Rosalinda Galán: "La copla ampara todas esas realidades que durante el franquismo estaban prohibidas"
La sevillana es una de las artistas que se subirá al escenario del Benidorm Fest con 'Mataora' donde reivindica desde el empoderamiento desde su copla electrónica.
El Benidorm Fest tendrá este 2026 copla. En años anteriores se presentaron propuestas con raíces flamencas como María Peláe con Remitente e incluso la ganadora Blanca Paloma en 2022 con Ea Ea, ahora es el turno de uno de los géneros más clásicos del folclore español, eso sí reinventado hacia la electrónica de la mano de Rosalinda Galán y su Mataora.
La sevillana afincada en Madrid actuará en la segunda semifinal del festival con este tema empoderante, con un matiz de venganza y, sobre todo, de reivindicación peineta en mano. "Soy Carmen, la Mata'ora. It’s Mataora, bitch!", reza antes de su pegadizo estribillo con un marcado carácter feminista.
Precisamente, Mataora es parte del proceso de Galán que, tal y como cuenta a El HuffPost, se ha reconvertido de su anterior alter ego, Machita, para continuar reivindicando la copla como género más allá de los estereotipos asociados al franquismo o a ese cariz rancio de los que se ha hablado durante años. Pero también es un proceso interno de ella misma: "Me gusta haberle dado una vuelta a esto desde un punto más de superación y hacer este mismo acto de justicia desde otros lugares".
"Este proyecto acompaña también un momento de mi vida, después de tres años de terapia y de cuidar mi cabeza, de amigarme con quien soy de verdad, de abrazar lo que a mí me ha removido siempre y de abrazar mi manera de cantar. Porque esta manera de cantar también ha sido algo que se me ha echado en cara o que me han dicho 'tía, es que cantas muy coplera', como algo malo", recuerda.
Galán enfatiza que la copla, como bien muestra en otros temas como Farsa monea, es y ha sido durante años un abrigo y una herramienta para las mujeres que no tenían autonomía, para las que la tenían y eran repudiadas, pero también para muchos "amores prohibidos".
"Ampara todas esas realidades que durante el régimen estaban prohibidas y a la vez ofrece un espacio para todas esas personas que tenían prohibido amarse, que eran las personas del colectivo LGTBI y que sintieron en la copla un espacio, una oportunidad de abrigarse, de vestirse de ellas", recuerda.
Galán respalda a nivel personal la retirada de Eurovisión por parte de RTVE, ya que admite que el genocidio en Palestina ha sido algo que le ha afectado personalmente. Aunque se haya perdido una ocasión para "internacionalizarse", enfatiza que "hay cosas más importantes".
"Ya no sé qué es lo que se tiene que hacer en el mundo para que el genocidio se pare. Cualquier decisión que colabore para dar más visibilidad a esa barbarie y que paren de asesinar a gente inocente, la abrazo y me va a parecer bien", apunta. "Me siento muy impotente con el tema de Palestina porque no entiendo nada. Cada día entiendo menos cómo funciona este mundo y simplemente me bloqueo, me pongo triste y no soy capaz de gestionarlo", confiesa.
¿Cómo te enfrentas al Benidorm Fest? ¿Hay nervios? ¿Preparativos?
Estoy como en capilla. Tengo ganas de hacer que ocurra y estoy haciendo un trabajo superconsciente, o sea, como de estar muy presente y conectar conmigo con todo lo que está pasando, porque es fácil en este tipo de momentos disociarse.
Más aún con una canción tan enérgica y visceral como es como el Mataora, que entiendo que has querido poner mucha energía de ti, mucha esencia tuya en este tema, ¿no?
Al final en todo mi primer EP hay una intencionalidad justiciera, ya no solo para con la copla, sino también hay una fuerte intención feminista con todo. Para mí estar en un festival como es el Benidorm Fest, con toda la repercusión que tiene a nivel nacional, con una canción que he escrito desde un lugar muy íntimo, pero a la vez muy universal, con unas intenciones muy emocionales pero a la vez muy feministas, para mí es sueño. Como algo perfecto para estar exponiéndome y mostrándome por primera vez al mundo con una canción en la que creo.
Sobre ese carácter feminista, durante años se ha renegado de la copla, ha sido un género que se ha asociado con el franquismo, con un aire rancio y es algo que otras artistas como La Tania o autoras como Lidia García han querido poner sobre la mesa. ¿Hay una intención de empoderamiento a raíz de esa reivindicación?
Sí, por supuesto, Lidia García es referente para mí, junto con Carmen Moreno, también. Hay un ensayo que se llama Coplas para sobrevivir, de Stephanie Sieburth, que es fundamental. Al final, todas estas personas que se han dedicado a estudiar el género han dado con la clave de que la copla fue muy revolucionaria para la época. Por un lado, porque si te das cuenta, al final, la copla siempre cuenta historia de amores prohibidos, de realidades y de mujeres en los márgenes. O, como dice Lidia García siempre, “mujeres de dudosa reputación”, que me encanta esta definición.
Entonces, ampara todas esas realidades que durante el régimen estaban prohibidas y a la vez ofrece un espacio para todas esas personas que tenían prohibido amarse, que eran las personas del colectivo LGTBI y que sintieron en la copla un espacio, una oportunidad de abrigarse, de vestirse de ellas.
A eso, ponle la actitud de las copleras, que se maquillaban como travestis, que fueron absolutamente inspiración para todo este movimiento de travestismo español. Entonces, la copla en el momento en el que sale a la luz se convierte en un salvavidas, sobre todo para esas realidades no más escondidas, sino que estaban prohibidas simplemente por existir.
Cuando tú miras eso con esos ojos... A mí por ejemplo la copla me ha salvado de muchas cosas, pero yo no he vivido en los años 30 o 40, nací en los 90, pero esa cosa que tiene la copla tan visceral, tan emocional... A mí, particularmente por mi vida, también me permitió transitar ciertas emociones que yo no era capaz de reconocer.
Antes de este proyecto como Rosalinda Galán, de esta copla electrónica, tenías una amplia trayectoria musical, también como actriz de musicales. ¿Cómo te embarcaste en esta nueva aventura?
Antes tenía un proyecto musical que tenía un seudónimo: me llamaba Machita. También hacía esta música con esta esencia, pero el formato era diferente: era con músicos y era una cosa más acústica, aunque las intenciones estaban ahí muy parecidas, pero desde otro lugar.
Digamos que al principio no sabía gestionar bien todo esto que quería contar y todo tenía un cariz un poco más dramático, más triste. Me gusta haberle dado una vuelta a esto desde un punto más de superación y hacer este mismo acto de justicia desde otros lugares.
Todo esto surge a raíz de que me encuentro con unos productores que me escuchan cantar una noche loca y me proponen hacer algo. Entonces, yo les digo que tengo en la cabeza mezclar mi voz y mi manera de cantar y esta copla más antigua, digamos, con nuevos ritmos. Yo tengo las letras escritas y nos metemos en el estudio, empezamos a experimentar y es cuando yo me siento, por fin, con la capacidad de hacer el proyecto que siempre he querido realmente.
Al final tienes que encontrar a la gente con la que llevar a cabo esto. Todo lo que he ido viviendo en mi vida y toda la gente de la que me he ido rodeando —que a nivel música ha sido gente preciosa que ha creído en mí, que me ha apoyado y que me ha acompañado— tiene mucho que ver en esto. Pero también he ido evolucionando y encontrando realmente lo que quiero hacer y ahí ya me sentía preparada para llevar mi nombre y mi apellido. También llamarse Rosalinda... De pequeña es súper traumático, ¿sabes? “Rosalinda” llevo un piropo en mi nombre, no se puede ser más pretenciosa en la vida, tengo un nombre de coplera ya tremendo.
He tenido mi tiempo hasta que me he sentido preparada para llevarlo por bandera, como lo hago ahora, que también tiene que ver con un proceso mío de amor propio. Esto ya es una conversación más profunda y más larga porque desde pequeña soy una niña como un poco triste, también por mi vida y mis circunstancias, y durante muchos años me he sentido acomplejada de ser yo misma o una desgraciaíta.
Este proyecto acompaña también un momento de mi vida, después de tres años de terapia y de cuidar mi cabeza, de amigarme con quien soy de verdad, de abrazar lo que a mí me ha removido siempre y de abrazar mi manera de cantar. Porque esta manera de cantar también ha sido algo que se me ha echado en cara o que me han dicho “tía, es que cantas muy coplera”, como algo malo. He vivido mi proceso particular de amigarme conmigo misma a nivel artístico y, sobre todo a nivel personal, y estar en paz con mi historia y con quién soy, con todo.
Todo eso está en mi primer EP, está mucho en Farsa monea, está en Cállate, está en La suri y en Cora. Al final está siendo un proceso real de mi vida al que le he puesto música y que lo comparto en público, pero que tiene una raíz muy íntima y muy sanadora para mí.
Hay una tendencia muy marcada en toda España por reivindicar la música de raíz que está también muy presente en Andalucía, como andaluza, ¿cómo lo vives?
Creo que estamos en un momento precioso porque, como bien dices, no solo en Andalucía, esto lo estamos viviendo con Rodrigo Cuevas en Asturias, con El Naán en Castilla León, con Tanxugueiras en Galicia, con Karmento en La Mancha... Como un montón de personas que aman la raíz y que deciden seguir regándola y seguir haciéndola crecer.
Además, vivimos en un país superrico, ya que cada comunidad autónoma tiene su folclore y dentro de cada comunidad el folclore varía según la ciudad y la manera de cantarse o de si hay un baile propio. Estoy feliz de estar viviendo esta época de la vida, por un lado porque existe un movimiento real de personas que, como yo, aman el folclore y estamos ahí empujándolo para arriba, y luego hay un montón de gente que, como bien dices, lo tenía colocado en un lugar y de repente escucha lo que se está haciendo y dice “hostia, espérate, igual esto no tenía que estar guardado en un cajón y es muy guay”.
Por ejemplo, lo que pasa en mis directos, donde, aparte de cantar mis canciones, hago alguna versión techno de copla, más dura, más ravera y la gente se sabe todas las letras. Al final, esto forma parte de un imaginario popular y cultural superprofundo y a todas una copla nos ha ayudado en algún momento de la vida.
Aunque sea andaluza vivo en Madrid y quiero mucho a Madrid, llevo 15 años aquí viviendo, tengo aquí mi gente y tengo mi vida, pero me he sentido muy falsa por un tiempo porque yo siempre llevo a Andalucía por bandera y ha habido momentos de mi vida de decir “soy hipócrita, porque llevo Andalucía por bandera, pero vivo en Madrid” y he tenido que hacer un proceso también con eso, de decir “bueno, yo soy corresponsal de Andalucía donde quiera que vaya y ahí estaré defendiendo y siendo una representante fiel a nuestros principios”.
Cuando entraste en el Benidorm Fest fue con la intención de representar a España en Eurovisión. ¿Cómo recibiste la retirada por la presencia de Israel por parte de RTVE?
A ver, es verdad que cuando a mí me llaman para Benidorm, eso está ahí. Pero ya no sé qué es lo que se tiene que hacer en el mundo para que el genocidio se pare. Cualquier decisión que colabore para dar más visibilidad a esa barbarie y que paren de asesinar a gente inocente, la abrazo y me va a parecer bien. Cosa aparte es que Eurovisión al final es una oportunidad de internacionalizarse y habría sido, en el caso de ganar el festival, un paso superchulo. Pero hay cosas más importantes.
Sinceramente, se me escapa un poco, llevo todo el año sintiéndome muy impotente con este tema, llorando de una manera... No sé, me siento muy impotente con el tema de Palestina porque no entiendo nada. Cada día entiendo menos cómo funciona este mundo y simplemente me bloqueo, me pongo triste y no soy capaz de gestionarlo, sinceramente.
Si España hubiera seguido adelante, ¿cómo te habrías enfrentado a actuar junto a Israel?
Pues no lo sé, sinceramente. Tengo suficiente con ahora mismo estar gestionando todo esto. Soy de ir al pasito, ¿sabes? Lo intento porque soy una persona súper ansiosa y yo misma me tengo que poner ahí como los cercos de decir “bueno, una cosa a la vez”. Y la verdad es que no me he puesto en esa situación. Como ya entré en el Benidorm con esa decisión medio tomada y, al final, se tomó al poco tiempo, pues no me he planteado qué hubiera pasado si hubiera sido así.
También se ha hablado mucho de esa “maldición del flamenco” en Eurovisión o de que un género más folclórico no funcionaría en Europa, ¿crees que es así?
Hombre, que en Europa no valoran el flamenco no es verdad, porque el flamenco tiene una repercusión internacional superbestia y ahí podemos ver a artistas como María José Llergo, que lo revienta a nivel internacional, por poner un ejemplo.
No creo. Creo que en Eurovisión juegan muchas cosas y no creo para nada que el flamenco no tenga una buena acogida. En todo caso, yo no hago flamenco. Yo hago copla, que el flamenco, puramente dicho, es otra cosa.
Mi manera de cantar va por otros lugares a nivel interpretativo, de colocación, de técnica, de intención y de folclore. Aunque tenga una raíz flamenca a la hora de cantar, porque todas las folclóricas te cantaban una copla y te cantaban una seguiriya rápido, pero no es lo mismo.
Hablando de folclóricas, ¿con cuál te identificarías?
Pues creo que tengo un mix. Ahora mismo estoy mirando para arriba, porque aquí en mi estudio, desde donde estoy hablando contigo, tengo mi altar. Yo no tengo la suerte de tener fe religiosa, ya me gustaría, pero tengo pequeñas manías y pequeñas creencias.
Tengo aquí el libro de Carla Berrocal, Doña Concha; el de Terenci Moix, Suspiros de España. Y luego tengo aquí a María Jiménez, a Rocío Jurado, a Mari Fe de Triana, a Conchita Piquer, a Imperio Argentina... Las tengo aquí todas mirándome, que me ayudan a sobrevivir cada día.
Les hablo, les pongo su velita todos los días, les pido que me acompañen... No sé con cuál me sentiría más identificada. Mari Fe es mi coplera primera, entonces le tengo ese cariño de que fue con la que yo descubrí la copla y esa posibilidad de desahogo hiperdramático, que ha construido un poco un trozo de mi personalidad. Me encanta a nivel interpretativo.
Rocío tiene un trozo de mi corazón, Imperio Argentina también. Me encanta Conchita Piquer por el nivel de control técnico que tiene, que yo soy un poco obsesiva con eso. Entonces, no sé, te diría que tengo un poquito de todas, también del agarre y de la fuerza y del "coñascro" que tenía María Jiménez. Soy un Frankenstein de folclórica.
¿Y qué podemos esperar para esa puesta en escena con Sergio Jaén y con Borja Rueda?
Pues eso ha sido un match gordo, te lo digo. Yo llegué a la reunión con Sergio y con Borja, con toda la artillería, con 77 tableros de Pinterest, con un montón de información sobre la canción, que tiene mucho contenido, y con un millón de referencias. Y Sergio junto a Borja le han dado una vuelta increíble.
Y va a ser algo que... ¿qué te puedo decir sin desvelarte nada? Es arte, te podría decir que arte en mayúsculas. Creo que nadie se va a esperar esa puesta en escena, no jugamos con la obviedad porque la canción ya cuenta mucho y también te da la posibilidad de interpretar y me han pillado muy bien el rollo. No me imagino hacer otra cosa cantando Mataora que no fuese lo que estamos preparando, porque me parece perfecto. Espero desarrollarlo a la altura, la verdad.