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12/08/2013 06:47 CEST | Actualizado 11/10/2013 11:12 CEST

Periodismo Ninja

Sin apenas edición, retransmitiendo al instante, el Midia Ninja en Brasil se ha convertido en metáfora de la realidad. Lo que aparece en sus cámaras y sus descripciones, como si careciese de punto de vista. Como una especie de objetivo aleatorio que acumula los movimientos en la calle.

Ha sorprendido la confianza obtenida por el periodismo que se ha dedicado a dar cuenta de las protestas en Brasil, denominado periodismo Ninja, aunque no tenga nada que ver con las conocidas tortugas de dibujos animados. Este periodismo se ha dedicado a retransmitir en vivo la ola de protestas que se iniciaron en Brasil a consecuencia de la subida en las tarifas del transporte público. A veces, grababan las protestas a lomo de los propios manifestantes. Y, en mayor medida que éstos, son objetivo selectivo de la acción de las fuerzas de seguridad durante los acontecimientos de protesta.

Sin apenas edición, retransmitiendo al instante, el periodismo ninja (Midia Ninja) se ha convertido en metáfora de la realidad. Lo que aparece en sus cámaras y sus descripciones, como si careciese de punto de vista. Como una especie de objetivo aleatorio que acumula los movimientos en la calle. Su tecnología es básica. A veces, se resume en un móvil de los calificados como inteligentes. Por lo tanto, la calidad de sus imágenes puede ser deficiente. Ahora bien, tal falta de calidad lejos de causar rechazo entre los receptores, parece generar en ellos una mayor sensación de realidad, como si se tratase de nuevos reportajes (móviles) verité. Además con una función: mientras se sientan centro de los objetivos de las cámaras, los policías se cuidarán mucho de acciones violentas que, posteriormente, puedan ser puestas en evidencia en internet. Así, sirven de denuncia y protección de los manifestantes. Cuestión que, más allá de las protestas brasileñas, está provocando que en muchos países se redacten leyes para limitar el uso de las cámaras -incluyendo las de los teléfonos móviles- en manifestaciones. No hay que irse muy lejos para constatar tales intenciones de las autoridades. Los policías dicen que se sienten desprotegidos, acusados, ante las cámaras. Pero lo que se sienten es atados, sin poder soltar el brazo con la porra con tanta facilidad.

A veces, los ninja son acusados y detenidos por incitar a la violencia. Como si lo que recogieran en sus objetivos fuera un simulacro, producido por ellos mismos. De la misma manera, se podría acusar a las cadenas de televisión cuando retransmiten acontecimientos deportivos que terminan en violencia, como si fueran los propios medios los que generaran la misma. En todo caso, el problema que tienen las autoridades es que los periodistas ninja trabajan en red y que no es sólo uno, dos o tres los que están ahí para reflejar lo que pasa. Son varios los que se convierten en fuente de información hacia los demás, estén o no en la propia manifestación de protesta. Son varios los que, por algunos momentos, se convierten en periodistas ninja. Una colaboración que puede ir más allá de la grabación. Así, se solicita a los otros manifestantes y vecinos de los lugares en los que tienen lugar las protestas que dejen libre la red, para así poder disponer de cobertura para la transmisión.

Más allá de los periodistas ocasionales, hay profesionales que forman este grupo, que han de vivir del periodismo que hacen y quieren hacer. Es aquí donde se encuentra el nuevo reto del grupo. Se dice que hasta ahora no han recibido ingreso alguno, siendo los propios profesionales los que han financiado la empresa. Incluso empiezan a correr rumores de que han llegado a recibir fondos de grandes compañías petrolíferas. Pero es el futuro financiero el que tienen que consolidar para sostener su credibilidad. Parece que las fórmulas del crowdfunding o la suscripción, a través de la web, son la que tienen más visos de salir adelante. Pero está por ver.

Como casi toda confianza, la adquirida por el periodismo ninja nace seguramente de una desconfianza. De la desconfianza con respecto a los medios de comunicación habituales, muy vinculados con intereses políticos y económicos. Es arriesgado plantearlo como una alternativa a los existentes. Lo que ocurrirá, como ha ocurrido antes con nuevos medios de comunicación o con nuevas formas de usar los medios es que se integrarán en el sistema de comunicación mediada transformándolo. De hecho, los medios tradicionales -desde diarios a televisiones- usan sus imágenes y, de esta manera, certifican su trabajo. Tal vez en mayor medida que los propios receptores directos de los mensajes de los periodistas ninja.

Quizá estemos asistiendo a una nueva división del trabajo dentro del sistema de comunicación mediada. Ya no se trata de una división entre medios de comunicación del instante -radio, televisión- con relación a la información, y medios de comunicación de reflexión sobre la actualidad (diarios), como se sigue enseñando en las aulas. Se percibe un cambio en el que internet aparece como el gran proveedor de la realidad informativa. Con el problema de que, como decía el sociólogo alemán Luhmann, internet es infinito y tiene de todo, por lo que se hacen necesarios medios de producción de información en los que confiar, los que estén en la calle. Otros, más institucionalizados, estarán destinados a certificar esa información producida, editando los trabajos de los anteriores, integrándolos en su discurso, conservando su reputación. Entonces, la financiación de estos nuevos productores de información no estaría tanto en sus directos consumidores, como en los medios que se alimentan de su trabajo. ¿Acaso los diarios y otros medios de información no reclaman a Google cantidades de dinero por usar su información?

Algo parece seguro, la sensación de estar al final de un modelo de trabajo de los medios de comunicación. Distintos informes ponen de manifiesto cómo las redacciones de los medios informativos se han reducido drásticamente con la crisis económica y, por lo tanto, de publicidad. Eso, si sobreviven. Una reducción que hace que cada periodista tenga que encargarse de dar forma a una media de cinco o seis informaciones cada día, lo que deja muy poco tiempo para hacer nomadismo informativo por la calle, hablar cara a cara con las fuentes, e, incluso, construir una potente agenda de fuentes, la principal arma del profesional de la información. Por ello, va en aumento el hecho de que los medios tradicionales se alimenten informativamente de internet, de lo que ofrece la red. Los más serios, tendrán la precaución de comprobar lo que ahí aparece. Otros, con menos recursos, se verán condenados a erigirse en puzles de lo que seleccionan en la web. Pero incluso los más serios han cometido más que algún tropiezo dando por información verdadera lo que era un montaje en la red o mero simulacro. Hay que tener en cuenta que el simulacro es una copia exacta de un original que no existe. Tan exacta, que pasa por originalidad y verdad.

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