Así se vive San Isidro en un taller del centro de Madrid: "Vestirse de chulapa no debería tener ideología"
Hablamos con Arancha Rodrigálvarez, dueña, junto a Sofía Nieto, del taller Carmen 17: "Ahora hacemos aproximadamente cinco veces más trajes de chulapa que hace 10 años"

En pleno centro de Madrid, a pocos pasos de la puerta del Sol, se encuentra el taller de Sofía Nieto y Arancha Rodrigálvarez, donde mayo es un mes especial. Mientras las calles se llenan de carteles anunciando el itinerario de las fiestas de San Isidro, ahí, entre el vapor de la plancha y el hilo pasando por las máquinas, huele a claveles y a verbena.
Sofía y Arancha llevan trabajando desde 2011 en un proyecto que al principio empezó a estar ligado al vestuario escénico y teatral y con el paso del tiempo se convirtió en el lugar idóneo para reinventar —y a su vez acercar— el traje regional de Madrid a las nuevas generaciones de madrileños.
En El HuffPost hemos charlado con Arancha Rodrigálvarez, que nos recibe en el taller de Carmen17, ubicado en un antiguo edificio del siglo XIX en plena calle del Carmen, origen también del nombre de su marca. El espacio, un piso convertido hoy en atelier, conserva todavía el alma del Madrid de aquella época con techos altos, diferentes suelos y escaleras irregulares moldeadas por el paso de generaciones enteras.
Entre todos los trajes y materiales, sobreviven pequeños vestigios de aquel tiempo en el que muchas mujeres confeccionaban sus propios trajes de chulapa en casa para después ir a al verbena. Una tradición que, de algún modo, sigue viva entre las paredes de este taller donde pasado y presente conviven puntada a puntada.
Un taller donde conviven el teatro y las chulapas
Allí, Arancha recuerda que todo surgió de manera "muy orgánica". Ella acababa de volver de Londres tras estudiar moda en Saint Martin’s y Sofía estaba recién graduada de escenografía y vestuario en la RESAD. Coincidieron en un proyecto, comenzaron a colaborar y, poco a poco, nació su taller.
Ahora conviven prendas para teatro, colecciones propias y, especialmente en estas fechas, decenas de trajes de chulapa y chulapo. "Ahora mismo en el taller hay un poquito de todo: teatro, prendas a medida y chulapas", explica Arancha entre varios modelos de trajes regionales.

"Madrid necesitaba darle una vuelta al traje de chulapa"
Para ellas, San Isidro es una fecha clave. Pero también una oportunidad para replantear cómo se vive la tradición en una ciudad tan diversa como Madrid. "En otras ciudades de España, todo el mundo sale vestido a la calle durante sus fiestas. Aquí parece que el traje de chulapa se ha quedado un poco perdido", cuenta.
Ante esta situación, Arancha y Sofía quisieron darle un toque innovador a la tradición madrileña y frente a otros trajes regionales más rígidos, ellas decidieron que el madrileño permitía evolucionar sin perder su esencia castiza. "No queríamos que la gente sintiera que iba disfrazada, sino vestida", explica.
Así comenzaron a crear versiones más contemporáneas con tejidos alejados de los estampados clásicos, mangas reinterpretadas, flecos inspirados en el mantón de Manila y conjuntos de dos piezas que permiten combinar la ropa con prendas cotidianas. "Un día puedes llevar la falda con una camiseta y al siguiente el conjunto entero. Queríamos hacerlo más versátil y más cercano".

El fenómeno chulapo va en aumento
La transformación parece estar funcionando. En los últimos años, el interés por vestirse de chulapa se ha disparado. "Sí, va totalmente in crescendo, (creciendo)", afirma Arancha. "Hace diez años hacíamos unos pocos trajes cerca de San Isidro. Ahora hacemos aproximadamente cinco veces más”.
Lo más llamativo es que ya no se trata de algo puntual en mayo. Aunque la demanda aumenta antes de las fiestas, los encargos llegan durante todo el año. Y hay un detalle que les emociona especialmente y es que la gente joven cada vez tiene más interés. "Este año hemos tenido nuestra clienta más joven, una chica de 14 años. Fue una alegría".
Una cosa que tiene claro Arancha es que el auge de otras fiestas tradicionales en España están influyendo positivamente en la capital. "Con la Feria de Abril mucha gente de Madrid ha dicho: 'Yo también quiero vestirme con mi traje regional'", explica Arancha.
Ese efecto espejo está despertando una nueva mirada hacia las tradiciones madrileñas. especialmente entre quienes buscan sentirse más partícipes en la fiesta. "Vestirse cambia completamente cómo vives San Isidro", asegura.
Un traje que también habla de identidad
Lejos de quedarse en lo folclórico, la diseñadora defiende que el traje de chulapa también puede ser una herramienta de expresión personal. En el caso de los mantones, por ejemplo, pueden incorporar bordados personalizados con frases reivindicativas, bromas castizas o mensajes más personales elegidos por cada cliente.
Los hombres no se quedan atrás en los diseños con mensaje. En su caso lo llevan en el chaleco, donde conservan la clásica pata de gallo pero a su espalda incorporan los mensajes bordados. Además, Arancha y Sofía han adaptado el patronaje de los chalecos masculinos para que también lo luzcan las mujeres. Todo ello con el objetivo de que se cree un vínculo con este traje y la gente lo haga suyo y se reconozca en él porque "eso es lo que la gente quiere".
Otro de los pilares del taller es la producción. Todos los materiales proceden de comercios locales o europeos y la confección se realiza íntegramente en Madrid. "Queremos seguir generando comunidad y mantener vivos los oficios y las mercerías del barrio", explica Arancha.

"Vestirse no debería tener ideología"
Para Arancha, el futuro del traje de chulapa pasa por abrirlo a todo el mundo y alejarlo de etiquetas políticas o estereotipos. "Hay que romper la idea de que ciertos vestuarios pertenecen a determinadas ideologías. Esto es cultural, no político".
Y todo apunta a que el cambio ya está ocurriendo. Madrid quizá nunca se paralice completamente durante San Isidro como ocurre en otras ciudades con sus fiestas grandes, pero cada año son más quienes se animan a ponerse un clavel, una parpusa o un vestido castizo para bajar a la verbena. "Cuando te vistes de chulapo o de chulapa la fiesta cambia completamente", dice Arancha sonriendo.
