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05/03/2013 08:17 CET | Actualizado 04/05/2013 11:12 CEST

El efecto Dunning-Kruger y el Partito Lotteria

El norte de Europa ha resistido parcialmente indemne a la crisis, mientras que el sur se desangraba, pero la crisis empieza ya a golpear a la puerta de Alemania. Matar a los clientes jamás fue una buena política comercial. Con algo de suerte Merkel acabará por darse cuenta, pero sólo si resultara ser más inteligente que sus secuaces.

"Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo". Muchos borgianos, entre los que con seguridad se encuentra el físico y profesor de la Universidad de Catania Alessandro Pluchino, habrán reconocido en esta cita el inicio de la ficción La lotería de Babilonia escrita por el genio argentino en 1944. Pluchino y sus colegas de universidad Andrea Rapisarda y Cesare Garofalo (doctores en Física y Sociología, respectivamente) son los autores de una curiosa teoría que han publicado en el libro Democrazia a sorte, que ya ha alumbrado un partido político (el Partito Lotteria) tal y como informaba recientemente L'Huffington Post, la versión italiana del HuffPost.

La idea de los autores es simple: debería haber una cuota de diputados elegidos por sorteo, es decir, no dependientes de la consigna del partido de turno sino, cabe pensar, sólo preocupados por el interés general. Según sus tesis, para que el peso político de los diputados por sorteo sea real la cuota de los mismos debería incrementarse si hay grandes diferencias entre la mayoría y la oposición. En cierta manera, los autores extrapolan en Democrazia a sorte a la política el estudio por el que en 2010 ya obtuvieron el premio lg Nobel de Economía por el artículo The Peter Principle Revisited, en el que haciendo uso de la teoría de juegos defendían un mecanismo aleatorio para determinar las promociones en las organizaciones, lo que evitaría dedazos (ergo Rajoyes) y permitiría la irrupción de nuevos talentos.

Las tesis defendidas en Democrazia a sorte son bastante moderadas en relación al poder omnímodo de la Compañía del cuento de Borges, y la elección por sorteo para la asamblea legislativa no debería resultar tan sorprendente dado que la muy democrática institución del jurado es ya una realidad en nuestro país y los de nuestro entorno, y el hecho de que los autores hayan logrado un premio Ig Nobel por sus tesis no debería tampoco inducir a nadie a error sobre la excelencia investigadora de los mismos: excepto en sus tres primeras ediciones el premio se otorga a auténticos logros científicos que eso sí, aborden temas de investigación absurdos o que tengan un aspecto humorístico. Así, el físico Andréy Gueim logró sucesivamente un Ig Nobel por hacer levitar una rana en un campo electromagnético y un Nobel por sus investigaciones sobre el grafeno.

Otros ganadores del premio Ig Nobel son los insignes neurocientíficos Justin Kruger y David Dunning, que han dado nombre a un fenómeno cognitivo conocido como el efecto Dunning-Kruger, que explica por qué los individuos con un elevado nivel de incompetencia son consistentemente incapaces de reconocer sus errores y tienden sistemáticamente a considerarse más inteligentes de lo que realmente son, y del que el comisario europeo Olli Rehn, que recientemente tuvo los arrestos de declarase keynesiano es un caso de libro. La ignorancia es atrevida, que dirían en mi pueblo, o un caso paradigmático de Dunning-Kruger en lenguaje científico.

Es esta gente la que gobierna Europa hoy, y así nos va. Son estos mismos individuos los que después se sorprenden de que el partido de Beppe Grillo haya sido el más votado en las últimas elecciones en Italia (ya que Bersani y Berlusconi lideraban coaliciones) y que en cambio su procónsul Monti lograra un exiguo 10% de los votos. El norte de Europa ha resistido, hasta hoy, parcialmente indemne (e insensible) a la crisis, mientras que el sur y la preriferia se desangraban, pero la crisis empieza ya a golpear a la puerta de Alemania. Matar a los clientes jamás fue una buena política comercial. Con algo de suerte Merkel acabará por darse cuenta, pero sólo si resultara ser más inteligente que sus secuaces. Si en cambio es, como me temo, otro ejemplo claro de efecto Dunning-Kruger en acción quizás en no mucho tiempo Alemania alumbre su propio Lotto-Partei, lo que no creo que sea una buena noticia para nadie.