El príncipe Harry y Meghan Markle en Australia: sonrisas y calidez con niños enfermos al estilo Lady Di antes de monetizar su viaje
Los duques de Sussex realizan una gira al estilo 'royal', pero sin serlo, con guiños a la princesa Diana y con actos gratuitos y otros que cuestan dinero.
En octubre de 2018, el príncipe Harry y Meghan Markle realizaron su primera gran gira real como matrimonio. Recorrieron Australia, Nueva Zelanda, Fiyi y Tonga. El tour se consideró un auténtico éxito. Harry seguía siendo Harry, y ella parecía haber nacido para esto, para ser royal.
Era además un momento personal muy feliz para ellos porque de camino a Australia se comunicó que estaban esperando a Archie, su primer hijo. Todo parecía ir bien por aquel entonces, pero volvieron de Oceanía y en noviembre estalló la bomba: se publicó que Meghan había hecho llorar a Kate Middleton antes de la boda.
Comenzó entonces una especie de destrucción del personaje y se fue conociendo poco a poco la guerra que se vivía entre los Cambridge –ahora los Gales- y los Sussex. Pasaron muchas cosas y Harry y Meghan empezaron 2020 anunciando que querían un modelo distinto en su relación con la casa real británica.
Pero se les hizo saber que no podía ser mitad dentro, mitad fuera, así que optaron por marcharse para no volver y empezar una nueva vida en Estados Unidos marcada por lucrativos acuerdos comerciales. Pero no olvidaron su pasado royal y siguieron adelante con su fundación Archewell y con una serie de viajes que parecen recordar a su pasado como miembros activos de la casa real británica sin ser nada de eso ellos.
Una visita al hospital en el que estuvieron Carlos y Diana
Y esto último es lo que se ha vuelto a poner de manifiesto en el viaje que han comenzado en Australia este 14 de abril. El duque y la duquesa de Sussex aterrizaron en suelo australiano tras un vuelo de Qantas en clase business procedente de Los Angeles. Viajaron sin sus hijos, Archie y Lili, que a buen seguro se quedaron al cuidado de la madre de Meghan, Doria Ragland, prácticamente la única familia con la que tienen relación.
Lo primero que hicieron fue desplazarse al Royal Children’s Hospital de Melbourne, una visita elegida de manera muy consciente para seguir estirando el mito de Lady Di que tan buenos resultados les han dado en estos años. Porque un día de octubre de 1985, el ahora rey Carlos III y la princesa Diana recorrieron este hospital infantil, dejando unas imágenes muy emotivas de Lady Di con los niños y niñas.
Si algo se le daba bien a Diana era el contacto con la gente, mostrando una calidez y empatía que en nada se parecía al trato del resto de la familia real británica, amable pero distante por aquellos años.
Harry, que acabó mal con el Palacio de Buckingham aunque ahora trate de reconstruir su vínculo con su padre, tiene a su madre como modelo a seguir, por lo que no es extraño que quiera dejarse ver en lugares en los que todavía se recuerda la huella de Lady Di.
Y lo cierto es que ahora los que han dejado huella han sido los duques de Sussex. Sonrientes, de la mano, enamorados y muy cálidos con el personal y con los pacientes, y con una Meghan muy elegante con un traje azul marino de la australiana Karen Gee, Harry y Meghan se hicieron selfies, charlaron con todo el mundo y se interesaron por los pacientes.
Durante su paso por el hospital, visitaron la sala de oncología y rehabilitación y participaron en una sesión de terapia en el jardín. Como señala People, Christine Kilpatrick, presidenta del consejo del hospital, comentó que la presencia de los Sussex hizo mucho bien a los enfermos y al personal.
Más tarde, Meghan visitó un centro para personas sin hogar y víctimas de violencia doméstica, donde se puso a cocinar para los residentes, recordando ya no a su programa Con amor, Meghan, sino a su breve etapa como miembro de la casa real británica.
Además, los Sussex visitaron juntos en el Museo Nacional de Arte de Veteranos para una sesión de manualidades en familia, donde Harry comentó que era genial estar en Australia y que daban las gracias a este país que tiene a Carlos III como su jefe del Estado por haberles recibido de nuevo.
Los australianos no quieren pagar
¿Pero esto quién lo paga? Cuando estuvieron allí en 2018 se trataba de una visita oficial, así que corría al cargo de los contribuyentes. Ahora se ha querido dejar claro que el viaje está sufragado con fondos privados y que los australianos no deben poner ni un dólar.
Sin embargo, recuerda Daily Mail, uno de los enemigos públicos número uno de la pareja, que hay inquietud por si parte del coste de la seguridad policial está repercutiendo en el bolsillo de los australianos y se registró una petición firmada por miles de personas exigiendo que todos los gastos corran a cargo de Harry y Meghan.
Autopromoción e ingresos directos
Mientras tanto, no hay duda de que la pareja busca autopromoción para seguir siendo relevantes, generar interés y obtener rendimiento económico por ello, y al mismo tiempo continuar con una labor filantrópica con la que ambos están comprometidos.
Además, en Australia no van a pérdidas porque Meghan ha organizado un retiro de fin de semana que cuesta unos 1600 euros y donde se permite hacerse fotos con ella y hacerle preguntas en una cena de alto nivel. Daily Mail apunta a que la duquesa de Sussex se embolsaría por este trabajo unos 250.000 dólares.
Por su parte, el príncipe Harry participa el jueves 16 de abril en la Cumbre InterEdge en Melbourne, donde las entradas cuestan entre 600 y 1400 euros, y una entrada virtual para escuchar el discurso del duque de Sussex vale 300 euros. Es evidente que algo recibirá el hijo de Carlos III por su participación en la conferencia.