolucionaria iraní anunció una nueva respuesta militar. Según las autoridades iraníes, fueron atacadas bases estadounidenses en Baréin y Kuwait, así como instalaciones vinculadas a la Quinta Flota de Estados Unidos desplegada en el golfo Pérsico.
Teherán afirmó haber lanzado dos oleadas de ataques contra varios objetivos militares y aseguró que también empleó drones contra sistemas de comunicaciones y radares estadounidenses.
La ofensiva supone un nuevo salto cualitativo en la crisis porque amplía el escenario de confrontación más allá del propio territorio iraní.
La paradoja de Trump
En medio de toda esta escalada hay un elemento que resulta especialmente llamativo: mientras se desarrollaban los bombardeos, Fox News informó de que Trump mantuvo contactos directos con oficiales iraníes desde la sala de crisis de la Casa Blanca. Según esa versión, el presidente estadounidense insistió a los mandos militares iraníes para que aceptaran las condiciones planteadas por Washington en las negociaciones.
La imagen resume perfectamente la contradicción que atraviesa esta crisis. Estados Unidos sigue afirmando que busca un acuerdo de paz., mientras Irán asegura que las conversaciones continúan a través de mediadores como Pakistán, pero la realidad es que sobre el terreno ambas partes continúan intercambiando ataques.
La gran incógnita ya no es si Washington y Teherán siguen negociando, sino si las negociaciones podrán sobrevivir a una dinámica militar que parece acelerarse con cada jornada que pasa.
Porque si algo han demostrado las últimas horas es que Oriente Medio vuelve a moverse sobre una línea extremadamente fina, una línea que separa una negociación complicada de una escalada mucho mayor con consecuencias imprevisibles para toda la región.