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03/12/2013 07:30 CET | Actualizado 01/02/2014 11:12 CET

Jóvenes de Europa: ¡largaos!

Quizás dentro de unos años, cuando la cantidad de jóvenes que nos hayamos largado fuera de nuestro país y hayamos vuelto sea mayor que hoy, los emigrantes retornados logremos eliminar los miedos de los europeos a la inmigración, signo certero de un futuro mejor para todos, y en vez de escrutar con aprensión las cifras de la prima de riesgo presumiremos de las cifras de llegadas de inmigrantes a nuestros respectivos países, signo certero de un futuro mejor para todos.

La actualidad francesa de las últimas semanas ha estado marcada por los insultos racistas contra la ministra Christiane Taubira que han abierto un debate sobre si el racismo se ha deshinibido en Francia, aunque no se ha planteado un debate más a fondo: el de si Francia es un país racista.

La xenofobia es la expresión más lamentable de la crisis a este lado de los Pirineos, por lo que el discurso de Felix Marquardt, un publicista que acaba de publicar un manifiesto llamado Barrez-vous, algo así como Largaos resulta por lo menos refrescante dentro del clima crecientemente xenófobo en Francia y en otros países europeos.

La guía proemigración de Marquardt es la lógica continuación a una polémica tribuna que el propio autor escribió en Libération hace algo más de un año y que le granjeó las críticas de Jean-Marie Le Pen, lo que supone un motivo de orgullo para Marquardt. Parece que en algo ambos son coherentes: los flujos migratorios corren en dos sentidos, y si se está en contra de las entradas uno ha de estar consecuentemente en contra de las salidas.

El panfleto de Marquardt es eminentemente una selección de testimonios de franceses expatriados y mezcla historias de éxito increíbles como la de un camarero convertido en director de hotel al poco tiempo, con otras menos reconfortantes pero enriquecedoras igualmente, como el joven de la banlieue parisina que tras intentar montar un negocio de importación-exportación en China pero no lograr la financiación necesaria se va a trabajar a Montreal. Los testimonios se completan con una guía de 99 consejos prácticos, que incluyen algo tan sencillo como irse de Erasmus por Europa o sacarse un visado de vacaciones y trabajo en Australia, financiando el viaje haciendo la vendimia y permitiendo así al potencial emigrante francés poner un primer pie en tierras australes.

El tono sombrío que Marquardt utiliza para referirse al estado de las cosas en Francia podría usarse para retratar a nuestro país con mucho mayor motivo, ya que nuestra tasa de paro dobla ampliamente la existente en Francia -que no deja de ser, pese a todo, muy elevada-. Pese al mensaje eminentemente práctico de la guía Barrez-vous, subyace en ella la reflexión siguiente: la mejor manera de conocer bien y de amar a tu país es largarse de él, irse fuera, curarse de racismos, hacerse más fuerte, más sabio, y volver si la ocasión se presenta, trayéndose a casa lo aprendido y aprendiendo igualmente a valorar lo bueno que existe en casa, que es mucho tanto en Francia como en España.

La inmigración es enriquecedora para el inmigrante, y pese a que hoy en Europa somos pocos los que defendemos la tesis de la inmigación libre, lo es aún más para la sociedad de acogida. Los inmigrantes sueles ser jóvenes sanos en edad de trabajar, y su aportación a la caja del Estado es positiva, ya que llegan casi siempre después de ser escolarizados y a menudo vuelven a sus países de origen al jubilarse o antes, si la ocasión se presenta tal y como indicaba arriba, por lo que consumen menos recursos educativos o sanitarios que los locales.

EEUU, a día de hoy la nación más poderosa del planeta, se forjó gracias a la energía de los inmigrantes europeos, para los que la inmigración era libre hasta 1921, año al partir del cual se impusieron cuotas, más generosas con la inmigración pese a todo que la actuales políticas. Irónicamente la política de cuotas pretendía restringir la entrada de judíos del este de Europa en el país, cuando a día de hoy este grupo de inmigrantes es el que ha logrado un mayor logro en prácticamente cualquier campo -a excepción, quizás, del deportivo- gracias a sus cualidades antifrágiles: más de cien premios Nobel en el ambito académico, hombres de negocios como Mark Zuckerberg o Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google, cineastas como Spielberg o los hermanos Coen, escritores como Norman Mailer, Philip Roth, etc.

Larry Summers, otro célebre judío americano y secretario del Tesoro de los Estados Unidos de 1999 a 2001 bajo la presidencia de Bill Clinton, pronunció un discurso ante el FMI hace casi un mes alertando sobre la posibilidad de que Occidente esté entrando en una especie de "estancamiento secular" a la japonesa, caracterizado por la trampa de liquidez. Para escapar a la misma, Paul Krugman, el economista más influyente del mundo -y judío americano- apunta en su blog a elevar los objetivos de inflación o a reformar a fondo el sistema monetario eliminando el papel moneda, solución ya apuntada en este blog con anterioridad. Aunque la causa primera de la caída de la demanda sea probablemente demográfica: las proyecciones para nuestro país y los de nuestro entorno -Francia es la honrosa excepción a la regla- son lamentables.

La inmigración libre no ayudaría ciertamente a elevar las expectativas de inflación, pero podría paliar nuestro déficit demográfico (la tasa de natalidad es mayor, por lo general, en los colectivos de inmigrantes). Quizás dentro de unos años, cuando la cantidad de jóvenes franceses o españoles que nos hayamos largado fuera de nuestro país y hayamos vuelto sea mayor que hoy, los emigrantes retornados logremos eliminar los miedos de los europeos a la inmigración, y en vez de escrutar con aprensión las cifras de la prima de riesgo presumiremos de las cifras de llegadas de inmigrantes a nuestros respectivos países, signo certero de un futuro mejor para todos.