Triángulo de amor bizarro: "Política es todo lo que pase de puertas para afuera de tu casa"
Entrevista con el trío gallego que presenta su disco 'Mi catedral'.
Tras celebrar con una gira y el homenaje de sus compañeros de escena más de 20 años, Triángulo de Amor Bizarro vuelve con un nuevo trabajo de estudio: Mi catedral. Tras ocho LP y varios discos de colaboraciones y versiones, el grupo de Boiro (A Coruña) regresa en forma de trío —con Rodrigo Caamaño (voz y guitarra), Isa Cea (voz y bajo) y Rafael Mallo (batería)— y un sonido con una distorsión más controlada, menos oscuro que el que tenían sus anteriores trabajos, Sed y ese "disco negro" homónimo publicado en plena pandemia de la covid-19.
Precisamente bajo este título eclesiástico, Mi catedral, que se aleja de este neocatolicismo imperante en redes e ídolos de masas, remarcan, como han hecho en composiciones como Les llevaré mi cruz, Año santo o Ardió la Virgen de las Cabezas, una iconografía crítica ante la sociedad actual.
Esta "catedral" de Triángulo de Amor Bizarro no es más que una reivindicación de los espacios propios entre tantos no-lugares y espacios robados. De hecho, tienen claro que su música sería impensable sin política, pero también recalcan que no hacen música política, sino que se encargan de retratar en sus canciones todo lo que les rodea.
Mi catedral no tiene un sentido religioso, sino que lo ensalzáis como ese sitio al que agarrarse. ¿Sois conscientes de haber sacado el disco con esta connotación clerical en un boom de este clericalismo con Rosalía, Iñigo Quintero, Siloé y todo movimiento ultracristiano que hay ahora mismo?
Rodrigo: De hecho, me acuerdo que cuando estábamos poniendo el título teníamos varias opciones y eso nos tiró un poco para atrás. Justo porque parece que hay una tendencia ahora un poco vacua, supongo que fue más allá de Rosalía, y ya se veía que al final son tendencias estéticas y que tampoco tiene más que eso. Pero eso sí que nos hizo realmente plantearnos si era adecuado, pero realmente el disco habla por sí solo y nosotros no vamos por ahí.
Somos de donde somos y, de hecho, siempre coqueteamos un poco con este tipo de ideas porque son cosas que están en nuestro entorno: en Galicia, en el rural... Es algo que siempre tuvimos, tanto en las letras como en la estética. Tenemos un disco que se llama Año Santo. Creo que nosotros vamos desde otro lado totalmente diferente a esos artistas que tú comentas.
Comenzáis con ese piano de SMT en el Palacio Real, que impacta dentro de lo que se espera de Triángulo de Amor Bizarro, ¿queríais volver a un lugar más luminoso después de tanta distorsión, de discos más oscuros?
Rodrigo: Sí que teníamos claro que, después de Sed y también el Disco Negro, en cierta medida queríamos hacer un disco un poco más brillante, un poco más abierto en ese sentido. Por ejemplo, nuestros primeros discos tenían ese punto más brillante y a lo mejor Sed es un disco más melancólico, que realmente es una cosa muy extraña dentro de nuestra discografía. Realmente esas canciones más melancólicas, con un poco ese punto de tristeza, tenemos muy pocas.
Asmr para ti fue casi la primera que estaba en el disco anterior, y Sed al final recogía también una época en la que nosotros estábamos un poco así. Al final, haces los discos que te salen. Lo que sí que no queremos es si, de repente, estamos en una época determinada, que los discos sean lo contrario porque eso resulta falso. Después de la gira del aniversario, sí que nos veíamos, digamos, con ganas de añadir más tramas a la pelea. Nosotros siempre fuimos un grupo de no escondernos, sino de ponernos tristes porque el mundo se nos echa encima y, de repente, hacemos un disco triste.
Somos un grupo de circunstancias hostiles, de entrar un poco a saco, a la pelea y no venirnos abajo en ningún sentido. Este disco creo que recupera un poco eso, pero fue también porque con el propio grupo recuperamos una cierta vitalidad. La gira de aniversario fue muy importante para nosotros y nos ayudó a recuperar sensaciones de antes de la pandemia, de otra época. Realmente, al final, también nos sentimos un poco más más nosotros así, hubo una época que éramos un poco diferentes, que es normal porque todos vamos cambiando a lo largo de la vida y todos tenemos épocas. Pero este disco era también un poco el renacimiento. El antiguo disco era más de tumba, más siniestro, más oscuro, más defunción de una banda. Simplemente hubo que dejar pasar un poco más melodías, un poco más de luz...
Lo del piano es que nunca habíamos metido un piano, por el hecho de que hasta hace poco ninguno teníamos ni idea de cómo se tocaba. Ahora sí que ya tenemos la noción, entonces ya podemos componer un poco del piano.
Son instrumentos que siempre nos dieron cierto respeto porque se usan mucho y creo que en muchas ocasiones se usan mal, porque te dan cierta belleza, vas al canon de esos instrumentos... A veces me da más bien sensación de banda de sonora de Netflix, de música un poco de librería. Lo pensamos mucho, pero me gustan mucho los discos con cuerdas, desde Una semana en el motor de un autobús de Los Planetas, pero hay que hacerlo bien. Es como las guitarras, si le haces una guitarra estándar, suenas a pop rock, con las cuerdas igual. Con la diferencia de que la guitarra o la batería son instrumentos que conocemos.
Quisimos conocer el lenguaje del instrumento antes, no quisimos meterlo antes por el hecho de que queda bien. Estamos muy contentos con eso, contar con Rubén Pascual, que músico de toda la vida, amigo nuestro, viene más bien de underground, que no viene de la academia pura, con un estilo que encaja con el nuestro.
Queríamos que no fuera una cuestión estética, sino que estuvieran incrustados en las canciones, que estuvieran concebidas así, no de fondo o como arreglos por tener. El hecho de contar con Joaquín en canciones así también nos favoreció. Si la hiciésemos pues pensando en los tres nada más, igual la haríamos de otra manera, pero también para jugar con otros instrumentos, jugamos con otros contrastes.
Después del disco de 20º aniversario y la gira, ¿os planteasteis un punto de inflexión?
Rodrigo: Sobre después de la gira que hicimos, que tocábamos dos discos al azar cada noche enteros, eso sí que nos valió para encontrar nuestro sonido. Nos hizo reflexionar en general, la forma de enfocar el directo fue totalmente diferente, el cómo nosotros nos vimos tocando canciones que no sabíamos que hacía tanto que tocabas que ya no pretendimos ensayarlas todas, sino que era un poco ir más intuitivamente. Eso también nos ayudó a conseguir un sonido diferente teniendo que adaptar canciones desde hace un montón de tiempo y nos refrescó.
Los cambios en un grupo como nosotros realmente van ocurriendo de forma muy natural con los conciertos, con las giras, que realmente son cambios. Como cuando pasamos a ser tres, que fue un cambio muy grande. Nos vimos en el aniversario tocando Año Santo, que salió hace 15 años y vimos que tenía su estilo propio, pasábamos al Disco Negro o Salve Discordia, y ahí veías la diferencia de matices. En el momento, fueron cambios que fueron poco a poco, pero fueron muy grandes.
Por primera vez, ahí vimos una visión completa de lo que fuimos haciendo durante todos estos años. De ahí salió la idea de hacer un disco, no teníamos especial prisa por hacerlo: nos encontramos con un sonido directo y, de repente, nos vimos capaces de adaptar toda nuestra discografía a un nuevo formato. En ese tipo de cambios que tuvimos que hacer para el directo y para adaptar esas canciones, encontramos algo que no habíamos hecho nunca.
Para ese disco homenaje de aniversario colaborasteis con buena parte de la industria alternativa o underground, que os tiene como referentes. Se habla de mucho individualismo en la industria, ¿es cierto o hay colectividad?
Rodrigo: Creo que hay una colectividad, por lo menos desde donde nosotros venimos, donde realmente todo funcionaba desde la base con gente con la que empezabas a tocar, con la que compartías tu local de ensayo, con gente que conocías en otro sitio... Ibas como ampliando tu red, pero todo tenía que ver con una red. Nosotros venimos de ahí y es como entiendo que funcionan las bandas.
Luego hay otra parte de la que soy consciente, de que hay momentos que se saltan etapas y hay gente tocando en festivales muy pronto o en recintos grandes o manejando términos muy económicos y poco artísticos. Como nosotros tampoco partimos de eso, no sé cómo puede afectar a las bandas, pero sí que creo que en este momento hay mucha gente joven que parte más desde el juntarse, hacer canciones y desarrollarse en el primer plano. El controlar artísticamente lo que haces, que te guste, que lo sepas defender bien, y después, a partir de ahí, construir otras cosas. Mucha gente con la que hemos colaborado o con la que hablamos que están empezando funcionan de la misma manera.
Rafa: Creo que la música de forma natural y, sobre todo, la música nueva, es colectiva en sí misma, es un medio de expresión puramente colectivo, tanto para el que lo oye como para el que lo hace, el apoyo de las escenas, etc. Pero sí que es cierto que en la industria, a partir de cierto nivel, prima el individualismo. Porque es mucho más fácil aislar a un artista de su entorno y convertirlo en un producto. No puedes convertir en un producto algo que es de la gente, ¿qué le vas a vender si ya es suyo?
Rodrigo: Ahora con las redes prima el individualismo, la estrella, las tramas, las formas de vida de esas estrellas, el día a día, más que la música que hacen. Realmente es lo que favorece el algoritmo, pero realmente toda la música de siempre viene siempre del colectivo. Elvis es la mayor estrella del rock and roll, pero él mismo contó de dónde viene, dijo de dónde venía su música, que no salió por generación espontánea, sino que surgió por determinada cantidad de gente que estaba antes.
Puedes tener eso en cuenta ante un público masivo, pero no olvidarlo. Y creo que eso sí que es lo que se está dando ahora en muchas partes de la industria: olvidar esa parte de dónde vienes. De repente, parece que estos artistas salieron de la nada y no es así. La música existe es un movimiento espontáneo, nadie es el dueño de un estilo musical, sino que nos vamos enriqueciendo unos a otros. La gente escucha música, es un río que se va y tiene sus meandros, tiene sus afluentes y todo eso. Tienes que verlo así, tú vas en ese río y no puedes decir “el río es mío”. Pero las bandas sirven para eso, para eso sirve la música, no para el negocio solo.
Se habla de que “se vive el mejor momento para la música en directo”, pero mientras se pagan entradas a precios elevados hay grupos que no logran llenar salas o salas de conciertos que cierran. ¿Creéis que hay cada vez más polarización?
Rodrigo: El triunfalismo de números gigantes choca. Es decir, nosotros ahora tenemos la suerte de que llevamos mucho tiempo tocando, y tenemos nuestro público, podemos hacer giras, que pueden ser rentables a nuestra manera con mucho esfuerzo. Pero en cuanto hablas con gente joven que está montando sus grupos, sus proyectos y tal, casi lo primero que te dicen es siempre lo difícil que es para ellos tocar, que no encuentran espacios o que es difícil que vaya gente.
Lo que me da pena es que la gente va a ver lo que ya vio 50 veces, busca una seguridad como si estuviera comprando en el Zara, no va a un concierto a investigar. Eso es lo que mueve la música, así no van a salir grupos nuevos con ideas nuevas, que es lo importante.
Choca ese doble triunfalismo. Pero es equiparable al resto de industrias que estamos viendo ahora: tanto la industria turística, como la vivienda... Me refiero a que hay siempre un triunfalismo por una parte, que son los que tienen el poder, tienen todo y van bien, pero a base de destruir lo básico. O sea, el turismo debe de valer para que la gente pueda vivir bien de ello y pueda trabajar, no para que la gente después no pueda vivir en su pueblo, porque están muy caros los pisos.
Con la música pasa lo mismo. Siempre hay ese sueño aspiracional, es como la lotería. Eso no quiere decir que a ti te vaya a tocar la lotería, pero siempre ves al que le toca. En los anuncios de lotería siempre sale al que le toca, no salen los millones que pierden. En la industria siempre salen dos o tres artistas, que suelen coincidir con propuestas muy suaves en las que no hay ángulos problemáticos ni se meten en líos, muy majos en redes sociales pero huecos por dentro.
Eso te hace creer que puedes ser tú, pero no puedes ser tú mismo. Es una trampa que no vas a poder salir de ella. Cuando empezamos era muy difícil tocar porque no había salas, pero también es cierto que podías montar algo en cualquier bajo, cualquier sótano, con un equipo de voces... Tampoco había unos requerimientos técnicos... La vida estaba en la calle. Ahora tienes todo con una normativa infame, que solo tienes que cumplir tú, pero que si tienes determinados medios no te son ningún problema. Pero si eres un grupo de chavales o chavalas que está empezando y no puedes enchufar donde tienes que enchufar... Antes vivíamos en una economía mucho más complicada, pero entre todos nos adaptábamos. Ahora estamos luchando contra gigantes con una legislación hecha a medida. Yo nunca fui a un concierto de 500 euros de entrada. Para mí es algo de otro universo.
Rafa: Hay que pensar también que los grandes eventos pueden ser hambre para mañana. Estamos centrados en los grandes eventos de grandes artistas, pero si lo que viene de base no tiene apoyo... ¿Qué pasa con toda la gente que empezó y pudo llegar ahí? Al final, se genera un embudo contra los más pequeños que son los que generan conciertos todas las semanas y donde se forja el público. Al final, la industria favorece lo que funciona o lo que considera que puede funcionar.
Hablando de esas limitaciones, actuasteis en San Isidro en Madrid, donde se criticaron las limitaciones de sonido y donde el grupo VVV [Trippin’ You] recibió incluso amenazas por parte del equipo de gobierno municipal por una protesta contra los desahucios. ¿Cómo lo vivisteis vosotros?
Rodrigo: Son cosas que consideras que, siendo Madrid la capital de España, es una chapuza gigantesca. Entre los músicos hablamos y solo llegamos a la conclusión de que es una chapuza gigantesca. En un pueblo que tiene fiestas tres veces al año, eso no te pasa y te lo cuidan. A Madrid volvemos en febrero a una sala y poco más que decir.
Apoyamos completamente el derecho a manifestarte desde un escenario, de expresar lo que tú quieras con tu música. De hecho, nosotros también pusimos unos vídeos sobre eso, es normal, está dentro del discurso, no se puede pretender que los artistas seamos muñequitos. En un concierto puedes hacer tus canciones y hablar de lo que te da la gana. Es un tema muy recurrente, pero es un tema muy cansino, porque llevamos toda la vida igual. Puedes decir lo que quieras y el público decide escucharte o no.
Parece que solo pueden hablar de política los tuiteros, ya no digo políticos. Que son los que luego entran a criticar a las bandas. Nosotros no hacemos canciones políticas, hacemos canciones de lo que nos afecta. Como no vivimos en un castillo, ni vivimos en una suite de un hotel 365 días al año, ¿por qué tengo que hacer un ejercicio de contención al escribir una canción si acabo de ver algo en las noticias que me destruye por dentro? Pensar que no puedo hacer eso es una cosa tan rancia y de gente que vive en un mundo paralelo. Eso no quiere decir que todas las canciones tengan que ser políticas, ni dejen de serlo. Excepto El gatopardo que sí fue un EP más político explícitamente porque queríamos que fuera así. Política es todo lo que pase de puertas para afuera de tu casa. Si pones una frontera, construyes cada vez menos.
La mayoría de los que lo critican son trolls, la mayoría son gente indocumentada, que habla de oídas, leyendo titulares sin leer las entrevistas, que entra ahí a saco porque solo ellos pueden hablar con política. Lo recuerdo toda la vida, siempre que sacamos disco están ahí diciéndolo. Yo hago canciones de lo que me da absolutamente la gana y todos los del grupo estamos de acuerdo, es un mensaje común a los tres.
Rafa: Es una expresión artística. Te nace algo y tú te expresas. Luego, la otra parte de los políticos o promotores, de repente, queriendo controlar lo que dices, tanto en nuestro caso como en el de Trippin’ You no creo que escondamos nada, nos comunicamos con las canciones, dejamos clara nuestra forma de pensar. No se le ocurrió a nadie venir al camerino y decirnos nada. Pero no puedes pretender hacer unas fiestas populares, llamar a gente a que toque y luego pedirles explicaciones. Haberlo mirado antes de contratarnos.
También tienes que permitir que la gente trabaje medianamente. No puedes poner una fiesta para todo un pueblo una vez al año y que no se pueda oír, que se oiga más a la gente gritando y coreándolas antes de dejar que el concierto suene como tiene que sonar. Hay mucha desconexión entre los políticos y los técnicos y las normativas, que no tienen sentido y que se escapan al control de los que van a tocar.
¿Habéis recibido muchas críticas por ese “colgar a un rey y matar a un CEO” de Matar a un rey y esa oda a Luigi Mangione?
Rodrigo: No, porque normalmente las críticas vienen por gente que no escucha las canciones. Vienen porque haces una entrevista como la que estamos haciendo y hablas de lo que te da la gana y la gente coge y te pone lo que quiere. Son trolls y tuiteros, no son ni críticas fundamentadas. Ellos transforman lo que estás diciendo. Por ejemplo, yo no digo que todas las canciones tengan que ser políticas, digo que los músicos tenemos que hablar de nuestro entorno, el arte es eso, si no es decoración, que es muy respetable.
Pero si no quieres hacer que sea meramente decorativo, tienes que hablar de lo que te rodea. Los que no lo hacen no sé si es porque hacen un ejercicio de constricción total o finges que no está ardiendo una casa ardiendo. Es nuestra forma de aproximar las canciones. Lo de Matar a un rey, como no escuchan la canción es cosa de clickbait o no sé cómo funciona. Te rallas y dices “joder, lee la entrevista” y critica con fundamento.
Rafa: O escucha la canción, escucha la música.
Rodrigo: A muchos ya no les da. Si tienes un mínimo análisis ya sabes de qué va la canción si la escuchas, pero es un poco déficit de atención.
Rafa: A mí no me da tanta rabia el comentario, me da pena que no lo hagan con un poco de sentido.
Rodrigo: Muchas veces te critican por lo mismo que estás diciendo tú, que es como “lee la entrevista o escucha la canción, estoy diciendo lo mismo". Es un juego que siempre estuvo ahí. Antes los trolls sí que se esforzaban en escuchar la música, ahora estamos en una época de bots humanos.
Rafa: Ya no llegas ni a poder discutir con ellos, que es un poco desalentador.
Rodrigo: Ya ves que se cuestionan o se ponen en entredicho cosas básicas de lo que significa hacer algún medio de expresión, ya sea la música, escribir o lo que sea. La pelota de fútbol es redonda, son cosas que das por hecho. Es agotador porque no rascas y tratas de ignorar que haya gente tan estúpida.
Pero la acogida del disco está siendo muy guay, porque una cosa que para nosotros básica es no decepcionar a la gente que nos lleva escuchando desde siempre. Queremos que los discos suenen a nosotros porque no queremos estafar a la gente ni usarlos como trampolín para llegar a un público mayor porque hay mucha gente que tiene mucho compromiso emocional con esta banda.
Hay gente que te vio hace 20 años, se acuerda de ese concierto o gente que te descubrió, chavales que están viniendo jóvenes. Quieres darle la sinceridad de que esta banda es así y siempre será, no darles algo que decepcione. Puede ser que un disco no le guste, puede que guste más o menos, pero no es algo que les insulte a la inteligencia. Nos esforzamos por dar el máximo y esforzarnos y hacerlo con la misma intensidad.
¿Y en esa gira de aniversario os enfrentasteis a algún tema que os cueste más, que sea más popular como De la monarquía a la criptocracia o a un disco más antiguo como Año Santo, que creáis que no os representase?
Rafa: Cuando haces canciones todo viene de ese impulso, y eso sigue ahí y lo cuidamos mucho. Estamos siempre intentando mantener eso que te tenía al principio enganchado a hacer canciones y porque no desaparezca realmente porque es lo que te mueve.
De hecho, tocar canciones que hacía mucho que no tocábamos, como nos pasó con el aniversario, era como tener un agujero de gusano y volver al mismo momento en el que estabas grabando esa canción. Creo que mantener eso es lo que te mueve a que sigas tocando las canciones antiguas.
Rodrigo: No hubo ninguna canción que dijésemos “uff, ya no conecto con esta canción”. De hecho, hay algunas que incluso como que casi las terminamos ahora. De hecho hubo algunas, que como que las acabamos de rematar en directo, de partes de instrumentos que no quedaron entonces 100% como nos gustaría y que de repente en directo le dimos ese punto. Por ejemplo, Culto al cargo en directo cogió otro punto. De hecho, esta segunda parte fue un poco la que produjo la última parte de Matar a un rey. Ese tipo de conexiones pasaron. Pero también sirvió para que gente joven descubriera esa etapa y ese sonido que teníamos en esa época.