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28/09/2015 07:06 CEST | Actualizado 27/09/2016 11:12 CEST

Esperando a los yemeníes

ruinasAunque se dice que los yemeníes no huyen del país y prefieren refugiarse en el desierto o la montaña, no es improbable que aparezcan refugiados de tal nacionalidad en la legión de desesperados que huyen de las guerras de Oriente Medio, Asia Central y África. En el último año, la situación humanitaria tras el conflicto bélico que asuela el país, se ha agravado brutalmente.

Con las fuerzas de la coalición que dirige Arabia Saudí a cuarenta kilómetros de la capital, próxima la batalla para la reconquista de Sanaa, han regresado a Adén el primer ministro y siete de sus ministros del anterior Gobierno, exiliados en Riad desde marzo. Se han declarado partidarios de la reanudación de las conversaciones que patrocinaron las Naciones Unidas, que fueron rechazadas por los rebeldes huzis, porque se les pide que reconozcan al actual presidente Hadi y que abandonen las principales ciudades. Los huzis mantienen Sanaa en su poder, pero se han retirado de la provincia de Mareb, al este de la capital, la cuna de la mítica Reina de Saba.

El presidente Abdu Rabu Mansour Hadi. REUTERS/Stefan

Aunque se dice que los yemeníes no huyen del país y prefieren refugiarse en el desierto o la montaña, no es improbable que aparezcan refugiados de tal nacionalidad en la legión de desesperados que huyen de las guerras de Oriente Medio, Asia Central y África. Guerras en principio lejanas que no causaban especial impresión excepto en militares, diplomáticos y periodistas, pero cuyos efectos en hombres, mujeres y niños nos los han arrojado de manera dramática hasta en los lugares mas maravillosos de la costa mediterránea y de las ciudades europeas, donde no se esperaba encontrar esas masas desprotegidas y agotadas, solo pasar unas vacaciones agradables.

Hasta ahora, el circuito de la eventual estampida yemení no pasaba por Europa. Más bien se ha reducido a Oriente Medio. Ese conflicto más o menos relegado en la atención, aunque solo sea por la misma duración, la pobreza del país y porque Yemen tiene la pésima reputación de haber estado en conflicto desde hace décadas -con mayor o menor intensidad-, despierta interés renovado no ya por el problema militar o político sino, y como en los otros conflictos, porque son las personas que lo padecen y huyen quienes nos revelan su perfil siniestro. Para otro día puede quedar el estudio del impacto geopolítico de lo que está sucediendo.

Una vez más, el problema humanitario acaba adquiriendo mayor peso en la opinión pública y en los sentimientos de todos que otro tipo de consideraciones estratégicas, y desde luego resulta mas difícil de resolver o llevará mas tiempo hacerlo. En Yemen se ha dicho que se está configurando una perfecta tormenta humanitaria, una catástrofe humanitaria, desarrollándose en progresión geométrica a lo largo de este año, por la que el país, en cinco meses transcurridos, se parece a esa Siria que padece una guerra de cinco años. O sea, que no solo aparecen nuevas tragedias, sino que su representación pública se acelera.

Se acentúa la catástrofe

En la actualidad, veintiún millones de yemeníes, el ochenta por ciento de la población, necesita asistencia humanitaria. 12,9 millones se encuentran en situación de grave inseguridad alimentaria, y seis millones en situación muy grave. También con cifras en progresión con el paso de los meses, un millón y medio de de yemeníes son personas desplazadas dentro del país, en su mayoría procedentes del sur, de Aden y Al Dahle, así como de Saada, en el norte. Se calcula que la guerra hasta ahora ha ocasionado treinta mil víctimas, entre ellas cinco mil muertos, de los que cuatrocientos son niños. Una media de ocho niños mueren o son heridos cada día.

Los servicios públicos son incapaces de prestar asistencia en alimentación y en cuidados médicos en un país que solía importar el noventa por ciento de sus alimentos, y que ya no puede hacerlo debidamente por el bloqueo naval de la coalición que dirige Arabia Saudí. El Banco Mundial estima que 1,8 millones de niños yemeníes sufren malnutrición este año, entre ellos medio millón con malnutrición grave y acusada. Tres mil seiscientas escuelas permanecen cerradas por motivos de seguridad, afectando a casi dos millones de escolares.

Rebeldes huzis patruyando por las calles de Sanaa. REUTERS/Khaled Abdullah

Más aún, en ese caos humanitario del Yemen no podían faltar las epidemias, que se disparan, ocupando lamentablemente ese abismo que se abre por la falta de comida, de agua y de higiene: el dengue, las fiebres tifoideas y la malaria. La Organización Mundial de la Salid ha propuesto la apertura de un corredor humanitario desde la provincia de Taiz para aliviar la suerte de más de tres millones de yemeníes afectados por las epidemias o en riesgo cercano de estarlo. Y sin embargo, durante años -y todavía hoy-, Yemen ha albergado refugiados procedentes de Somalia, y en los últimos meses, también de Siria e Irak.

En una especie de viaje de ida y vuelta o tomando un tercer país como escala temporal para otros lugares, refugiados yemeníes han huido a Somalia y Yibuti, y refugiados etíopes en su mayoría han acudido a Yemen desde el pasado mes de marzo. Al parecer, fueron engañados por los traficantes de personas, sin ser informados del país al que se dirigían -verdaderamente no el más adecuado en estos días para buscar refugio-, y pensando que se dirigían a los países del Golfo Pérsico. Todo esto querría decir que al menos todavía la guerra en Yemen no ha provocado una estampida de refugiados, o que los yemeníes prefieren permanecer en su país pese a todo.

Contacto regional

Pero también quiere decir que en Yemen se está desarrollando una tragedia humanitaria en su población desplazada por un conflicto de diversas tensiones que amenaza con adquirir alcance regional, si es que no lo ha alcanzado ya, que lleva gestándose desde el derrocamiento del presidente Ali Abdullah Saleh; la transición política se deterioró desde que en septiembre de 2014 los rebeldes huzis conquistaran la capital Sanaa y disolvieran el Gobierno de transición. A partir de entonces comenzó una escala militar, dibujándose la perspectiva de una guerra prolongada, con la presencia activa de terceros países en la guerra civil yemení.

Una perspectiva caracterizada en especial por la abierta participación de la coalición que dirige Arabia Saudí, con los países del Golfo Pérsico, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán, etc., en lo que se considera como el Ejército Árabe, pero también como una especie de santa alianza de naturaleza sunita dispuesta a intervenir para preservar la seguridad regional. Riad considera a los chiitas huzis, como en su día a los chiitas de Bahrein, como agentes de Irán, lo que ha contribuido a la proyección de los saudíes hacia un país vecino y con valiosísima situación estratégica, incrementando su participación en una guerra por intermediarios para el equilibrio de poder en la zona o para su dominio frente a Irán.

La madre del niño de 21 meses Majed Ayyash prepara a su hijo para que lo pesen en una unidad intensiva de malnutrición en la ciudad de Sanaa. REUTERS/Khaled Abdullah

La otra guerra civil del Yemen, en los años sesenta del pasado siglo, también fue una guerra internacional, esencialmente entre saudíes y egipcios. En este panorama de múltiples y poderosos actores, con los presidentes Hadi y Saleh moviéndose con frenesí para recuperar el poder, la presencia de Al Qaeda y el DAESH -ambos contra los huzis-, las permanentes tensiones separatistas en el Sur, los enfrentamientos sectarios, el colapso del Estado y la proliferación de milicias, las alianzas se hacen y deshacen con enorme facilidad, y no es fácil dilucidar qué secta o nación resultará ganadora. No hay consenso ni confianza entre las partes, todos los bloques políticos y militares se unen o dividen.

Una vez más, en Yemen las ilusiones de la Primavera Árabe no se han cumplido, destrozadas en el día a día de la rivalidad regional, las tensiones geográficas y religiosas, las actuaciones terroristas y la manifiesta incapacidad de los dirigentes. En un principio se generó mucha confianza al inaugurarse la Conferencia del Diálogo Nacional y con la destitución del presidente Saleh. En diez meses de trabajo, con una notable capacidad de convocatoria en un país tan desunido y mal gobernado, se obtuvieron conclusiones muy positivas para el futuro nacional.

Separados por la geografía y la religión

Promovida por Arabia Saudí y los países del Golfo, la Conferencia es ya sólo un recuerdo histórica de una alternativa que habría evitado la guerra y la destrucción física y social de un país pobrísimo pero destacado en su cultura y su patrimonio, en el que ya desde hace años se recomienda a los extranjeros que no viajen. La superposición de profundas líneas de separación geográficas y religiosas, en especial entre los chiitas zaydis del Norte y los sunitas shafais del sur y centro, amplían y complican el conflicto. Aparte de la acumulación de refugiados, la violencia y la fragmentación amenazan seriamente el futuro del Yemen.

Las Naciones Unidas parecen haber perdido fuerza para promover acuerdos entre las partes; su número y variedad hacen mas difícil el acceso, que en cualquier caso no será posible sin el acercamiento y buena disposición de los grandes patronos saudíes e iraníes. Omán es el único país del Golfo que se ha distanciado de la coalición y que eventualmente podrían servir de vínculo y cauce para negociar. Pero nadie se fía del otro, se lucha en muchas partes y por muchos actores. Además, la participación internacional, con su marcada inclinación, especialmente en el caso de Arabia Saudí -mucho mas decidida que la actuación de Irán-, promueve además las condiciones para la prolongación de la guerra.

Imagen de casas derruidas y escombros producidos por los enfrentamientos cercanos al aeropuerto de Sanaa Airport. REUTERS/KHALED ABDULLAH

Ni prudencia política ni sensatez ante un futuro muy amenazador para un país desgraciado traerán la paz; lamentablemente, y una vez más, el cansancio de la guerra o el inventario insoportable de la muerte y la destrucción, crearán las condiciones para sentarse a la mesa del diálogo y la negociación, ya inevitables. De momento la parte prosaudí, la del presidente Mansur Hadi, parece limitarse a repetir argumentos y premisas que ya fueron rechazados por los huzis meses atrás. Antes de que Yemen se convierta en Siria, Irak, Afganistán o Libia, lográndose un acuerdo político que en cualquier caso resultará menos costoso que la guerra, el primer objetivo podría estar en el alto el fuego promovido y vigilado por el Consejo de Seguridad; y por supuesto, por Irán, Arabia Saudí y los demás miembros de la coalición, con la participación, muy activa, de Omán.

Lográndose el alto el fuego se evitará de alguna manera el doloroso enganche de los yemeníes en esa famélica legión de refugiados que proceden de tantos lugares castigados y que llaman a nuestras puertas; a lo mejor, nada sabíamos de sus países de origen, de su historia y su cultura, de tanta categoría. Nos proporcionan sus dramas y sus sufrimientos, la muerte y la violencia en familias enteras, niños, ancianos y mujeres desesperados las lecciones mas difíciles de esa asignatura que se denomina Geografía Humana, tristemente de moda en estos días y en nuestro mundo. Procediendo de un país lejano, poco o nada conocido, peligroso para turistas, de donde ya procede también un clamor masivo de gentes inocentes que huyen para salvase, al que en modo alguno se puede permanecer ajeno.

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