Yann Touvay, anticuario barcelonés de 18 años: "Las antigüedades tienen alma. La gente se está cansando de rodearse de objetos industriales cada vez más idénticos"
Este joven se hizo primero famoso a través de sus redes sociales y ahora tiene pedidos incluso de aristócratas.

A un joven anticuario se le ocurrió la feliz idea de empezar a vender tesoros de la dinastía Ming, se promociona a través de sus cuentas de Instagram y Tiktok y los vende por su página web. Se trata de Yann Touvay (@yannasianart, en Instagram, y @yannasianart, en TikTok). Comenzó colgando vídeos en sus redes y, una vez que logró tener un buen número de seguidores, comenzó con el negocio en su web, según ha publicado EL PAÍS.
Touvay considera una gran ventaja el haber crecido a la par que unas redes sociales, a las que están acudiendo cada vez más casas tradicionales de antigüedades y subastas para buscar su hueco. En las redes empezó contando cómo era su día a día buscando tesoros en los puestos del barrio barcelonés de Les Encants, sus pujas en las subastas y sus viajes de placer en los que aprovechaba también para buscar otros tesoros.
Hace poco, también compartió en sus redes una peculiar compra que hizo: la pintura de un paisaje occidental algo ridículo. Lo hizo para generar conversación: “Se llama ragebait y la idea funcionó, la verdad es que compré el cuadro sólo por eso”, confiesa. Iniciativa no le falta y también buenas ideas.
Explica que el alcance de las redes le ayuda a mostrar sus piezas a posibles compradores, que en su mayoría define como “hombres mayores”. Un aristócrata, por ejemplo se puso en contacto con él recientemente para comprarle platos de porcelana de Cantón. Pero él también valora que con este trabajo ayuda a divulgar el legado de una civilización cuyo auténtico pasado artístico sigue siendo desconocido para mucha gente. “En Barcelona, por ejemplo, tienes restaurantes de cocina asiáticos en cada esquina, y ahora cada vez hay más supermercados donde venden ese tipo de comida, pero si quieres arte chino no hay casi nada. Mi sueño sería comisariar una exposición en algún museo de aquí que ayude a cambiar eso”.
“La cultura que viene con la inmigración nos suele llegar primero a través de la comida, pero me parece normal que ese primer contacto luego derive en un interés por su arte”, razona Touvay. “También creo que tiene que ver con que la gente se está cansando de rodearse de objetos industriales cada vez más idénticos. Las antigüedades tienen alma”, defiende este joven.
Cuenta también, respecto a estos antiguos objetos de dinastías milenarias, que ahora son los propios chinos los que quieren recuperar su patrimonio y "el coleccionismo en China ha estallado, aunque es un mercado con sus propios canales y unos códigos que lo hacen muy difícil de cubrir”.
Este joven explica, que “el coleccionismo occidental de arte chino siempre ha sido diferente del local": "Las figuras de terracota, por ejemplo, aquí gustan bastante, pero en China, tradicionalmente, ha generado recelo su venta porque eran las que se enterraban con los muertos para que los acompañasen en la otra vida”, concluye.
