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27/06/2018 07:32 CEST | Actualizado 27/06/2018 07:32 CEST

Gitanos: historia y cultura de Europa

JFLA

La lucha por la igualdad no está nunca completada, porque tampoco lo está la lucha contra la discriminación, por más que ese sea un pilar permanente de la UE y, desde luego, crucial para el Parlamento Europeo (PE). Por eso hacemos lo correcto debatiendo cada año en el Pleno de Estrasburgo -como hicimos en el Pleno de junio- el rendimiento práctico de las denominadas Estrategias Nacionales para la Inclusión de la Población Romaní. Porque eso es exactamente lo que ordenan las Resoluciones adoptadas contra su discriminación tras cada debate en el PE.

Creo, sin embargo, que este debate pierde el foco si se dedica a examinar "país por país" aquellos casos nacionales en donde pueda constatarse que existe una mejor historia de éxito en la integración de la población romaní, allí donde está más arraigada (como puede ser, en este punto, ejemplo el caso de España) frente a aquellos otros casos de países donde el balance sea más deficiente. Porque lo realmente importante es apuntar al desafío que a la integración europea plantea la población más vulnerable —mujeres, niños—: sus ratios de escolarización, empleo, vivienda, acceso a la sanidad, acceso a la educación e igualdad de oportunidades...

Algo que sí podemos y debemos hacer es erradicar del PE el lenguaje del odio y la discriminación contra los gitanos que tantas veces hemos tenido que sufrir en estos últimos años

Y, por descontado, algo que sí podemos hacer -y desde luego debemos hacer- es erradicar del PE el lenguaje del odio y la discriminación contra los gitanos que tantas veces hemos tenido que sufrir en estos últimos años, con una retórica racista y cargada de odio energuménico que degrada últimamente los debates en el PE. Porque es simplemente intolerable. Ese sí que es un primerísimo mandato que podemos cumplir: ser vigilantes y absolutamente intransigentes frente el lenguaje del odio y la discriminación contra la población romaní en este PE.

Tomé la palabra en el debate con la mayor motivación y compromiso personal. Se trata éste de un asunto que va directo al corazón de los valores europeos. De lo que somos y lo que representamos. Y una buena ocasión para reflexionar sobre la situación que vive hoy la mayor minoría étnica de Europa -más de 10 millones de personas, con más de un millón de gitanos residentes en España- y sobre los progresos realizados y los retos futuros. No sólo es un debate oportuno, sino también necesario. Porque la mejora de la situación de las comunidades romaníes es una medida de nuestra capacidad para promover la integración y combatir la exclusión social en todas sus expresiones, y combatirla en todas partes.

Debemos, efectivamente, no sólo hablar y discutir y votar Resoluciones; debemos tomar en serio la integración de la población romaní en Europa. Debemos hacer balance de la forma en que las Estrategias Nacionales de Integración de los Gitanos presentadas por los Estados miembros (EE.MM) con periodicidad anual, a raíz de lo establecido en el Marco de la UE, se están aplicando y si están mejorando, de verdad, la vida de las comunidades romaníes sobre el terreno. Desde el PE queremos conocer y evaluar las actuaciones concretas de los EE.MM para garantizar el mejor uso posible de los fondos de que dispone la UE para alcanzar este objetivo. Y este debate anual es una buena ocasión para discutir el acierto o las lecciones aprendidas de los respectivos esfuerzos por conseguir avances en las comunidades romaníes; y muy en particular por garantizar que la financiación necesaria llegue al nivel local.

Para los socialistas un elemento fundamental es la continuación del Marco Europeo para lasEstrategias Nacionales que se está viendo cuestionado por los indicios preocupantes de abandono o retroceso en ciertos EE.MM que nos trasladan los informes de la Comisión y del Consejo al respecto. En este Marco, la lucha contra el anti-gitanismo debería tener un peso muy especial. En el PE somos muchos los que estamos comprometidos hasta el final con la lucha por los derechos del pueblo gitano.

La integración de los romaníes es más que una cuestión de inclusión social: tiene también un impacto positivo en la economía

Y es que la integración de los romaníes es más que una cuestión de inclusión social: tiene también un impacto positivo en la economía, en particular en los EE.MM que cuentan con un importante componente romaní. Los romaníes representan un porcentaje significativo y creciente de la población en edad escolar y, por lo tanto, de la futura población activa en muchos países. Unas políticas de activación laboral eficaces y unos servicios individualizados y accesibles de apoyo para los solicitantes de empleo romaníes resultan esenciales para que la población gitana aproveche su potencial y participe activamente y en pie de igualdad en la economía y en la sociedad. En efecto, la inclusión social y la integración de las comunidades romaníes es una responsabilidad conjunta de los EE.MM y de la propia UE. La Comisión debe supervisar, precisamente, los progresos realizados por los EE.MM a través del Marco Europeo de Estrategias Nacionales de Integración de los Gitanos. Y debe hacerlo con determinación y con celo. Es lo que exigimos desde el PE.

Aprecio con legítimo orgullo que el Grupo Socialista en el PE mantenga desde hace más de 30 años su compromiso militante contra toda discriminación, por la igualdad de derechos y oportunidades, y contra la estigmatización de ninguna identidad étnica o cultural en la sociedad europea, singularmente visible en su proximidad a la población romaní. No en vano, un miembro español del Grupo Socialista en el PE, nuestro querido compañero Juan de Dios Ramírez Heredia, un líder en tantos conceptos, honró nuestra acción parlamentaria siendo el primer gitano en ocupar un escaño en la Eurocámara en 1986. En la actualidad, dos compañeros socialistas representan y defienden a la población romanía: Soraya Post, gitana sueca (presidenta del InterGrupo contra la Gitanofobia), y Damian Drăghici, gitano rumano que, por cierto, es un deslumbrante músico, admirado en toda Europa.

Es cierto que en la integración de la población romaní ha habido avances en los últimos años; pero este es, donde los haya, un largo camino, y los principales retos continúan ahí planteados. Por descontado, es lamentable que, en este 2018, todavía tantos romaníes sigan viviendo en condiciones simplemente inaceptables. Se enfrentan a intolerables índices de pobreza y marginación social. Muchos carecen de acceso básico a la vivienda y a la asistencia sanitaria, y padecen severas dificultades en materia de educación. Su tasa de desempleo se mantiene muy por encima de la media de la UE. Los niños romaníes tienen menos probabilidades de terminar su etapa de escolarización obligatoria... De acuerdo con la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA, con sede en Viena), hasta el 54% de los romaníes todavía sufren discriminación en la búsqueda de empleo. Con demasiada frecuencia, los romaníes son víctimas de los prejuicios, la intolerancia y la exclusión social.

Debemos ser exigentes -y vigilantes -contra esa estigmatización; pero también, y sobre todo, contra el discurso del odio

Debemos ser, por lo tanto, exigentes -y vigilantes -contra esa estigmatización; pero también, y sobre todo, contra el discurso del odio. Resulta sin duda deplorable y condenable que esto tenga su lugar -y cómo- en las redes sociales. Pero todavía lo es más que ese lenguaje ominoso tenga asiento dentro del mismo PE, minado en sus sesiones plenarias por las manifestaciones deleznables de esta visión negativa de los gitanos europeos. En esta Legislatura 2014-2019 se han hecho cada vez más frecuentes los exabruptos cargados de furia y odio por parte de representantes de esa extrema derecha neandertal que tan procazmente avergüenza a la Institución que detestan sin que eso les impida ocupar en ella sus escaños. Y que, a rebufo de la Gran Recesión y de la exasperación de las desigualdades, no ha hecho sino crecer electoralmente en cada cita nacional. Así lo muestra el neofascismo rampante de la Lega Nord -con el discurso xenófobo que encarna Matteo Salvini- que dirige hoy nada menos que la política interior y la comunicación política del Gobierno de un Estado fundador de la construcción europea como es la República Italiana.

Por eso importa combatir los prejuicios desde su misma base. Y para ello es preciso sensibilizar a la opinión pública europea acerca de la realidad de su componente gitano. Porque la intolerancia es siempre el resultado tóxico de la ignorancia y del miedo a lo que se desconoce o a lo que no se comprende. Habrá que hacer, por lo tanto, todo cuanto sea necesario para mejorar la comprensión de las comunidades gitanas: no sólo de los problemas que les afectan sino sobre su rica y potente historia y cultura. Una cultura que no puede separarse de la propia cultura europea. Porque es inherente a un nosotroslos europeos que no puede declinarse sin una mirada inclusiva a los gitanos de Europa.

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