"House-sitting": en Reino Unido se hacen eco del nuevo recurso de algunos jóvenes para vivir sin tener que pagar un alquiler
La idea es sencilla: una persona se instala temporalmente en una vivienda mientras los propietarios están fuera y, a cambio, se encarga de tareas como cuidar mascotas o mantener la casa. Sin alquiler, pero con responsabilidades.

Lo que antes parecía una opción curiosa para jubilados o viajeros ocasionales se está convirtiendo en una alternativa para muchos jóvenes: vivir en casas ajenas a cambio de cuidarlas. En Reino Unido, el llamado house-sitting gana cada vez más protagonismo como respuesta a los altos precios del alquiler.
La idea es sencilla: una persona se instala temporalmente en una vivienda mientras los propietarios están fuera y, a cambio, se encarga de tareas como cuidar mascotas o mantener la casa. Sin alquiler, pero con responsabilidades.
El fenómeno ha crecido con fuerza en los últimos años. Plataformas como TrustedHousesitters han registrado un aumento notable en estancias largas. Según datos de la propia empresa, los servicios que superan los 29 días han subido más del doble desde 2022, lo que refleja que ya no se trata solo de escapadas puntuales.
Detrás de este auge hay varios factores: el encarecimiento de la vivienda, el auge del teletrabajo y las ganas de viajar tras la pandemia. Para algunos, es una forma de ahorrar; para otros, directamente una manera de vivir sin pagar alquiler durante largos periodos.
Es el caso de muchas personas que muestran este estilo de vida en redes sociales. Una de ellas es Tayler Gill, creadora de contenido que ha pasado años moviéndose entre países sin pagar vivienda. Ella misma resume cómo empezó todo. “La vivienda es cara en todas partes, así que cuidar casas me pareció la pieza que faltaba del rompecabezas”, señala.
Sin embargo, no todo es tan idílico como parece en internet. Quienes lo practican insisten en que no son vacaciones gratis. “Estás prestando un servicio. Es una economía basada en la confianza”, advierte Gill. Las tareas pueden ir desde pasear perros varias veces al día hasta encargarse de animales de granja o del mantenimiento de la vivienda.
Además, existe una cara menos cómoda: la falta de estabilidad. A diferencia de un alquiler, no hay garantías. Los acuerdos pueden cambiar o cancelarse, y no existe una protección legal clara. Desde la organización Generation Rent alertan de estos riesgos y recuerdan que este tipo de fórmulas no sustituyen a una vivienda segura.
Aun así, hay quienes lo utilizan de forma más puntual. En Reino Unido, algunas parejas lo ven como una manera de viajar barato. Es el caso de Abbie Meakin, que organiza escapadas aprovechando estancias en casas que, de otra forma, serían inasumibles. “Solo el año pasado ahorramos un par de miles de libras”, explica en una entrevista con un diario local.
Pero incluso en estos casos hay inconvenientes: desde mascotas difíciles hasta tareas inesperadas. Por eso, quienes tienen experiencia recomiendan acordar bien las condiciones antes de aceptar una estancia.
En el fondo, el auge del house-sitting deja ver un problema mayor: el acceso a la vivienda. Para algunos jóvenes, no es tanto una elección como una adaptación a un mercado cada vez más caro. Y aunque puede abrir puertas y permitir viajar, pocos lo ven como una solución permanente.
