Aitor Sánchez, nutricionista: "Mucha gente cree que los embutidos caros son mejores, pero no siempre es así. El precio puede venir hinchado por la marca"
Insiste en que la mejor forma de comparar productos es revisar su composición.

Tendemos a pensar que, si un producto cuesta más, también será mejor. Es una idea muy extendida que aplicamos casi sin darnos cuenta al hacer la compra, especialmente cuando se trata de alimentos. Sin embargo, en el caso de los embutidos, el precio no siempre refleja una mayor calidad, y aprender a leer la etiqueta puede ser mucho más útil que fijarse únicamente en la cifra que marca el supermercado.
Eso es precisamente lo que defiende el dietista-nutricionista Aitor Sánchez, que desmonta uno de los mitos más habituales a la hora de elegir este tipo de productos. Aunque reconoce que un mayor precio puede estar relacionado con una mayor proporción de carne, advierte que no siempre es sinónimo de mejor calidad. Explica que en muchos casos el coste también está condicionado por la marca o por la estrategia de marketing.
A su juicio, el precio de un embutido puede servir de orientación, pero nunca debería ser el único criterio de compra. “Mucha gente cree que los embutidos caros son mejores, pero no siempre es así. El precio puede venir hinchado por la marca”, explica el experto en una entrevista con Cadena SER. En cambio, insiste en que la mejor forma de comparar productos sigue siendo revisar su composición y no quedarse únicamente con el precio.

No todos los derivados cárnicos son iguales
En su intervención, Aitor subraya cómo en los últimos años muchos fabricantes han comenzado a destacar el porcentaje de carne en el envase, una tendencia similar a la que ocurrió con el porcentaje de cacao en el chocolate. Algunos productos de categoría "extra" alcanzan entre un 90% y un 95% de carne, mientras que otros fiambres presentan porcentajes mucho más bajos al incorporar otros ingredientes.
Además, el nutricionista recuerda que no todos los derivados cárnicos pertenecen a la misma categoría. “Un salchichón o un chorizo son más baratos de precio porque, en lugar de tener solo carne, incluimos mucha más cantidad de grasa dentro del producto”, asegura. No es lo mismo un jamón cocido extra que una pechuga de pavo, un fiambre elaborado a partir de jamón o productos ultraprocesados como las salchichas tipo Frankfurt o los nuggets. Cada uno tiene una composición distinta y, por tanto, una calidad nutricional diferente.
Más allá del precio, Aitor insiste en que el consumo de embutidos debería ser moderado. Las recomendaciones de salud pública se basan en reducir la ingesta de carnes procesadas y priorizar alternativas como la carne fresca, el pescado, las legumbres o preparaciones caseras siempre que sea posible. Para el especialista, la mejor herramienta del consumidor siempre será dedicar unos segundos a leer el etiquetado antes de comprar.
