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09/10/2015 06:59 CEST | Actualizado 08/10/2016 11:12 CEST

Jeremy Corbyn: Labour vira a babor

corbynSeguramente Corbyn fue elegido por ser el que más clara y radicalmente se ha manifestado antitory durante toda su vida y trayectoria política, sin sombra de sospecha de admiración secreta por sus oponentes conservadores ni por sus idearios ni por sus políticas. Sin sombra de complicidad con las recetas que detesta.

Durante los últimos 18 años he asistido regularmente, representando al PSOE, a la Conferencia Anual del Partido Laborista Británico, máximo órgano del partido: Liverpool, Manchester, Brighton... La última, en esta última ciudad costera al sur de Londres, los últimos días de septiembre de 2015.

En el curso de estos encuentros y debates, la idiosincrasia del Partido Laborista se despliega con viveza. Sus componentes factoriales -delegados de la militancia, brazos parlamentarios (House of Commons, House of Lords, Parlamento Europeo, Parlamentos de Escocia y Gales), sindicatos y local branchs (alcaldes y representantes locales)- se entrecruzan en el debate del Plenario y en los llamados Fringe Events (paneles y talleres laterales). Además, los representantes extranjeros de los llamados partidos hermanos (Sister Parties) de la familia socialista europea e internacional tienen (tenemos) una oportunidad de conocer a los principales dirigentes.

En este año 2015, durante los meses de verano, el Partido Laborista ha vivido un terremoto: la dimisión de Ed Miliband tras el fracaso electoral de mayo de 2015 dio lugar a una competición entre cuatro candidatos, todos miembros del grupo parlamentario en los Commons: Liz Kendal, Yvette Cooper, Andy Burnham y Jeremy Corbyn.

Este último, Jeremy Corbyn, era, de entre los contendientes, el más veterano parlamentario (32 años, desde 1983, revalidando su escaño nominal por un distrito londinense), el de mayor edad (66 años), y el más caracterizado por su perfil ideológico, el más escorado a babor, hacia las raíces izquierdistas del laborismo británico. Defensor de los derechos de los trabajadores y de los sindicatos, de los servicios públicos (otrora públicos y nacionales, y hoy en buena parte privatizados), próximo al ecologismo y al movimiento antinuclear, reluctante en materia de intervenciones militares en el exterior, pacifista y encendido abogado de los Derechos Humanos, particularmente activo contra la pena de muerte y todas las formas de tortura: denunció explícitamente la complicidad de los gobiernos británicos con los abusos sistemáticos en materia de libertades y derechos humanos de la monarquía absolutista que rige Arabia Saudí.

En la competición, que se prolongó tres meses, Jeremy Corbyn se alzó con el liderazgo en una victoria amplia (60% de sufragio directo de los afiliados), con los que aplastó a sus rivales. Por primera vez, además, esta victoria tiene lugar sobre una base electoral muy superior a la que nunca disfrutaron sus antecesores Blair, Brown y Miliband: por primera vez, la rama de la militancia acudió a las urnas bajo el principio una persona/un voto (con anterioridad regía un sistema complejo de voto ponderado y estratificado en tres ramas: sindicatos, militantes y grupos parlamentarios).

Su esperada intervención (leader's speech) fue, por tanto, el momento álgido de la conferencia. Y sorprendió positivamente. Mostró humor, pero sobre todo, determinación de hacer de la necesidad su principal virtud: puesto que sabe bien que cuenta con muchos adversarios e incluso detractores en la bancada de los Commons, postuló un liderazgo coral, inclusivo, respetuoso con las discrepancias, poco dado a imponer consignas y argumentarios y abierto a la discusión y al pluralismo interno.

Los destellos de humor fueron constantes en su discurso, y a mi juicio le ayudaron a conectar con un auditorio enorme al que se fue ganando con sobriedad e ironía. Con ellos despachó a los tabloides y media conservadores que con inclemente saña lo han demonizado a lo largo de una durísima campaña interna con la intención declarada de reducirlo a la caricatura de un "anticuado" marxista recalcitrante, llegando incluso a presentarle como un maoísta por su forma de vestir y por su costumbre durante años de acudir al Parlamento en bicicleta, "nostálgico de un pasado" por el que esos mismos media habrían decidido decretar su "inelegibilidad" (con el concurso contraproducente del mismísimo Tony Blair), que desencadenó una ola de rebeldía que acabó favoreciendo a Corbyn.

Pero lo cierto es que Corbyn se mostró más consistente y auténtico de lo que les habría gustado a esos media y poderes financieros residenciados en la City. En el arranque de su discurso, fue especialmente generoso y amable con sus antecesores y con sus competidores por el liderazgo laborista, a los que ha ofrecido la integración en su Ejecutiva (Nacional Executive Comittee) y/o en el Front Bench (Shadow Cabinet).

Desde la perspectiva estética de la sobriedad, asumió explícitamente una convincente reforma del arquetipo y estilo del liderazgo en el Labour, marcadamente contrastada con la telegenia blairista y sus epígonos Brown y Miliband. Una y otra vez, repitió, lo haría "sin imposiciones ni doctrina de argumentación, dispuesto a escuchar e integrar y a respetar las divergencias en el pluralismo interno". De esa necesidad (debates internos, insatisfacción, desconfianza de buena parte de la guardia de los "blairistas" y de los herederos de la fenecida "tercera vía") intentó otras tantas veces la construcción de su virtud: integración, convivencia y respeto por todas las voces, liderazgo compartido.

Corbyn se mostró orgulloso del espectacular aumento de la militancia desde su elección como líder: 180.000 nuevos militantes en un mes, 5.000 de ellos tan sólo en su circunscripción.

Seguramente Corbyn fue elegido por ser el que más clara y radicalmente se ha manifestado antitory durante toda su vida y trayectoria política.

En su presentación, con una escenografía modesta y en fondo rojo, rehuyó los grandes focos y la atronadora música de las Conferencias de Blair, haciéndose introducir por una desconocida joven pakistaní (19 años), estudiante en su distrito electoral e hija de un médico que tuvo que huir de Pakistán tras padecer persecución y una condena a muerte conmutada por prisión. También en su atuendo y en sus formas era de por sí evidente que había decidido permanecer fiel a su propio arquetipo, sin concesiones al consejo de los asesores de imagen. Sin afectación ni impostura, apostó por la seducción de la seriedad y la sinceridad: lo hizo con buen humor, de forma articulada y convincente, recompensada por medio centenar de aplausos en pie de todo el auditorio (standing ovations), desde el primer al último minuto.

Pero lo importante es el fondo. En su discurso se esforzó por la recuperación de la política de valores, de la narrativa épica del Labour. El de la lucha contra las desigualdades, los prejuicios, la discriminación, las injusticias, el debilitamiento de los vulnerables practicado implacablamente por los Tories de David Cameron. Su discurso rezumó una contraposición frontal y asertiva contra los conservadores. Seguramente Corbyn fue elegido por ser el que más clara y radicalmente se ha manifestado antitory durante toda su vida y trayectoria política, sin sombra de sospecha de admiración secreta por sus oponentes conservadores ni por sus idearios ni por sus políticas. Sin sombra de complicidad con las recetas que detesta.

Finalmente, la Conferencia fue asimismo la oportunidad de estreno de su Gabinete en la sombra y sus figuras principales: su número dos, Tom Watson, el Foreign Shadow, Hilary Ben, su secretario general, Iain McNicol, la secretaria de desarrollo Internacional, Diane Abbott, y el veterano Alan Johnson, designado jefe de campaña por el 'sí' en el referéndum de continuidad en la UE. Este último nombramiento es toda un declaración de principios por parte del nuevo líder: el Labour permanece fiel a su compromiso europeo; propugna reformas, sí, pero se dispone a enfrentarse tanto a los populistas eurófobos del UKIP, como a la creciente ola "anti UE" de los Tories. Y, por supuesto, planta cara a los media y a los tabloides que demonizan la UE 24 horas al día, todos los días de la semana.

Un último apunte: Corbyn aprende español (su esposa es una abogada y activista mexicana). Se lanzó a hablarlo conmigo durante la cena de recepción a los invitados internacionales.

Nota del editor: este artículo ha sido modificado desde su versión original.