Ana Luzón, experta en nutrición: "Pan con proteína, atún con proteína, leche con proteína, no son alimentos mejorados sino productos de marketing"
Esta experta alerta de que, más allá de los macronutrientes, el peligro real de esta tendencia está en el impacto que tiene en la conducta alimentaria.

"Desde una perspectiva de marketing, el sello "rico en proteína" funciona como un halo de salud. Y el consumidor asocia automáticamente la proteína con la ganancia muscular, la saciedad y la pérdida de grasa, percibiendo el producto como 'más saludable' sin mirar el resto de la etiqueta", señala la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón. "Sin embargo", advierte, "desde la fisiología y la dietética, añadir proteína de forma aislada a un producto procesado no lo convierte automáticamente en una opción nutritiva": "En muchos casos, este añadido responde a una necesidad creada, no a una deficiencia real de la población".
Para empezar, Luzón analiza si realizar un análisis por categorías tiene o no justificación. "No todos los productos 'con proteína' se fabrican igual ni tienen el mismo impacto. Se pueden dividir claramente en dos escenarios", destaca esta experta. "El primero es el de las categorías sin justificación nutricional (o puro marketing)". En este grupo se encuentran "los alimentos que, por su naturaleza, ya son fuentes excelentes de proteína, o aquellos productos ultraprocesados cuya matriz sigue siendo de baja calidad", explica.
En este mismo escenario está el del atún con proteína, prosigue Luzón: "El atún natural es prácticamente proteína pura (~23-25 g. de proteína por cada 100 g.). Añadirle aislado de proteína de soja o de suero a un pescado en conserva es tecnológicamente redundante y nutricionalmente innecesario. El atún estándar ya cubre de sobra el requerimiento proteico de esa ingesta".
Otros ejemplos son el pan, los cereales y las galletas con proteína: "Suelen elaborarse añadiendo gluten refinado, proteína de soja de baja calidad o aislados de guisante a harinas refinadas. Aunque el porcentaje proteico aumente, la matriz sigue siendo la de un carbohidrato refinado (y a menudo con grasas de baja calidad o azúcares añadidos para enmascarar el sabor amargo de los aislados proteicos)", resalta esta experta.
Respecto al café con proteína, Luzón señala que "mezclas listas para tomar que combinan café soluble con proteínas lácteas y, habitualmente, edulcorantes". "No aporta ninguna ventaja frente a tomar un café normal acompañado de una fuente de proteína real o mezclar tú mismo la proteína si fuera necesario", agrega.
En cuanto al segundo escenario, es el de las categorías con justificación parcial o contextual, prosigue Ana Luzón. "Aquí entran productos lácteos o derivados que pueden tener utilidad en situaciones demográficas o clínicas muy concretas", resalta. Por un lado, está la leche enriquecida con proteína: "La leche entera o desnatada estándar tiene unos 3,3 g. de proteína por cada 100 ml. Las versiones 'plus' elevan esta cifra a unos 6 g. mediante ultrafiltración o adición de leche en polvo", resalta la técnica en dietética.
Pero, entonces, ¿cuándo sí es util? "Es útil en personas mayores con sarcopenia (pérdida de masa muscular), pacientes con inapetencia o personas con requerimientos muy elevados que no logran cubrirlos con comida sólida", responde Luzón."Ya que permite enriquecer la dieta líquida de forma sencilla". Y, ¿cuándo no lo es? "En adultos sanos con una dieta equilibrada. Es un gasto innecesario", afirma esta experta.
En cuanto a los yogures y quesos batidos high protein: "Productos como el skyr o el queso batido 0% no suelen ser 'enriquecidos' artificialmente, sino que se elaboran mediante procesos de filtrado tradicionales que concentran la proteína natural de la leche (caseína y suero) eliminando el agua", añade Ana Luzón. "Tienen buena densidad nutricional, son muy saciantes y su matriz láctea es limpia (si se eligen las versiones naturales sin azúcares ni sabores). Son una herramienta útil para estructurar meriendas o desayunos rápidos".
Además, todo esto tiene "impacto en la conducta alimentaria", advierte Luzón. "Más allá de los macronutrientes, el peligro real de esta tendencia es psiconutricional. Estos productos desplazan el foco de lo importante: la calidad de la matriz alimentaria global. Un consumo excesivo de productos enriquecidos artificialmente perpetúa la dependencia de alimentos ultraprocesados procesados bajo la falsa premisa de que 'como lleva proteína, es bueno'".
Además, añade esta experta, "altera los mecanismos naturales de saciedad (regulados por la masticación y los alimentos enteros) y encarece la cesta de la compra de forma injustificada". En conclusión, añade, "la población general no sufre un déficit de proteínas; sufre un déficit de alimentos frescos, fibra y micronutrientes procedentes de materias primas reales".
*Ana Luzón es técnica en nutrición y defensora de una alimentación realista, alejada de dogmas y dietas restrictivas. Su enfoque se centra en ayudar a las personas a reconectar con sus señales de hambre y saciedad, integrando la salud física con el bienestar emocional y el contexto de la vida actual. Más información en www.analuzonsalud.es y en Instagram @analuzonsalud.
