El expríncipe Andrés hace historia con su detención: ¿sobrevivirá la monarquía al hundimiento y la vergüenza del hermano de Carlos III?
Es la primera vez en la época moderna en la que un 'royal' británico es arrestado. La monarquía ha superado mucho antes, pero... ¿podrá con lo que se le viene encima?
Cuando alguien piensa en la monarquía, habrá quien se acuerde de Felipe VI o incluso de Juan Carlos I. Pero siendo sinceros, y sin querer ofender a nadie, la monarquía de las monarquías está representada por la casa real británica. Es la más famosa e icónica del mundo incluso tras Isabel II, que con 70 años y 214 días de reinado pulverizó todos los récords.
Precisamente a su muerte, sucedida el 8 de septiembre de 2022 a los 96 años, hubo quien vaticinó que la monarquía desaparecía sin ella por la figura que fue y lo que representó.
Carlos III, mucho mejor preparado que ella, pero también menos popular, acabaría abandonando sus palacios con la corona en la maleta. Pero los agoreros, bueno, y también los críticos, que hay muchos, no se daban cuenta de que la monarquía británica tiene unas raíces tan fuertes que ha podido con todo... o casi todo.
Una década sin monarquía
Es cierto que no podemos olvidar que la república sí tiene precedentes en tierras británicas. El rey Carlos I, de la dinastía Estuardo, fue decapitado en 1649 acusado de tiranía y traición después de la guerra civil inglesa.
Tras el regicidio se abolió la monarquía. Durante poco más de una década hubo una república liderada hasta casi su final por Oliver Cromwell. Pero la monarquía no se había ido del todo. En 1660 fue restaurada en la persona de Carlos II, y desde entonces ha vivido tiempos de gloria y de penuria, pero ahí ha seguido.
Esto sí es un 'annus horribilis'
Ahora, Carlos III, dueño de un nombre con mal fario para los reyes británicos, no debe tener miedo de perder la cabeza, y quizá tampoco la corona, aunque bien es cierto que pintan bastos para la realeza. Cuando Isabel II reconoció que 1992 había sido un annus horribilis se refería a que ese año se separaron Carlos y Lady Di, Andrés y Sarah Ferguson y la princesa Ana y Mark Phillips. Además, el 20 de noviembre de 1992, día de su 45º aniversario de boda con el duque de Edimburgo, ardió su adorado castillo de Windsor.
Mirando con perspectiva, lo que ha venido después ha dejado eso en prácticamente nada. Al margen de escándalos y polémicas que han ido sucediéndose para la dinastía, incluyendo todo lo relacionado con Harry y Meghan, nada ha sido tan fuerte como lo que ha protagonizado Andrés, el tercer hijo de la reina Isabel II y el duque de Edimburgo. Fue el favorito de los vástagos de la monarca, y en su juventud, aclamado como héroe de guerra tras volver triunfante de Las Malvinas en 1982. Nada queda ya de eso.
Detenido por un delito considerado grave
El 19 de febrero de 2026, día en el que cumplió 66 años, la policía se presentó en Wood Farm, residencia de Sandringham, en Norfolk, a la que Andrés había sido enviado cuando Carlos III le ordenó desalojar sin demora el Royal Lodge.
Se había aferrado a la icónica mansión de Windsor todo lo que pudo hasta que los archivos de Epstein revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos sacaron a la luz más comportamientos vergonzosos y presuntamente delictivos.
A las 08:00 horas de este jueves 17 de febrero, el señor Mountbatten-Windsor fue arrestado y llevado a dependencias policiales. El motivo ofrecido para la detención fue "sospecha de mala conducta en cargo público".
No eran las acusaciones de Virginia Giuffre, traficada por Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, y que declaró que Andrés había abusado de ella en tres ocasiones cuando era menor. No era tampoco lo revelado en los archivos sobre Epstein en relación a una mujer enviada por el pedófilo a Reino Unido para tener relaciones con Andrés.
No, nada de eso. Se puso bajo custodia policial a Andrew después de que se conociera que había enviado información confidencial a Epstein y a otros amigos cuando ostentaba el cargo de Representante Especial del Reino Unido para el Comercio e Inversiones Internacionales.
Estamos hablando de un delito grave. De ser acusado, juzgado y condenado, que eso evidentemente está por ver, podría enfrentarse a una privación de libertad de por vida. Eso ya se verá. Por lo pronto el mismo día en el que fue detenido recobró la libertad después de 12 horas bajo custodia policial.
No hay precedentes en tiempos modernos
Lo que sí se puede afirmar es que nos encontramos ante un suceso histórico. En el pasado otros royals británicos fueron detenidos y terminaron siendo ejecutados. El citado Carlos I; María, Reina de Escocia; o Ana Bolena y Catalina Howard, dos de las esposas del infame Enrique VIII.
Pero no estamos en la Edad Moderna, sino en la Contemporánea, y en los tiempos actuales, el miembro de la familia real británica que más problemas había tenido con la justicia fue la princesa Ana, que en 2002 fue condenada a pagar una multa de 500 libras después de que uno de sus perros mordiera a dos niños.
La hija de Isabel II era la primera royal en ser condenada por un delito penal en 350 años, desde que su antepasado Carlos I pasó por lo mencionado anteriormente. Es decir, lo de Andrés Mountbatten-Windsor es histórico y no tiene precedentes en siglos.
La errónea indulgencia de Isabel II
El peligro que se corre es que se abre un escenario desconocido y hay una clara amenaza sobre Andrew, pero también sobre una monarquía cada vez más cuestionada. Carlos III ya tomó cartas en el asunto y acabó con la indulgencia de su madre con el niño mimado de la familia. Fue él además junto al príncipe Guillermo el que presionó a Isabel II para distanciarse del deshonrado Andrés. Algo se hizo, pero no tanto como hubiera sido necesario.
Es precisamente Andrés el que puede ser considerado el mayor error en el largo reinado de Isabel II, la gran mancha. Porque ella le consintió, le protegió todo lo que pudo y fue la que principalmente pagó a Virginia Giuffre para que su hijo no fuera procesado en Estados Unidos.
No podemos hablar de complicidad, aunque sí cometió errores de juicio. Recordemos que fue ella la que quiso darle un lugar de honor como su acompañante en el homenaje al duque de Edimburgo en el primer aniversario de su muerte en 2022. Claro, que ahí parece que Isabel II sabía que se moría.
¿Puede esa indulgencia y sobreprotección destruir el legado de la reina más longeva? No llegará a tanto. ¿Puede Andrés acabar con una monarquía tan solo interrumpida 11 años en más de un milenio? Nadie tiene una bola de cristal, pero tampoco será tarea fácil.
Por mucho que el apoyo a la institución haya ido cayendo, sigue aprobando, y como para casi todas las casas reales, su desafío es contar con menor aprobación entre los jóvenes. Bueno, y ahora también tratar que lo de Andrés no les salpique.
Todo lo que le quitaron para anticiparse a la catástrofe
Además, antes de los grandes bombazos ya resonaban los escándalos, por lo que entre 2019 y 2026, se habían tomado medidas contra Andrew:
- Fue apartado de los actos oficiales en 2019 tras la entrevista en la que quería proclamar su inocencia y logró lo contrario.
- Se le prohibió el uso del tratamiento de Alteza Real, se le retiraron los honores militares y los patrocinios reales.
- Dejó de percibir una asignación oficial y pasó a vivir de su pensión de 20.000 libras anuales de la Marina y del apoyo económico de Carlos III con fondos privados.
- Perdió al equipo de seguridad financiado por los contribuyentes.
- Renunció al uso ducado de York, del condado de Inverness y de la dignidad de Barón Killyleagh. Los títulos están suspendidos, pero no han sido eliminados.
- Fue expulsado de la Orden de la Jarretera, que no tardó en retirar su estandarte, y de la Real Orden Victoriana.
- Se eliminó su título de príncipe de Reino Unido, al tenía derecho por nacimiento.
- Se le prohibió volver a aparecer en actos familiares públicos.
- Se le desahució del Royal Lodge, residencia por la que pagaba un alquiler irrisorio. Carlos III le proporcionó Marsh Farm, una vivienda en Sandringham, que es propiedad del rey, aunque al estar en obras se instaló en Wood Farm. Fue allí donde la policía le arrestó.
Todo se le retiró salvo su octavo lugar en la línea de sucesión, que requería la intervención del Parlamento. Aunque no olvidemos que su hermano Carlos se encargó de mantenerle. Con sus fondos privados, sí, pero no le dio completamente de lado. La buena noticia para la casa real británica es que actuaron antes de la detención, y siempre podrán alegar que nunca se arrestó a un príncipe, sino al señor Mountbatten-Windsor.
Carlos III: "La ley debe seguir su curso"
Además, Carlos III emitió declaraciones públicas en las que se puso del lado de las víctimas, expresó su deseo de colaborar y dejó claro, que esto es importante, que quien debe responder es el señor Andrew Mountbatten-Windsor, y no los demás.
"La ley debe seguir su curso", expresó el mismo día de la detención de su hermano, añadiendo que cuentan con el apoyo y cooperación de la Corona, pero que en tanto "este proceso continúa, no sería correcto que comentara más sobre este asunto. Mientras tanto, mi familia y yo continuaremos con nuestro deber y servicio hacia todos ustedes".
Es decir, cooperación la que quieran, pero esto es cosa de la oveja negra y Carlos y los demás siguen con su trabajo para tratar de mostrar que ellos no son como Andrés y que deben continuar con su labor de servicio.
Y así fue, porque cada uno ha seguido con sus actos oficiales como si no pasara nada. El monarca tenía que inaugurar la London Fashion Week, y allí se presentó, se sentó en el front row y no perdió detalle de las colecciones. Show must go on, dicen...
Si salieron adelante tras la abdicación de Eduardo VIII...
No corren buenos tiempos para la monarquía británica, pero pese a la gravedad de lo anteriormente expuesto y el escándalo que puede suponer lo que venga después, los Windsor se aferrarán a la corona como nunca antes.
Si superaron la crisis constitucional que supuso la abdicación de Eduardo VIII en 1936, cuando muchos pensaron que todo se venía abajo, es probable que logren salir de esta. Ahora bien, si surgen revelaciones que evidencian que en Buckingham Palace se supo más de lo que pensamos, puede haber problemas.
De todos modos, Isabel II fue indulgente, Carlos III tomó medidas, pero siente pena hacia su hermano, pero Guillermo es implacable. Si de él dependiera, Andrés y Sarah llevarían años desterrados y pese a lo inmensamente rica que es la dinastía Windsor, no daría ni una libra a quien ha deshonrado a la familia, a la monarquía y al país.
El hijo de Carlos y Diana quiere ser rey, anhela cambiar la monarquía y desea que la corona de San Eduardo sea colocada algún día en su cabeza. Y no va a permitir que su odioso y odiado tío Andrés acabe con la institución. Hay jaque al rey, pero para salvarle, a este y a los que vengan después, sacrificarán con gusto a una pieza del tablero a la que hace tiempo que ya nadie quiere cerca.