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27/02/2018 07:30 CET | Actualizado 27/02/2018 07:30 CET

No es verdad, no faltan pediatras: tenemos la solución

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No es verdad, no faltan médicos, se puede repetir hasta la saciedad, pero no. Ya lo avisé en el primer número de este medio publicado allá por el año 2012 No faltan pediatras, sobran pacientes y el tiempo me da la razón.

No solo porque la sociedad se haya hecho más demandante como afirmaba, sino como ha demostrado recientemente con datos Juan Simó en su blog Salud, dinero y Atención primaria, porque se han ido. Llevamos años invirtiendo en la formación MIR para que a su término las ofertas laborales sean escasas, precarias y decepcionantes para un profesional que lleva invertidos 10 años de su vida entre carrera y residencia, un profesional que llega a los 30 y se encuentra con contratos de semanas o meses en el mejor de los casos.

Ponía en twitter @midelpueyo

Más RTs que Me gustas porque evidentemente no gusta. En la pediatría, que es una especialidad muy feminizada, el problema se agrava porque todavía hay diferencias reales.

La pediatría de Atención Primaria lo sufre desde hace tiempo, contratos basura en la sanidad pública, masificación, consultas abarrotadas, horarios de tarde hasta las nueve de la noche que impiden toda conciliación. Por otro lado, contratos más decentes y duraderos en hospitales, que juntando guardias se consigue un sueldo digno, ofertas buenas en hospitales privados y sobre todo la emigración a Europa o más allá, donde las posibilidades de tener una estabilidad son mayores y más atractivas ahora que no cuesta moverse por el mundo.

El grave deterioro de la Atención Primaria es fomentado por gerencias y consejerías apostando desde hace tiempo por su deterioro para encaminarlo de una u otra forma hacia la privatización directa o los modelos falsamente mixtos y apostando por el trabajo en precario y barato.

Tanto el consejero astur o el castellano leonés han profetizado la desaparición del modelo actual de pediatría diferenciada

En estos días ha saltado a la palestra la indignación de las múltiples sociedades pediátricas por los artículos y declaraciones que están haciendo visibles este deterioro, tanto el consejero astur o el castellano leonés han profetizado la desaparición del modelo actual de pediatría diferenciada, abogando por un modelo al estilo inglés donde un gatekeeper (portero) que es GP (médico general) atiende a toda la población, derivando a los menores al especialista pediatra consultor, que se mantiene en segunda línea.

Las cifras parecen indicar que este modelo británico tiene problemas y que un modelo como el nuestro, más escaso en nuestro entorno, aunque no único, dónde se atiende a la infancia por médicos especializados en pediatría es más exitoso y razonablemente más adecuado.

Defiendo, porque los datos así lo declaran, que la infancia debe ser atendida por profesionales especializados en atención primaria pediátrica hasta los 14 años o como creo personalmente, aunque sé que no es muy compartido, hasta los 18 para englobar todo el periodo de adolescencia. El niño no es un adulto bajito, tiene su forma propia de enfermar y sobre todo es una etapa de la vida donde se está formado un futuro adulto y debe recibir unos cuidados preventivos que cuiden su desarrollo y prevengan deterioros a medio o largo plazo englobando el modelo bio-psico-social. No digamos nada ya de sus tres primeros años donde aspectos de crianza y puericultura tienen gran relevancia de cara a los padres y que un profesional especializado, en cuidado compartido con enfermería, puede crear estándares de calidad y apoyo muy apreciados por la ciudadanía.

Ahora bien, a día de hoy esta función diferenciada la mantienen el 60% pediatras formados vía MIR en los hospitales, con una rotación de entre uno y tres meses por el centro de salud y con una visión lejana en su formación de lo que es la Atención Primaria y comunitaria. El 40% restante lo forman médicos de familia con más formación en centros de salud y comunidad, pero menos en infancia, o médicos puericultores como un servidor sin formación hospitalaria y muchos años de experiencia atendiendo en exclusividad a la infancia.

El enfrentamiento supremacista entre profesionales lleva a algunos a calificar de mortadela contra jamón pata negra la atención que podemos ofrecer los no MIR

¿Quién hace mejor su trabajo?

Todos por supuesto. Creo firmemente que a pesar de las luchas laborales por su espacio que mantienen las sociedades de pediatría, todos somos necesarios. Cada uno puede aportar mucho a la infancia, en clínica unos, en visión global del menor otros. Es cuestión de formación y mantenerse actualizado.

Las sociedades de pediatría ven amenazada su permanencia y aseguran que ellos son los únicos, hacen campañas con el lema confianza, como si los demás ofrecieran desconfianza, algún artículo con evidentes conflictos de interés afirma que los pediatras (firmantes) son los que me mejor lo hacen y que fuera de ellos todo es riesgo y mala atención. Ningún estudio independiente que abogue por tal cosa.

El enfrentamiento supremacista entre profesionales lleva a algunos a calificar de mortadela contra jamón pata negra la atención que podemos ofrecer los no MIR.

Por otro lado, ese 40% médicos de familia y puericultores se agrupan detrás de la asociación de médicos que pretende exigir derechos laborales ninguneados, visibilización de su trabajo y reconocimiento.

Pero, ¿cuál es la percepción de la sociedad? ¿Es solo un problema laboral de un colectivo como afirmo o la población está sufriendo realmente esta mala atención? ¿Sabría la población distinguir a unos de otros?

En los pueblos pequeños, con médico único o con menos de 500 niños, no tienen pediatra y la atención la lleva como siempre ha sido el médico rural, que atiende la familia completa. Sería absurdo colocar especialistas infantiles en lugares de escasa población, y los lugareños están contentos con la atención en general, siempre que no personalicemos, porque casos puntuales habrá en muchos sitios, un caso no hace un todo.

Hay falta de ofertas decentes que movilicen a los profesionales, que les hagan volver del extranjero donde emigraron y donde cobran más del doble

Es en poblaciones mayores donde teniendo el derecho a disfrutar de la atención diferenciada de la infancia no se encuentra quien acuda por las malas condiciones del puesto, la precariedad del contrato o la dispersión de la atención. Aquí surgen change.org para conseguir atención y movilización social, no hay nadie que quiera ir y los dirigentes ponen el grito en el cielo.

NO hay pediatras... No es cierto

Lo demuestra a diario Rafael Jiménez Alés con su cruzada #yovoypor10000 con la que deja claro que como pediatra puede ir al lugar más recóndito y necesario, eso si, por 10.000€ al mes y casualidad de la vida, no le llegan ofertas, disposición hay demostrando que no faltan profesionales, hay falta de ofertas decentes que movilicen a los profesionales, que les hagan volver del extranjero donde hubieron de emigrar, donde cobran más del doble como ocurre en la cercana Francia. Contratos que puedan competir con la atención hospitalaria que sí se potencia, o profesionales que pudieran optar por una sanidad pública de calidad y atractiva.

La solución debe venir de la mano de la formación y la mejora laboral

Tenemos la solución

Al igual que no hay falta de médicos podemos afirmar que no faltan pediatras, que a día de hoy las plazas de Atención Primaria pediátrica están perfectamente complementadas con los médicos de familia formados en pediatría y los médicos puericultores, tan solo falta el reconocimiento laboral para unos y para otros. Los asociados en AMAPED reclaman una visibilidad en sus puestos de trabajo; que se admita de una vez por todas su función complementaria y necesaria para la atención primaria pediátrica, con todo lo que pueden aportar como dedicación a la infancia en su visión global.

La solución debe venir de la mano de la formación y la mejora laboral.

Mejorar la formación MIR aumentando el paso durante los cuatro años por primaria para que se conozca. No se puede querer lo que no se conoce. Crear la especialización vía máster en atención primaria dando cabida en ella a TODOS los actores de esta obra. Visibilización y reconocimiento laboral, mejora de horarios y contratos. Campañas de fomento del uso adecuado de la atención primaria pediátrica en la población, educación para la salud a padres como piedra sobre la que se asientan los autocuidados y el empoderamiento de los padres y hermanos mayores.

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