Trabajó como animadora infantil durante seis años y hay que oír su testimonio: "Los niños hacían que el trabajo fuera mágico, pero los adultos podían ser una pesadilla"
Relata que en muchas fiestas había comportamientos difíciles de gestionar, desde exigencias exageradas hasta situaciones incómodas.

La periodista y autora Kate Leaver ha contado en un reportaje de The Guardian su experiencia trabajando como animadora infantil durante seis años, desde su adolescencia hasta el inicio de su vida adulta. Empezó a los 16 años y dejó el trabajo a los 22, interpretando sobre todo personajes de fantasía en fiestas de cumpleaños.
Durante ese tiempo, se disfrazó de hada en la mayoría de las ocasiones, aunque también fue bruja, princesa, sirena, bailarina e incluso mariquita en una ocasión inesperada. Su trabajo consistía en entretener a los niños, organizar juegos, cantar, pintarles con purpurina y mantener viva la ilusión de la fiesta.
Entre sus tareas diarias estaba algo tan curioso como conducir un pequeño coche lleno de globos de helio o aprenderse los nombres de decenas de niños en poco tiempo. También preparaba actividades, ayudaba en la organización y debía mantener siempre la energía del espectáculo.
Leaver recuerda que los niños eran la parte más especial del trabajo, mientras que los adultos a veces resultaban insoportables. Según explica, su forma de ver la magia y su ilusión hacían que todo mereciera la pena. En sus palabras, "Los niños hacían que el trabajo fuera mágico, pero los adultos podían ser una pesadilla", asegura.
Y es que, su experiencia con los adultos no siempre fue positiva. Relata que en muchas fiestas había comportamientos difíciles de gestionar, desde exigencias exageradas hasta situaciones incómodas. También observó cómo algunas celebraciones se convertían más en una demostración de estatus que en un evento para los niños.
La autora también reflexiona sobre la dinámica en las fiestas: madres que solían asumir la organización y padres más alejados o en grupos separados, así como diferencias de trato hacia ella dependiendo de cada familia. En algunas ocasiones se sintió muy valorada, pero en otras tratada con poca educación o incluso con falta de respeto.
A pesar de todo, Leaver destaca que los niños eran quienes daban sentido a su trabajo. Su imaginación, su cariño y su manera de creer en la magia convertían cada jornada en algo único, incluso en medio de situaciones complicadas con los adultos.
